martes, 13 de enero de 2015

México. Plan b - Ya, digamos la verdad

Lydia Cacho (CIMAC)

“En este 2015 ustedes tienen la encomienda de fomentar una imagen veraz y objetiva del país, que disipe dudas o distorsiones de nuestra realidad”.

Con esas palabras el presidente Peña Nieto ordenó una línea discursiva en la 28 reunión de cónsules y embajadores de México. ¡Qué bueno sería que dijeran la verdad! Pero los diplomáticos serían incapaces de mostrar una imagen veraz sobre nuestra realidad, veamos cómo sería este discurso.

México es un país cuyos paisajes hermosos van desde las selvas montañosas hasta las planicies de praderas verdes donde pasta un ganado sano y fuerte, donde se siembra menos maíz y más amapola, menos hortalizas y más cannabis.

Un país de hombres y mujeres con sentido del humor, creativos, cuya imaginación nos obsequia las artesanías más bellas y las obras literarias más notables y comprometidas; tierra donde periodistas dejan la vida por decir la verdad, en que defensoras y defensores de Derechos Humanos, desde sacerdotes como Alejandro Solalinde hasta miles de mujeres como Lucha Castro, se juegan la piel por su prójimo, ayudando a implementar un mejor sistema de justicia y salvando la vida de miles y miles de seres humanos.

Tierra de posibilidades en que millones trabajan cada día para fomentar el trabajo digno y respetar los derechos laborales; somos la patria en que las trabajadoras del hogar han logrado demostrar su valía laboral y sus derechos bien ganados ahora impresos en leyes; donde las parejas del mismo sexo forman familias, se casan y tienen derecho a dejar herencia a su esposa o esposo.

Somos la tierra de la música y el baile, de la pasión que celebra la muerte y la vida, una raza de personas indignadas que han aprendido a rebelarse contra la ignominia y la barbarie, contra los monopolios y la política criminal. País que se debate entre el clamor de paz, la mordaza y el agotamiento.

Somos el país en que durante 50 años los políticos han logrado insertar con efectividad a las mafias en los gobiernos municipales, estatales y federal. Donde los poderosos obtienen justicia expedita y las y los ciudadanos la deben mendigar y pasar un viacrucis de entre cuatro y 10 años para resolver un solo caso penal, en que las víctimas y sus familiares son los investigadores porque los ministerios públicos no se dan abasto.

País en que se ha implementado un nuevo sistema de justicia penal que muy pocos conocen y que los más poderosos se niegan a respetar.

País en que los propietarios de los medios de comunicación más poderosos no le sirven a la sociedad sino a los poderes fácticos, televisoras que se dedican a consultores de imagen, a las relaciones públicas para resarcir la mala fama de los gobernantes, les venden publicidad para encubrir fraudes, desgracias, fosas y crímenes.

Somos el país en que al menos una tercera parte de su territorio está gobernado por narcopolíticos capaces de asesinar a sus adversarios y lanzarlos en fosas clandestinas, de policías que respetan más a los jefes de los cárteles que a los procuradores, de procuradores que obedecen a los políticos antes que a la ley que les obliga a proteger a la sociedad. Aquí en 2013 se cometieron el doble de asesinatos que en Irak como resultado del conflicto armado.

México, dirían los diplomáticos en caso de seguir las órdenes del Presidente, es un país diverso que se ha acostumbrado a un autoritarismo organizado, en el que importa más la imagen falsamente construida por intelectuales enriquecidos por el sistema que la verdad concreta que a gritos clama atención desde las calles abarrotadas de manifestantes, en redes sociales que pretenden unirse sin saber muy bien cómo hacerlo, que ha reinventado los números contando hasta el 43.

Es el país en que los secuestrados mueren y los que se salvan quedan como muertos vivientes por la decepción y el miedo.

Somos un país en que la injusticia y la impunidad se fabrican desde arriba: en la punta de la pirámide se protege a políticos pederastas, tratantes de personas, traficantes de armas, asesinos, oligarcas, líderes petroleros corruptos, gobernadores feminicidas, narcotraficantes que presiden alcaldías; gobernadores, policías tácticos y militares que asesinan a jóvenes para hacer limpieza social en medio de una guerra que obnubila todo.

Somos un país mágico que premia a ex procuradores corruptos que patrocinaron la protección de criminales peligrosos con embajadas en Estados Unidos.

Lo que el Presidente les ha pedido a estos diplomáticos es que sean parte de este grandísimo fraude mediático que pretende “fomentar una imagen” que mande la exigencia de justicia a las fosas clandestinas, maquillar a la muerte como muchacha joven y feliz; mentir más y mejor para que la sociedad pierda y un puñado de políticos siga ganando la batalla de la corrupción institucional.

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