martes, 13 de enero de 2015

Fronteras de piedras y miedo

Lilia Veloz (especial para ARGENPRESS.info)

La tan discutida pena de muerte es ley sólo en contados países y aplicada por excepción, luego de larguísimos procesos con derecho a apelación. En el caso del inmigrante, puede ser sumaria. ¿Qué tribunal será capaz de juzgarlo y condenarlo?. ¿Cuál sería el delito invocado?. ¿Acaso el intento de huir de la miseria?. Así como el anhelo del preso es lograr su libertad y bregar por ella, el hambriento arriesga su vida por conseguir comida.

Inmersos en la vorágine de la cotidianidad y superficialidad de la vida moderna, la mayoría estamos ajenos a los dramas que, en este mismo instante, sufren millones de seres humanos que han dejado sus raíces y que, después de oponerse a innumerables peligros en su travesía, encuentra barreras infranqueables a su llegada al país que pensó lo acogería. Jamás se imaginó que sería tratado como un criminal. Se le encarcela, humilla, tortura, viola, deporta o asesina.

Desde la frontera mexicana norteamericana, se ha trasladado hacia África y Europa en los últimos meses el cruel sistema del abandono de grupos de migrantes en las peores condiciones de subsistencia, prácticamente condenados a morir por inanición, tanto en el Desierto de Arizona, como en las aguas del Mediterráneo, cuando los chacales de los contratistas, esos que cobran antes de meterlos en los contenedores o los barcos, para abandonarlos a la mitad de la travesía.

En medio de las festividades de fin y comienzo de año, dos buques a la deriva, repletos de emigrantes, casi 1.450 abandonados por su tripulación, fueron rescatados después de sufrir varios días de penurias, por las fuerzas navales italianas.

Informes aduaneros de la Unión Europea, coinciden que en diciembre último, cien mil africanos y árabes del Medio Oriente, fueron detenidos por países de la costa norte del Mediterráneo, cuando surcaban sus aguas territoriales en barcazas de miseria, aunque en varios casos, algunos aún estaban lejos de la tierra anhelada.

Sólo en la última semana del año, habrían sido apresados 800, obra de los esbirros de la FRONTEX, empresa privada contratada por la Unión Europea para que aplique su programa antiemigración, antes llamada Mare Nostrum y ahora Tritón.

Los africanos pobres, aplastante mayoría, cuyo continente viene siendo saqueado de sus inmensas riquezas desde hace siglos por las potencias coloniales y las megacorporaciones transnacionales, emigran hacia Europa. Incontables son ya las personas perecidas en naufragios durante su travesía por el Mediterráneo y el Adriático. Algunos rematados a balazos antes de llegar a la costa y otros moribundos, abandonados a los carroñeros.

El enfrentamiento bélico por disputas territoriales, ya sea por robar las riquezas naturales o por la ubicación estratégica, tiene un origen similar al de las olas migratorias producidas por guerras o por hambre, y ambas constituyen las causas de la construcción de muros y vallas a lo largo de la historia, todas cimentadas sobre la angurria, el miedo, el egoísmo, la discriminación y la ambición de poder y de enriquecimiento a todo costo.

Curiosamente, la mayoría de esas gigantescas vallas, y son más de cuarenta, están situados en el hemisferio norte. La suma de su extensión alcanza 30 mil kilómetros, es decir, el equivalente a los dos tercios del Ecuador, dividiendo la tierra entre norte y sur, clara consecuencia de las pronunciadas desigualdades sociales, siempre en aumento entre los países capitalistas, lo cual provoca la masiva y creciente ola migratoria de los pueblos del sur hacia el norte.

Hay señales alusivas a que un alto porcentaje de europeos y, en particular de españoles, ha olvidado que desde fines del siglo XIX y mitad del XX, muchos entre sus abuelos e incluso padres, se vieron obligados a emigrar, por razones económicas y políticas hacia Latinoamérica, situación que se está reeditando en nuestros días forzada, por un lado, por la decadencia de las potencias occidentales y, por el otro, atraídos por las políticas sociales inclusivas, que se está operando en varios países de la región.

Los últimos gobiernos de España han infamado sus fronteras con vallados de hasta siete metros de altura, armados con cuchillas en sus cimas. Melilla, desde 1998, con once kilómetros y Ceuta, 2011, ocho kilómetros. No hay dudas sobre los propósitos de estos límites de muerte y, en esa abyección, el reino de Madrid, está acompañado por la monarquía marroquí, uno de los regímenes más represivos del mundo.

Esa alianza se cristalizó en 1976, en el mal llamado Sahara Español, cuando las tropas franquistas evacuaron esa colonia, con los principales yacimientos mundiales de fosfato y mil 200 kilómetros de rica pesca sobre el Atlántico, pasándole la posta al ejército de Hassan II, cuyo sucesor, su hijo mayor, ha levantado ocho muros que totalizan un largo de 2.720 kilómetros, y mantiene secuestrado al pueblo saharaui, con cientos de presos políticos, burlándose del reconocimiento diplomático de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por 84 países, así como de las reiteradas resoluciones de la ONU a favor de convocar un plebiscito de autodeterminación.

Asia es el continente donde se concentra el mayor número de muros. Poca información trasciende de esa realidad, producto de los regímenes totalitarios imperantes sobre esas densas poblaciones que mal viven en condiciones paupérrimas. Los naufragios frecuentes de emigrantes en el Índico, hacen pensar que el infierno del Dante no es lo peor.

La muralla china, la más larga del mundo hasta ahora, con siete mil kilómetros, es objeto de admiración y peregrinaje turístico. Construida en el siglo III AC, costó la vida de cientos de miles esclavos, con la finalidad de detener las invasiones mongólicas.

La zona de Medio Oriente, rica en combustibles fósiles y de privilegiada posición geográfica entre oriente y occidente, es víctima de invasiones, destrucción y muerte de pueblos enteros, causando la emigración masiva de la población civil hacia territorios vecinos, en condiciones de extrema fragilidad, expuestos al hambre, a la esclavitud, tráfico de personas y enfermedades de todo tipo. Sin futuro y sin presente.

Israel es un pésimo alumno de las lecciones que imparten los hechos históricos y, en cambio, muy buen aprendiz de los horrores nazis. Víctimas del holocausto hitleriano, junto a gitanos, comunistas y otros millones de seres humanos, desde su fundación por la ONU como Estado, en 1948, practica un atropello ignominioso contra el pueblo palestino, con la intención de borrarlo del mapa para ocupar su territorio.

Shabra y Chatila, en 1982, y el reciente aplastamiento de Gaza, son crímenes de lesa humanidad por los cuales el sionismo continúa sin ser condenado, a pesar del repudio mundial y de las propias decisiones de Naciones Unidas.

Estados Unidos, en su frontera con México, inició en 1974 un muro y vallados que hoy alcanza tres mil 360 kilómetros, enarbolando la lucha contra el contrabando de armas, tráfico de drogas y detención de la masa inmigratoria clandestina. A juzgar por las noticias, el negocio de los materiales bélicos, y los estupefacientes, prosigue robusto y floreciente. En cambio, la suerte de los inmigrantes es cada día más trágica, con decenas de miles de muertos en el intento de franquear esa frontera o durante su travesía por el desierto de Arizona.

Las comparaciones a veces son necesarias. En 28 años de la existencia del muro de Berlín, murieron 240 personas. En el 2006, y a 17 años de la caída de esa vergüenza, el Senado norteamericano aprobó, por 83 votos a favor y 19 en contra, la ampliación de su muro inicial en 1.400 kilómetros. Ese vallado, equipado con todo tipo de sofisticada infraestructura e instrumentos de detección, es incapaz de detener el flujo migratorio y lo que es más preocupante aún, es que ha cambiado la composición humana del mismo, ya que no son más los espaldas mojadas, sino niños, adolescentes y jóvenes centroamericanos lo que, huyendo de la miseria, las drogas y las maras, asaltan la frontera en decenas de miles.

Una vez que pisan suelo estadounidense, son detenidos y llevados a centros de acogida, verdaderos infiernos donde la norma es el hambre y la sed, la violación, los castigos físicos y sicológicos, por parte de los propietarios de esas cárceles privadas, contratadas por el gobierno. Durante largo tiempo, que emplean las autoridades estatales para decidir si se les expulsa o acepta. Se ha llegado a albergar 52 mil niños esperando esa decisión.

A los 25 años de la caída del Muro de Berlín, queda aún por derribar el equivalente a otros 250. Durante 28 años, 115 kilómetros había separado, como un hachazo, al pueblo alemán. El hecho de su profundo simbolismo fue conmemorado con actos festivos en el mismo sitio donde los bloques de cemento que lo habían construido, son ahora telones de fondo donde felizmente se plasman expresiones artísticas que sustituyen la monotonía del gris por una explosión de colores.

Fronteras de piedra, pero también de miedo, tanto de quienes son víctimas de la exclusión social como de sus victimarios enroscados en el poder estatal y en las corporaciones que transgreden la soberanía de los pueblos, y tratan de detener a la avalancha hambrienta que han fabricado y que avanza del sur al norte y del este al oeste, como hormigas legionarias. Es un torrente incontenible que presagia violentos estallidos sociales.

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