viernes, 23 de enero de 2015

El fantasma iraní: La construcción ideológica del enemigo

Carolina Zangoni (RED ECO)

El ataque a Charlie Hebdo y la muerte de Nisman reavivaron los discursos antiterroristas y la xenofobia. La Casa Blanca se comprometió a asistir a Francia y ya se desplegaron operaciones militares. Red Eco Alternativo

El embajador francés en Argentina, Jean Michel Casa, declaró ayer que la “conmoción” argentina por la muerte de Alberto Nisman -el fiscal que tenía a su cargo el caso AMIA- es comparable con el ataque al semanario Charlie Hebdo.

“AMIA fue el primer hecho terrorista de Irán en Latinoamérica", sostenía el fiscal. Y allí pareciera radicar la relación entre ambos ataques, cuya autoría es atribuida a terroristas iraníes. Sin embargo, comparar el caso AMIA con el ataque a Charlie Hebdo, dos décadas después, tiene una implicancia aún mayor: utilizar el momento de conmoción para contribuir a la construcción discursiva de un enemigo.

La semana anterior a la muerte de Nisman, se convocó a una manifestación en París en homenaje a las víctimas del atentado contra el semanario y en rechazo del terrorismo, a la cual asistieron altos funcionarios como el presidente español, Mariano Rajoy, y la canciller alemana Ángela Merkel.

El presidente de Estados Unidos Barack Obama no estuvo presente. Sin embargo, al poco tiempo, el secretario de Estado, John Kerry, visitó la capital francesa. Por su parte, Obama mantuvo una conversación telefónica, el día de ayer, con el presidente François Hollande para tratar los avances en la investigación por los atentados yihadistas de París, la crisis en Ucrania, la inestabilidad en Nigeria, Irán y las relaciones palestino-israelíes.

Tras los ataques al semanario, Hollande anunció que movilizaría al portaaviones Charles de Gaulle para contribuir a la lucha contra el Estado Islámico en Irak, así como para combatir el terrorismo en la región. A esta decisión se sumó el compromiso de la Casa Blanca de proveer asistencia estadounidense a la investigación por Charlie Hebdo, y la puesta en marcha de operaciones antiterroristas y arrestos en varios países de Europa, algunas de ellas no relacionadas con los atacantes de París.

“Esos islamistas fomentarán la islamofobia en el mundo”, señaló el presidente iraní, Hassan Rohani, al mismo tiempo que condenó a los autores del atentado ocurrido en Francia. Y así ocurrió, ya que el poder necesita un enemigo.

El rol de la Casa Blanca

Luego del conflicto Libio y la aprobación de la resolución 1973, en 2011, votada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, e invocando la Carta de la ONU en lo que respecta a las “amenazas contra la paz”, quedaron autorizadas todas las “medidas necesarias” para “proteger” a los civiles contra posibles ataques. De esta manera, Estados Unidos logró disfrazar de multilateralismo a sus propios intereses geopolíticos.

Tras la constitución del mundo unipolar, la hegemonía norteamericana estaba asegurada. Puesta en duda –frente al declive económico, la necesidad de recursos y el asenso de China-, la Casa Blanca construyó otro enemigo, sustituyendo al comunismo por el terrorismo. El nuevo mundo bipolar creado desde Washington, cuyo punto de inflexión fue el 11-S, se opone a un supuesto “eje del mal” al que es necesario combatir. La OTAN, creada en un principio con el fin de enfrentar a la “amenaza rusa”, aseguró que actuar contra el Estado Islámico evitará un genocidio en Medio Oriente.

“Todas las naciones condenan el terrorismo, pero desgraciadamente los gobiernos occidentales permanecieron en silencio ante las miles de víctimas del terrorismo del EIIL (Estado Islamista de Irak y Levante) en Siria e Iraq”, indicó un diputado iraní.

Más que una verdadera lucha contra el terror, el intervencionismo militar de Estados Unidos se constituye como su particular estrategia geopolítica para asegurarse la hegemonía. En lo que respecta a medio Oriente, Estados Unidos se mantiene al acecho de una zona que no sólo afronta rebeliones internas, sino que dispone de la mayor reserva de energía del mundo.

El enemigo europeo

Con discursos antiterroristas contra la “amenaza iraní” también emergieron las voces de los partidos de derecha europeos, que buscan el apoyo electoral de los ciudadanos mediante la promesa de erradicar a supuestos inmigrantes peligrosos.

Según la antropóloga Verena Stolcke, “la construcción de Europa consiste en un doble proceso. Cuanto más permeables son las fronteras en el interior de Europa, más estrechamente cerrados permanecen los límites frente al exterior”.

Los gobiernos de Merkel, Rajoy, Hollande y su predecesor, Nicolas Sarkozy, entre otros, han puesto en marcha una política de hostilidad hacia los inmigrantes extranjeros, que se basa en una retórica de la exclusión.

La eficacia ideológica de construir al extranjero como culpable de todos los males se basa en atribuirle todas las desgracias socio-económicas propias de los reajustes capitalistas.

“Un elemento esencial de esta doctrina de la exclusión es el rechazo del ‘mestizaje cultural’ (…), en vez de considerar inferior al ‘otro’, exacerba la diferencia absoluta e irreductible del yo”, concluye Stolcke.

Es así como tanto el caso Nisman y la causa AMIA como Charlie Hebdo suscitaron discursos poco inocentes, que buscaron sustituir la parte por el todo: de los autores materiales de los hechos a todo el Islam, a la totalidad de Irán y Medio Oriente. Como operación final, la totalidad se constituyó en la figura del enemigo; la paz en intervenciones militares; la igualdad en la diferencia.

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