martes, 27 de enero de 2015

Interpelar al poder, desmantelar los aparatos de inteligencia

Néstor Pitrola (especial para AREGNPRESS.info)

No estamos ante un caso policial. La denuncia de Nisman primero y su muerte después son episodios de una grave crisis política de Estado. La evolución de las cosas en los días posteriores sólo ha agravado esas crisis.

Nisman pierde la vida horas antes de comparecer en la Comisión Penal de la Cámara de Diputados, cuando presentaba una denuncia con información sensible que compromete a la presidenta, al menos políticamente, cualquiera sea el nivel de pruebas que todavía deben verificarse.

Y esa denuncia del fiscal asesinado o suicidado, estalló semanas después del descabezamiento de la Secretaría de Inteligencia, como un capítulo de una guerra de fracciones que está en el centro de la crisis política. La presidente puso a uno de sus hombres más directos, Oscar Parrilli, para disciplinar la SI a la nueva conducción de César Milani, el general de inteligencia al mando del Ejército con causas por participación en los crímenes de la dictadura.

Un Estado dentro del Estado aparece ante los argentinos, o dicho de otro modo estamos ante un Estado de Inteligencia. Esos servicios son fuente de provocaciones, persecuciones y represión al movimiento popular. El kirchnerismo ha llevado al paroxismo un continuismo desde la época de la dictadura de la que provienen los Stiuso y Cía, el agente de inteligencia que trabajó estrechamente con el fiscal Nisman, colocado en ese lugar por el ex presidente.

De las cajas negras de esos servicios partieron las coimas del Senado en tiempos de la Alianza, desde allí se armó la masacre del Puente Pueyrredón en la que matan a Kosteki y Santillán, por medio del asesinado Carlos Soria, de allí provino el creador de la Metropolitana de Macri, el “Fino” Palacios, encausado, precisamente por encubrimiento en la causa de la Amia. Por lo tanto, la crisis de este Estado de Inteligencia compromete a las fuerzas políticas que nos gobernaron en los últimos 30 años.

El pueblo argentino está conociendo como resultado de esta crisis, algo que el PO, que acompañó a los familiares de la masacre de la Amia desde la primera hora, denunció hace mucho tiempo: que la llamada “pista iraní” fue armada integralmente por la Cía y el Mossad, los servicios de EEUU e Israel, en tiempos de los aprestos bélicos contra Irán. De manera que no sólo estamos ante un Estado de Espionaje, sino que ese espionaje es tributario de los servicios de potencias imperialistas que llevan en su historia la organización de golpes de estado, masacres, asesinatos y torturas contra los pueblos oprimidos del mundo.

Es decir que los servicios de los Stiuso y los Milani, no sólo nos gobiernan al margen de la voluntad popular sino que además son un instrumento de subordinación colonial. Esta historia, de hecho está inscripta en el acompañamiento “nacional y popular” de Néstor Kirchner a la política antiterrorista de Jorge Bush que nos llevó a la repugnante “ley antiterrorista” y al Proyecto X que denunciamos oportunamente.

La guerra de aparatos de inteligencia que hoy devora políticamente al gobierno, que ha producido un nuevo crimen político y conmueve a todos los familiares de víctimas de la Amia, no proviene del carácter “autónomo” de esos servicios sino que es responsabilidad integral del gobierno nacional que se vale de ellos hace 12 años.

Por la responsabilidad extendida en esta situación no es de extrañar que las fuerzas de oposición tradicional eludan toda propuesta de ir con el cuchillo al hueso. Exhortar a que “se haga justicia” no tiene ningún valor, reunir la Bicameral Secreta que no funciona sino para prolongar estos servicios de inteligencia, menos todavía. Y convocar a sesiones extraordinarias para derogar el Memorando de Irán es de carácter deportivo porque ese memorando murió, fracasado, de muerte natural: no lo convalidó el parlamento iraní, no se constituyó la comisión de la verdad, no se indagó a nadie y tampoco hubo cambios en las relaciones comerciales.

A horas de la muerte del fiscal Nisman, en la Comisión Penal de Diputados, donde él tenía que formular y profundizar su denuncia formulamos un curso político. Que la Cámara de Diputados interpele al gobierno: a Capitanich, a Berni, a Randazzo, al gobierno, para dar explicaciones de la grave crisis de Estado. No en sesión secreta, sino todo lo contrario, abierta al pueblo, en vivo y en directo por intermedio de todos los medios de comunicación.

Propusimos además, la apertura integral de los archivos de los servicios de inteligencia del Estado (no confundir con la desclasificación de cuatro números intervenidos ordenada por Parrilli). En particular los referidos a la causa de la Amia, para comenzar a desandar el camino del encubrimiento. Este es un primer paso en una posición estratégica del Partido Obrero y el Frente de Izquierda que es el desmantelamiento de los aparatos de inteligencia, algo que garantizaría de inmediato un gobierno del Frente de Izquierda.

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