viernes, 30 de enero de 2015

México: Un debate obstruido desde Los Pinos

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

El Programa de Prevención y Atención Integral de las Adicciones, presentado el día 28 en Los Pinos, tiene como objetivos “1. Reforzar la prevención del consumo de sustancias adictivas que alteran el sistema nervioso; 2. Mejorar la cobertura y calidad de los servicios de atención y tratamiento; 3. Fortalecer la formación y especialización del personal de salud que labora en el área de adicciones; 4. Fomentar la investigación científica e innovación tecnológica contra las adicciones; 5. Contar con un marco regulatorio moderno y eficiente en la materia; 6. Fortalecer la presencia de México en foros internacionales que abordan este problema.”

Consta, además, de 150 líneas de acción aunque el documento completo aún no está disponible para consulta pública debido a que se encuentra en proceso “la reorganización administrativa” del Consejo Nacional contra las Adicciones. Es decir, arranca en el discurso, sólo en él, un programa sin tener la infraestructura humana lista. Igual que cuando se inauguró en dos ocasiones distintas la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, primero por Vicente Fox y luego por Felipe Calderón; o la inauguración de la autopista Mazatlán-Durango a cargo de tres presidentes del país. Y los que dicen “Mover a México” la anuncian como parte de sus grandes obras.

Formas grotescas de hacer política aparte, importa subrayar el enfoque presidencial sobre un programa “con el que se podrán tratar las adicciones como lo que son: un problema de salud, no uno de procuración de justicia.”

Bien, muy bien, sólo que decenas de miles de jóvenes están en prisión por portar pequeñas dosis de mariguana y el Ejército, la Marina y la Policía Federal persiguen, detienen y hasta matan por igual a peligrosos capos que a vendedores al menudeo e incluso a consumidores de drogas ilícitas, algunas de las cuales como la marihuana está demostrado por investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas que causan infinitamente menos muertes que el alcohol y el tabaco.

Las contradicciones del acertado enfoque de Enrique Peña Nieto también son puestas de manifiesto con la respuesta que da Manuel Mondragón a las voces de la academia, el periodismo, el arte y legisladores que exigen someter a debate público las políticas punitivas. Guerreristas incluso y que el gobierno de Estados Unidos impuso a México y a la aldea desde los tiempos de Richard M. Nixon, aunque el programa imperial hace agua en varios países al ser revisado en elemental ejercicio soberano, pero no en México a pesar de que la despenalización de la mariguana gana espacios legales en USA por razones de salud y recreativas. Mientras aquí festejan los grandes decomisos a cargo de las fuerzas armadas.

“(…) estamos abiertos al diálogo, ciertos de que éste arrojará, no voy a entrar en materia, simplemente digo, arrojará las mejores conclusiones que amerita la sociedad mexicana”, dijo el sobreactuado y lisonjero Mondragón y Kalb, pero enseguida descalificó a los que no piensan como él y su jefe: “Compartimos la inquietud del señor Presidente de la República y sus esfuerzos, es porque ha faltado de las otras partes, cualquier de los dos ingredientes, o inteligencia o buena voluntad. Ni modo”.

Mientras desde la cúspide del poder obstruyan el indispensable debate en materia de adicciones a las drogas ilícitas, aunque discursivamente juren estar de acuerdo con estimularlo, será muy difícil que amplias franjas de la sociedad se involucren en el programa gubernamental.

Programa que, al parecer, no contempla que el de hoy es un mundo de adictos desde al dinero (incluido a coleccionar casas), la comida y el trabajo, porque los capitalismos producen hombres y mujeres alienados.

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