miércoles, 14 de enero de 2015

México: Protestas civiles en instalaciones militares

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

El lunes 12 fue un día de protestas del movimiento que se agrupa alrededor de los padres de familia de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en la sede del 27 Batallón de Infantería en Iguala, la 35 Zona Militar en Chilpancingo, el 61 Batallón de Tlapa y la octava Región Naval Militar en Acapulco, Guerrero. Y en el Distrito Federal lo hicieron afuera del cuartel de Guardias Presidenciales.

Que civiles se movilicen frente a instalaciones castrenses es un dato relativamente nuevo y saludable en el panorama político, acorde al creciente e inconstitucional protagonismo que le asignaron al Ejército y la Marina Carlos Salinas (1988-94), Ernesto Zedillo (1994-2000), Vicente Fox (2000-06) Felipe Calderón (2006-12) y Enrique Peña. O bien, los altos mandos lo tomaron por su cuenta, sobre todo con la enorme ilegitimidad con que Salinas y Calderón arribaron a Los Pinos.

Mas no lo era en 1993, cuando el general Francisco Gallardo fue encarcelado y los editores de la revista Forum hostigados por órdenes de los secretarios de la Defensa Nacional, Antonio Riviello Bazán y Enrique Cervantes Aguirre, como por fortuna no volvió a suceder a partir de febrero de 2001, en que Gallardo fue arrancado de la prisión por un movimiento de organismos civiles de México y la aldea global. Protestas que incluyeron a la sede de la Sedena.

Tampoco es normal y menos aún deseable que en aras de “ingresar” a las instalaciones del 27 Batallón de Infantería para “buscar a nuestros hijos”, la tensión escale durante 50 minutos, hasta entrar por la fuerza a 20 metros del espacio militar, intentarlo una y otra vez, con heridos de las dos partes, ninguno de gravedad.

Y los civiles remataron: “Así nos recibieron estos hijos de la chingada. Sólo pedimos que nos dejaran entrar al cuartel para buscar a nuestros hijos”. Pero antes de ser repelidos, como es natural –o ¿los dirigentes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero pensaban que serían recibidos con flores?–, uno de los padres aseguró que iban “a informar a los soldados” que “ellos fueron cómplices” de la agresión del 26 y 27 de septiembre, otro dijo que “ellos saben donde los tienen”, otro que están “criminalizando la lucha social” y uno más que son “cobardes y asesinos que no sirven para otra cosa”. Juicios todos tomados del reporte de Sergio Ocampo Arista y Héctor Briseño, corresponsales de La Jornada.

La comprensible indignación de los papás de Los 43 es evidente que bloquea la posibilidad de emitir ideas coherentes, pues aseguran que no están por la cancelación de las elecciones y tampoco por la renuncia de Peña Nieto, mientras los líderes de la CETEG, sus dirigentes, destruyen instalaciones donde se emiten credenciales de elector, toman e incendian vehículos de carga y bloquean carreteras, pero después se deslindan y exhiben al peor estilo de la China de los 60 a presuntos agentes gubernamentales con cartulinas en el cuerpo.

A nadie debe sorprender, y menos al errático y contradictorio liderazgo del movimiento, que éste tenga mayores expresiones de aislamiento social en el país y el extranjero.

Sin embargo, para algunos analistas las protestas en sedes castrenses y la confrontación en Iguala es una muestra de la “radicalización” del movimiento por Los 43. Me parece una confusión elemental, pues lo radical consiste en abordar los problemas sociales, económicos y políticos desde la raíz, y no la materialización de acciones que revelan desesperación y provocan aislamiento que beneficia a los gobernantes que dicen combatir.

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