lunes, 26 de enero de 2015

Imaginemos algo diferente

Amy Goodman - Denis Moynihan (DEMOCRACY NOW!)

“Imaginen si hiciéramos algo diferente”.

Esas fueron tan solo cinco de las casi 7.000 palabras que el presidente Barack Obama pronunció durante su discurso del Estado de la Unión esta semana. Obama pronunció su discurso ante las dos cámaras del Congreso, cuya mayoría está en manos de sus más implacables opositores. Lo más importante, sin embargo, es que se dirigía al país. De forma característica, Obama empleó una retórica muy encendida para transmitir su mensaje a favor del bipartidismo. “La sombra de la crisis ya pasó, y el Estado de la Unión es fuerte”, aseguró.

¿Para quiénes pasó la sombra de la crisis? ¿Y para quién es fuerte esta Nación?

“¿Aceptaremos una economía donde solo a unos pocos de nosotros les va muy bien? ¿O vamos a comprometernos con una economía que genere mayores ingresos y oportunidades para todos los que hagan el esfuerzo?”.

Oxfam, la organización internacional de lucha contra la pobreza, opinó sobre esta cuestión en un informe publicado el día anterior al discurso de Obama, titulado “Riqueza: Tenerlo todo y querer más”. Oxfam analizó los datos del informe mundial sobre riqueza 2014 publicado por el banco de inversiones Credit Suisse y la lista de la revista Forbes de los multimillonarios del mundo para determinar algunos hechos impactantes sobre la desigualdad mundial.

En primer lugar se concluyó que, a partir de 2014, las 80 personas más ricas del mundo son más ricas en conjunto que la mitad de la población mundial. Vale la pena repetirlo: las 80 personas más ricas, un grupo que podría entrar en un autobús, controla más riqueza que 3.500 millones de personas. Los ricos no sólo están acumulando cada año más riqueza, sino que además lo hacen cada vez más rápido. Oxfam informa que entre 2009 y 2014 la riqueza de esas 80 personas se duplicó. Mientras tanto, el resto del mundo estaba sumido en la llamada Gran Recesión, con un desempleo atroz y los ahorros de toda la vida de las personas viéndose esfumados. Si las tendencias actuales continúan, señala Oxfam, en 2016 el 1% más rico de la población mundial controlará más riqueza que el 99% de la población menos favorecida.

Una de las formas en que los ricos logran aumentar su riqueza, informa Oxfam, es a través de grupos de presión o lobby. El informe identifica dos industrias: la de finanzas y seguros, y la de farmacéutica y salud, como las principales fuentes de riqueza de los más ricos y las principales fuentes de financiamiento político. Cada año estas industrias destinan cientos de millones de dólares a influenciar la política pública y salvaguardar sus ingresos.

Obama también habló sobre este tema en su discurso del Estado de la Unión: “Durante demasiado tiempo, los grupos de presión han manipulado el código impositivo con lagunas tributarias que permiten que algunas empresas no paguen nada mientras las demás pagan toda la carga. Lo han llenado de concesiones para los más ricos, que no las necesitan, y han negado un recorte a las familias de clase media que sí lo necesitan.”.

Obama ha propuesto aumentar los impuestos a los más ricos: “Vamos a eliminar las lagunas tributarias que fomentan la desigualdad al permitir que el 1% más rico evite pagar impuestos sobre su riqueza acumulada”.

David Cay Johnston, periodista ganador del premio Pulitzer, es un experto en impuestos. Lo entrevistamos en “Democracy Now!” poco después del discurso del Estado de la Unión. “La idea de que no hay que ajustar las tasas impositivas para las personas más ricas, y que hacerlo de alguna manera constituye una lucha de clases, es absurda. El presidente está proponiendo que las personas que constituyen la mitad superior del 1% más rico paguen una tasa de impuesto sobre las ganancias de capital similar a la tasa vigente durante el gobierno de Ronald Reagan, que era del 28%. Casi todo el dinero lo pagaría solo la décima parte superior del 1%, que son personas que ganan más de dos millones de dólares. Y los republicanos están diciendo que eso es una barbaridad. Bueno, lo siento, pero siempre nos dijeron que Ronald Reagan era un santo”.

¿Para qué se usaría el dinero de estos impuestos? Entre otras cosas, Obama se comprometió a hacer el cuidado infantil más asequible y prometió educación terciaria gratuita. Estas son buenas ideas, genuinas. Tras su discurso, los republicanos en repetidas ocasiones afirmaron que Obama está abogando por la “redistribución de la riqueza”, es decir, en sus códigos, por el socialismo. Pero la riqueza ya está siendo actualmente redistribuida por el gobierno: solo que de abajo hacia arriba, de los pobres a los ricos, a través de políticas promovidas por los dos grandes partidos, como las lagunas fiscales y los acuerdos de “libre comercio”, que protegen los beneficios de las empresas antes que los derechos de los trabajadores.

¿Y quiénes promulgan estas leyes? El Centro para la Política Receptiva (CRP, por sus siglas en inglés), un observatorio sobre el financiamiento político, informa que, por primera vez en la historia, más de la mitad de los miembros del Congreso son millonarios. El grupo sostiene que esto “representa un punto de inflexión en un momento donde los legisladores están debatiendo cuestiones como prestaciones por desempleo, cupones de alimentos y salario mínimo, que afectan a las personas de menores recursos, además de evaluar la revisión del código tributario”.

Como dijo el presidente Obama en su discurso del Estado de la Unión: “A todos los que todavía se niegan en este Congreso a aumentar el salario mínimo, les digo: 'Si realmente creen que podrían trabajar a tiempo completo y mantener una familia con menos de 15.000 dólares al año, inténtenlo'”.

La creciente desigualdad económica no sólo perjudica a los pobres y a la clase media y obrera, sino que también desestabiliza a la sociedad en su conjunto. Sí, como dice Obama, “imaginemos si hiciéramos algo diferente”. Todo el mundo debe interesarse por el estado de la nación.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now!

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