miércoles, 28 de enero de 2015

México: Contrastes que ilustran mucho

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

¡Qué contrastantes actitudes públicas! Mientras 60 mil mexicanos, según los organizadores, acompañaron a los padres de familia de los 43 normalistas de Ayotzinapa en las movilizaciones que durante 10 horas transcurrieron en el Distrito Federal y otros hacían lo propio en decenas ciudades y en 15 países más de la aldea global, para reafirmar cuatro meses después: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”; el titular del Ejecutivo federal, el gobernador del estado de México, el director general de Distribuidora Conasupo y el director de la Comisión para la Regulación de la Tenencia de la Tierra, festejaron en Atlacomulco (poderoso grupo incluido) y Acambay, estado de México, que hace 12 años Enrique Peña Nieto buscaba el voto para ser diputado local y Eruviel Ávila para ser alcalde de Ecatepec.

Y vino el remate del discurso en la gira presidencial. “Y miren lo que ocurre a 12 años de distancia: usted (Ávila Villegas) es gobernador y yo soy Presidente de la República” (Reforma, 27-I-15). El entonces coordinador de campaña de Enrique Peña hoy encabeza Diconsa y Jesús Alcantara, suplente del aquél legislador local, dirige la Corett. La lotería de la política tricolor.

Este agudo contraste de actitudes de una parte de los gobernantes y de una mínima pero muy activa, influyente y respetada parte de los gobernados, explica por qué a cuatro meses de los hechos de barbarie en Iguala, Guerrero, están más confrontadas las posiciones del gobierno federal y de los que se autodenominan “somos un chingo de indignados”.

Ignoro quiénes son los que asesoran al mandatario, pero es evidente que la rememoración de la docena de años de su carrera política como hombre sometido al voto ciudadano, estuvo fuera de lugar y de tiempo, salvo que la pretensión sea presentarlo como político insensible y hasta frívolo, ocupado en recordar su más que exitosa, exitosísima carrera política, y alejado del creciente y diverso reclamo social que transcurre por casi toda la geografía nacional.

La percepción anterior es válida incluso después de escuchar la nueva comparecencia del titular del Ministerio Público federal para ampliar hasta el detalle e ilustrar con un video la investigación sobre los trágicos hechos (que ellos para no variar denominan “eventos”) y que no queda claro aún si coadyuvará a satisfacer la urgencia de una verdad jurídica creíble, exigencia que se puso de manifiesto en quizá un centenar de plazas de México y de la aldea.

Cierto es también que cuatro meses después son notorios los síntomas que permiten percibir una baja en las simpatías populares con el movimiento por Los 43. Ello es natural, pues el crecimiento de un movimiento social no es ni lineal ni permanente, sobre todo porque las demandas de los padres de familia pasaron a un segundo plano y fueron privilegiadas las que interesan más a la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero y a los sectores “duros” de la CNTE: el boicot de las elecciones del primer domingo de junio y la “renuncia inmediata” de Peña Nieto, exigencias que con independencia de su justeza y hasta pertinencia, poco tienen que ver con el esclarecimiento del crimen masivo y la impartición de justicia oportuna y expedita para los deudos.

Mientras tanto, el vocero Felipe de la Cruz Sandoval, que ni padre de familia es, sino un profesor que cobra puntualmente su buen sueldo sin impartir clases, amenaza: el gobierno “va a pagar caro cada segundo de sufrimiento de los padres de los desaparecidos; el pueblo de México se las va a cobrar segundo a segundo”. Por amenazas delirantes no quedará.

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