miércoles, 21 de enero de 2015

La importancia de la historia de Haití para comprender mejor la hospitalidad y los problemas migratorios actuales

Wooldy Edson Louidor (especial para ARGENPRESS.info

El libro «La hospitalidad entre la ética y el derecho. Una propuesta analógica desde América Latina » (Wooldy Edson Louidor, 2014) rescata a lo largo de 229 páginas la paradójica historia de Haití, primer lugar donde se estableció Cristóbal Colón en el “Nuevo Mundo” el 5 de diciembre de 1492, para subrayar la importancia clave del “encuentro” fallido entre los conquistadores españoles y los indios de Ayiti [nombre que los nativos dieron a la isla antes de la conquista en 1492 y que significa Tierra montañosa] en el curso posterior de la hospitalidad. Ayiti es el territorio donde se registró el primer etnocidio contra los indios en “América”. Etnocidio contra el que se organizó la primera resistencia india en el “Nuevo Mundo”, dirigida por Anacaona, cacique de Jaragua. Historia paradójica de este pequeño “gran” país.

Si bien los indios fueron derrotados y decimados por los conquistadores españoles, su resistencia fue un ejemplo para los negros desarraigados violentamente de África (en el marco del lucrativo comercio de la trata negrera) que llegaron posteriormente a la Isla. Efectivamente, la primera victoria contra la esclavitud y la colonización en el mundo fue lograda en Ayiti por los negros, quienes no dudaron en poner a la primera república negra el nombre “Haití”. La resistencia, en su doble versión india y negra, tuvo un único nombre: Haití.

La victoria de los ayitianos (indios) y haitianos (negros) sobre la colonización dio a los derechos del hombre, proclamados de manera abstracta, parcial e hipócrita por el Occidente ilustrado, un contenido libre de discriminaciones con base en la raza. La independencia de Haití incluso enseñó a los filósofos y pensadores occidentales, entre ellos el alemán Hegel, el verdadero sentido de la libertad y el significado realmente universal de los derechos del hombre, tal como lo demostró la escritora estadunidense Susan Buck-Morss (Hegel, Haiti, and Universal History, University of Pittsburgh, 1st edition, Pittsburgh, 2009).

El libro «La hospitalidad entre la ética y el derecho » vuelve al inicio del supuesto “encuentro” entre los indios “ayitianos” y los conquistadores españoles para desmontar la concepción que representa a los indios como bárbaros y los occidentales como civilizados. En este primer “encuentro”, los nativos acogieron a los españoles, tal como lo evidenció el mismo Colón en las cartas enviadas a los reyes de España. Quienes habían iniciado las hostilidades fueron los conquistadores. Los testimonios de los frailes dominicos, Bartolomé de las Casas y Montesinos, no dejan ninguna duda sobre la actitud acogedora de los indios, en contraposición con la hostilidad de los conquistadores españoles, ávidos de oro y sanguinarios.

Este “encuentro” no representa un episodio aislado de la historia de la hospitalidad en Occidente, sino el epicentro a la vez histórico y conceptual de la hospitalidad. Por ejemplo, nos permite comprender que “este encuentro” -en el que los indios acogieron a los españoles mientras que estos últimos los hostilizaron para esclavizarlos (la buena fe y acción acogedora de los nativos no bastaron para salvar la hospitalidad- constituye la puesta en marcha de la empresa de la conquista y la colonización de todo un continente. El inicio de la hegemonía de Europa sobre el mundo. El punto de partida de una nueva fase de la historia mundial en el que el racismo y también la resistencia contra la esclavitud llegarán a su paroxismo.

El libro invita a leer este “encuentro” en clave de la ambivalencia hospitalidad/hostilidad. La conquista y la colonización son consecuencia histórica de la acogida traicionada por los españoles. Las resistencias indias (y luego afro) en América Latina y el Caribe constituyen una respuesta legítima a la traición de la acogida brindada. A partir de la reconstrucción del “encuentro” y su incidencia en la historia mundial (primer capítulo), el libro «La hospitalidad entre la ética y el derecho » ofrece una definición clara y precisa de lo que hace posible la hospitalidad (segundo capítulo), así como de sus condiciones de posibilidad (tercer capítulo) y de sus límites (cuarto capítulo).

En su primer capítulo, se plantea la pregunta “¿Qué es la hospitalidad? ¿Qué la hace posible?”. Basándose en que el encuentro fallido arriba mencionado es también una acogida fracasada, el libro concluye que para que la hospitalidad se haga posible en un encuentro, es necesario que las dos partes (anfitrión y huésped) se acojan mutuamente y renuncien -en todo el tiempo que dure el encuentro- a hostilizar al otro.

Desde una relectura de La paz perpetua del filósofo alemán Kant (publicada en alemán en 1795) y Totalidad e Infinito del filósofo francés Lévinas (publicado en francés en 1971), el libro «La hospitalidad entre la ética y el derecho » define la hospitalidad como un encuentro acogedor entre un extranjero y su anfitrión. Encuentro en el que la hostilidad está excluida en todo momento porque si bien el encuentro permite la acogida, también hace posible la hostilidad que podrá cometer una o las dos partes. En este sentido, la hospitalidad es un encuentro acogedor en todo momento, aunque la hostilidad constituye una amenaza también permanente. La hospitalidad es tan frágil como el mismo ser humano, porque conlleva en su seno la posibilidad de su propia destrucción. De allí su ambivalencia.

El encuentro es también lo que hace posible, a la vez, la ética de la hospitalidad (desarrollada por Lévinas), que exige al anfitrión acoger sin más al huésped; y el derecho a la hospitalidad (planteado por Kant), que pide tanto al anfitrión no rechazar el ingreso del extranjero a su territorio como al extranjero no aprovechar el ejercicio de este derecho para hostilizar a quienes lo acogen. El libro propone una articulación analógica de las dos posturas, ética y jurídica, pero desde el trasfondo del encuentro hospitalario. La articulación es analógica (partiendo de la hermenéutica analógica del filósofo mexicano y también fraile dominico Mauricio Beuchot) porque, entre otras razones, rescata las diferencias y las similitudes (con la primacía de las primeras sobre las segundas) entre los dos filósofos para sacar lo común de ellos, en este caso, una definición original y originaria de la hospitalidad.

En los dos capítulos siguientes del libro se hace, de una parte, el mismo ejercicio analógico de conjugar la libertad y la justicia como dos condiciones de la hospitalidad (una libertad justa, que se preocupa por el otro, en particular la víctima, y le responde con la acogida; y una justicia liberadora, que permite dar a la libertad su verdadero sentido, es decir la responsabilidad para con el otro); y, de otra, mostrar que si bien la hospitalidad brota de (y de hecho es) un encuentro cara a cara entre un extranjero y su anfitrión, está llamada a globalizarse y convertirse en un ethos global, destinado a traducirse progresivamente en medidas políticas y jurídicas igualmente globales.

Las distintas respuestas que aporta el libro en torno a la hospitalidad permiten mostrar que la causa principal de tantos problemas (discriminación, explotación, irregularidad, cierre de fronteras, catástrofes humanitarias y tragedias en las que mueren cientos de migrantes al intentar cruzar fronteras, violaciones de derechos humanos, trata de seres humanos, etc.) que enfrentan gran parte de los 232 millones de migrantes internacionales en el mundo es justamente la falta de hospitalidad, entendida como la negación por parte de los Estados de llegada de dejarse encontrar por los migrantes (en particular, los que son pobres y vienen de países con problemas) y también su rechazo de acogerlos como huéspedes con derechos humanos y dignidad.

Los Estados de llegada (principalmente los más ricos) construyen fronteras o cierran aún más las que ya existen para que los migrantes no puedan ingresar a sus territorios. O simplemente dejan a los migrantes morir durante la trayectoria hacia sus territorios. Es una negación del encuentro con dichos migrantes. Esos Estados también aprehenden a los migrantes que llegan a su territorio, los encierran y los repatrían en sus respectivos países de origen. De hecho, los migrantes que no cuentan con la documentación requerida para ingresar a los territorios de esos Estados son criminalizados: son llamados “ilegales”. Esto constituye abiertamente una negación de la acogida hacia ellos. No los consideran como huéspedes.

Finalmente el libro propone en las conclusiones algunas pistas de solución para la construcción de una globalización hospitalaria, al plantear la necesidad ética y jurídica de facilitar (o por lo menos, no obstaculizar) los encuentros entre personas provenientes de diferentes países, sociedades, culturas en un mundo cada vez más abierto a la circulaciones de bienes, capitales, informaciones, pero cerrado a la movilidad de personas, principalmente los más pobres. Encuentros que deber ser promovidos en el marco de una educación que invita a todos los seres humanos a practicar la virtud de la hospitalidad y a dar testimonios y ejemplos mediante prácticas concretas de acogida, desde la lucha a favor de políticas y leyes de acogida y contra la estigmatización, la discriminación y todas las formas de hostilidad hacia los migrantes, los extranjeros y los otros. En este sentido, la lucha por la hospitalidad anuncia un mundo nuevo, un mundo otro, un mundo más humano y fraterno.

El libro está en venta en el sitio web de Amazon; se puede comprar en el siguiente enlace: http://www.amazon.co.uk/La-hospitalidad-entre-%C3%A9tica-derecho/dp/3847365347

- Wooldy Edson Louidor es profesor e investigador en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá.

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