jueves, 15 de enero de 2015

La marcha manchada con sangre

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El clima de relaciones internacionales deterioradas se ha visto reflejado en la marcha de un millón de personas encabezada por jefes de estado europeos del día domingo 11 de enero en Paris. El espectáculo de contrasentidos fue notable y patético. La marcha exhibió la falsa cohesión del liberalismo europeo occidental, fabricado con hipocresía y que se siente más degradante aún por el objetivo mediático. Al final, la marcha contra el terrorismo, sucumbió por las mismas razones que ha sucumbido la lucha internacional contra el terrorismo: intereses cruzados y agendas conflictivas en cada uno de los países que participan en el plan de derribar el gobierno en Siria; el sitio donde se experimentó la matriz del terrorismo de última generación.

Dos actores clave involucrados directamente y diariamente en el asunto del terrorismo – Estados Unidos e Israel- por distintas razones, pusieron la nota de discordia. No asistió el presidente Barack Obama, ni fue el vicepresidente Joseph Biden, ni tampoco el secretario de estado John Kerry, y Estados Unidos estuvo finalmente representado por el embajador en Francia. La decisión ha generado controversia generalizada porque un hecho que se ve inexplicable en la superficie, debe estar sustentado en una racionalidad política aplicada con extrema cautela. Estados Unidos está inserto en la médula misma de la creación de este tipo de terrorismo, sea por falla de aproximación a la solución de los problemas internacionales, sea por diseño equivocado.

En el caso de Israel y la asistencia forzada de su primer ministro, la situación es más emocional y perteneciente a la comedia del horror como corresponde grotescamente a un jefe de estado como Netanyahu que lleva el estandarte del terrorismo de estado contra el pueblo palestino. Universalmente condenado, se atreve a asistir por razones políticas domésticas y que además, representa un estado que ha contribuido a la generación de la industria terrorista que interviene en la desestabilización de Siria.

Que las reacciones desde diferentes ángulos provocadas por la desgracia de Charlie Hebdo no llame al engaño. La virulenta respuesta de la seguridad francesa, desplegando cerca de 100.000 efectivos en la persecución de los presuntos autores del atentado, es el indicador que estaba a la vuelta de la esquina para producir un análisis menos contraído y sesgado. Confirma que la convencional dualidad “occidente versus oriente”, poco explica, y la que lleva el neologismo del choque de civilizaciones es inconducente y pedestre a estas alturas de la globalización, para entregar una comprensión seria del fenómeno de la descomposición ética en el actual sistema de relaciones internacionales y de la política en el estado liberal que se conoce.

Que el tráfago de la excitación múltiple no impida la obligación de penetrar en el lado ideológico del asunto. Este terrorismo de última generación, orientado a desestabilizar ciertas zonas y ciertas naciones y atribuido erróneamente a una invención Yihadista, es un producto directo del totalitarismo neoconservador y de esa angustia acumulada por más de medio siglo de que los fracasos del sistema capitalista alimentan insurrecciones de todo tipo, y al mismo tiempo alimentan profecías auto cumplidas y campos minados en el circuito internacional.

La estrategia a través del control político ideológico del mundo árabe e islámico promoviendo democracias “a la occidental” falló y por tanto había que intervenir con medidas de más coerción acudiendo a la violencia política y social. El neoconservadurismo que se maneja desde los cuarteles centrales del gran capital internacional y de sus delegados en los países, no ha encontrado un campo más fértil de reclutamiento en las zonas más pobres y desafectadas del mundo islámico, incluyendo a los países de Europa Occidental con población islámica, para generar una industria del terrorismo en función de provocar pánico político y social en determinados países.

Aunque el término “industria del terrorismo” suene extravagante, es lo que es. En notas anteriores para ARGENPRESS, analizando la crisis internacional en torno a la guerra que libra Siria contra el terrorismo desde 2011, me he referido a esa industria no estatal, (aunque recibe fondos estatales de varias naciones), que ha utilizado a Siria como una probeta de ensayo.

La idea de una futura cumbre de jefes de estado para abordar la violencia extrema y adoptar medidas, debería incluir la decisión de suspender ese plan de derrocar al gobierno en Siria y que podría haber sido uno de los motivos principales para marchar ese domingo.

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