miércoles, 7 de enero de 2015

México: De la Casa Blanca local a la de Washington

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

El estilo personal de gobernar de Enrique Peña Nieto está sellado, entre otros, por los decálogos y sus equivalentes en menor o mayor número de medidas para afrontar o sólo intentarlo, la marcha de su gobierno y en esa medida del país.

Lo que hace dos años la mayoría de los intelectuales adscritos a las nóminas de Televisa y Azteca presentaron como virtud del otrora gobernador del estado de México, al concluir 2013 no hallaban cómo explicar la incompetencia para ejercer el presupuesto y que, según diversos analistas ajenos a los consorcio de Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas, fue de los factores que más influyeron para que la economía del país creciera muy por debajo de los pronósticos oficiales, en forma mediocre, como sucedió en los últimos 33 años (Luis Videgaray dixit).

Solamente que en esas décadas estuvo ausente la elemental alharaca de “Mover a México”, con todo y el peso y el precio del petróleo en el mercado internacional por los suelos; la conflictividad e irritación sociales a la orden del día; y por si no fuera suficiente lo anterior una crisis en derechos humanos, seguridad pública y credibilidad en las instituciones pese a las “11 reformas estructurales” que “han transformado al país”, como juró Peña Nieto en el mensaje con motivo del año nuevo.
O en el llamado círculo rojo, el sector crítico y más y mejor informado de la sociedad, abundan los incapaces de percibir la anunciada “transformación de México” como consumada, o cada vez que escuchemos uno de los discursos de Peña será preciso que explique qué entiende por “transformación” y qué por “desarrollo”, que promete “acelerar”, conceptos socioeconómicos que usa con una laxitud impropia de un presidente, salvo que sea en forma deliberada para embaucar incautos.

Con 25 meses de crecimiento económico mediocre, resultados nulos en los bolsillos de los mexicanos y el agobio cotidiano por la inseguridad pública, como regalo de reyes anuncia el titular del Ejecutivo estar más cerca de la gente y escuchar sus necesidades, cuando en la matanza de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes en Iguala (Guerrero) y en el fusilamiento de una veintena de jóvenes en Tlatlaya (estado de México) dictó cátedra sobre insensibilidad política al reaccionar en el primer caso una semana después y con un discurso errático, el de “la crisis de las instituciones en Guerrero”, cuando el problema era y es del Estado. Y en la atrocidad cometida por el Ejército en territorio mexiquense guardó silencio hasta que la prensa extranjera lo evidenció.

Nunca es tarde para cambiar, para producir un viraje que por ninguna parte del mensaje se observa la menor intención política. Sí es perceptible el afán reiterado por presentar como nuevas las siete decisiones que anunció, pero que se tomaron hace tiempo y fueron publicitadas ilimitadamente, como la baja en el precio de la electricidad en un porcentaje modestísimo, no más gasolinazos cuando 2015 empezó con un incremento a los precios, el cobro de las llamadas telefónicas nacionales con tarifa de locales…

Nada nuevo bajo el sol, si acaso los 10 millones de televisores digitales que regalará el gobierno a familias pobres. Seguramente para seguir gobernando con el duopolio como aliado principal y destructor del quehacer educativo público y privado con la telebasura que transmite.

Y lo medular quedó resumido en una frase más: “El firme compromiso de combatir la corrupción y la impunidad, y de fortalecer la transparencia.” Seguramente por eso se trasladó de la Casa Blanca de las Lomas a la Casa Blanca de Washington.

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