lunes, 19 de enero de 2015

Siria: La hidra de dos cabezas

Roberto Castellanos Fernandez (PL)

Mientras combaten al ejército sirio, el Estado Islámico (EI) y el Frente al Nusra, brazo de al Qaeda, mantienen por su parte desde hace más de un año una guerra entre ellos por el control de territorios y de poder.

Casi cuatro años después del inicio del conflicto, el campo de la llamada oposición armada va simplificándose con la desaparición de numerosos grupos, por causas que van desde la derrota militar hasta su adhesión a organizaciones más grandes como el EI.

Las deserciones en masa, la baja moral, cambios de bando y el desgano financiero de algunos de sus patrocinadores extranjeros son otros problemas que acusan varias formaciones minoritarias.

Como desde un principio denunció el gobierno de Damasco, las fuerzas jihadistas representan el verdadero peligro por su número, ideología y armamento, con el EI y al Nusra a la cabeza.

Si obviamos al Frente Islámico, organización paraguas de una veintena de grupos, que sigue cediendo terreno frente al ejército sirio en la norteña provincia de Alepo y en Guta oriental, zona colindante con Damasco, esas dos formaciones dominan el panorama de los extremistas.

Las dos intentan monopolizar el poder y captar la mayoría de los miles de mercenarios y jihadistas que entrar a Siria desde los países vecinos.

Ambas formaciones tienen el mismo objetivo: implantar la sharía (ley islámica) e imponer su visión ultraortodoxa del Islam, para lo cual emplean cualquier método: desde la decapitación o crucifixión de sus enemigos hasta la tortura y los asesinatos en masa.

Las diferencias estriban en la forma (al Nusra trabaja más con el resto de los grupos como parte de su política de captación) y sobre todo en la negativa de la franquicia de Al Qaeda de subordinarse al EI, que brinda sólo dos opciones a la llamada oposición armada: sumisión total o muerte.

Los enfrentamientos directos entre ambos grupos comenzaron en diciembre de 2013 y desde entonces no han cesado, pese a períodos de tregua en algunas zonas que incluso los llevó a cooperar en su lucha contra el gobierno.

El pasado año, tras la proclamación del primero de un Califato en las zonas que controla en Siria e Iraq como una medida para atraer a jihadistas extranjeros, el segundo anunció un emirato con el fin de contrarrestar la estrategia.

En diciembre último la franquicia de Al Qaeda en Siria atacó en la sureña provincia de Daraa a las Brigadas Yarmouk, con unos dos mil miembros, tras el juramento de fidelidad de ese grupo al Estado Islámico y a su autoproclamado califa Abu Bakr al Bagdadi.

Días después el clérigo Sami al Aridi, considerado el guía espiritual de Al Nusra, en un audio divulgado en las redes sociales, ordenó combatir al EI tras acusar a sus miembros de mercenarios extranjeros.

Sin embargo, el cabecilla de Al Nusra en la región del Qalamun, el autotitulado emir Abu Malik Talli, rechazó sumarse a la campaña, una decisión que refleja la situación en esa región montañosa, fronteriza con El Líbano.

El diario Al Monitor reveló que Talli se encuentra en una difícil situación al encontrarse practicamente rodeado de grupos que acordaron obedecer al Estado Islámico.

Destacó que el juramento de fidelidad al EI proclamado por la Brigada de los Leones del Islam en la central provincial de Homs obligó a al Nusra a retirar sus tropas desplegadas frente al poblado de Umm Hucouh, por el temor se ser traicionados por la espalda.

La postura de Talli también podría ser una consecuencia de la fractura que existe en el interior de Al Nusra.

El sector duro apuesta por un entendimiento con las huestes de Al Bagdadi y rechaza cualquier colaboración con otros grupos que consideran infieles por recibir apoyo de Occidente, mientras el otro opina lo contrario, según el periódico emiratí The Nacional.

Al Nusra tiene fuerte presencia en las suerñas provincias de Quneitra y Daraa, así como en las norteñas de Idleb y Alepo.

Mientras la fortaleza del Estado Islámico (Daesh, por sus iniciales en árabe) son las gobernaciones orientales de Raqqa, Deir Ezzor y parte de Hasakeh, además de grandes regiones en Iraq.

Pero los seguidores de Ayman al Zawahiri, líder de Al Qaeda, han perdido terreno en Alepo y el sur por los ataques de sus enemigos.

Poco a poco, el campo de la llamada oposición armada va aclarandose, y de él emergen dos claros vencedores: el Frente al Nusra y el Estado Islámico, aliados ideológicos pero enfrentados por el poder y su estrategia para alcanzar ya sea el Califato o el Emirato.

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