martes, 20 de enero de 2015

Suicidio de un fiscal argentino. Una hipótesis que levanta otras hipótesis

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El suicidio en el caso de alguien involucrado en investigaciones complejas, es el fin de la vida del hombre o la mujer, que sabía demasiado,

Como en la mejor novela de suspenso, lo del fiscal Alberto Nisman, que llevaba la causa del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires, el 18 de julio de 1994, que significó la muerte de 85 personas, hace recordar la muerte de David Kelly, el 17 de julio de 2003 en medio de la invasión a Irak. Dr. Kelly, un científico inspector de armas químicas británico, muy involucrado en el expediente sobre Irak, aparece muerto debido a una hemorragia por heridas en su muñeca izquierda, ingestión de un paracetamol fuerte y con problema coronario. El resultado de la investigación fue suicidio. Con todos los contrasentidos y las maniobras fraudulentas de Bush y Blair para justificar la invasión a Irak, (Irak: Bitácora de un Fraude. Pehuén. Chile, 2004), pocos creyeron la tesis más bien jurídica y política del suicidio. Hasta hoy la muerte del Dr. Kelly es un enigma y los antecedentes están confiscados sin acceso al público o a otro tipo de investigación por 70 años, para no afectar a la familia.

La hipótesis o teoría del suicidio es conveniente. Libera a los tres estados que podrían tener razones para ponerle fin a la vida de Nisman, que acusó el miércoles 14 de enero a la presidenta argentina Cristina Fernández de encubrir a terroristas fugitivos residentes en Irán. Argentina por la acusación grave y fuera del conducto. Irán porque el expediente que él manejaba lo implica. Israel, porque el fiscal se había enredado con los problemas internos de la política y de los servicios de inteligencia, y ya no servía en la causa. Todas conjeturas difíciles de comprobar.

Independiente de estas posibilidades, se hace difícil creer que los episodios de las dos últimas dos semanas, partiendo con este suicidio del fiscal argentino, así como el ataque a Charles Hebdo, las amenazas terroristas en Europa, el ataque israelí en la provincia siria de Quneitra cuando surgen planes para una salida política en Siria, y la postura más dialogante de Estados Unidos hacia Irán, no estén entrelazados, o no formen parte de un mismo clima.

La hebra conductora conduce al mismo fenómeno que ha afectado a la política internacional en la última década: el plan de desestabilizar a Siria e Irán. En el diseño del plan de desestabilizar a Siria e Irán, no se anticipaba con precisión el resurgimiento de Rusia como una potencia que iba a reclamar sus dividendos en una región donde ya hubo un diseño soviético. La Rusia de 2011, que apoya militarmente a Siria y comienza a dialogar con Irán para un posicionamiento en la zona, no es la Rusia debilitada de 2003 cuando Estados Unidos invade Irak.

Siria e Irán es la dupla que fastidia a Israel y a la sección neoconservadora del poder en Estados Unidos que es dominada por el poderoso lobby de Israel. Como la invasión a Irak en 2003 fue inconducente en cuanto al objetivo de hacer funcionar la teoría del dominó, primero desintegrar a Irak y luego a Siria e Irán, Israel formó una alianza con un enemigo histórico, Arabia Saudí. Para Arabia Saudí, fue más fuerte la necesidad de arrasar con el poderío relativo de Siria y desestabilizar a Irán, que la causa palestina.

Al centro de todo este engranaje montado por Arabia Saudí, se estaciona la necesidad imperativa de Estados Unidos y el resto de la Alianza Transatlántica de proteger a Israel, no como un estado guardián de los intereses de esta alianza en la región, sino que como forma de que Israel no se descomponga como estado y que por un fenómeno de dispersión política interna - que la hay dentro de un régimen militarista- comience a constituir una amenaza por su capacidad bélica nuclear.

La política doméstica en Israel es cada vez más imprevisible y a nivel internacional la conducta del estado sionista se ha hecho aún más imprevisible, hasta el punto de convertirse en una fuerza incontrolable de desestabilización para la región. Los que sostienen que la mayor parte de los problemas provienen de Arabia Saudí por su capacidad financiera, podrán revisar sus notas antes de atribuir el factor principal de la desestabilización en Siria e Irak a los apetitos de Arabia Saudí por cierta hegemonía regional.

El problema principal es otro y concierne a la neurastenia del estado de Israel por proteger su integridad y continuar con su expansión más allá de cualquier tipo de contención. En este empeño cuenta con el apoyo indeclinable de Estados Unidos, sin embargo la conducta exterior de Israel en Gaza, con los territorios palestinos, en el plan para derrocar al gobierno en Siria, y en la región en general, ha complicado los planes estratégicos de Estados Unidos bajo el gobierno de Barack Obama.

El diseño de política exterior de la actual administración consiste en formar alianzas estratégicas que incluye a Rusia y China a pesar de las diferencias que mantienen, para resolver los problemas mayores que aquejan a un orden mundial que está afectando a las bases mismas del capitalismo. Estados Unidos no cede su supremacía, pero tiene que ser una supremacía sobre algo que progresa y que no se transforme en una entidad global decadente que genera problemas, y proclive al conflicto. La hipótesis es simple: No se luchó 50 años contra el comunismo soviético para llegar a una situación en que el capitalismo se auto destruye, por una falencia política.

En este sentido, Israel con su política exterior y los planes desestabilizadores que en el nivel operativo se expresan en fuerzas armadas no estatales como el ISIS, o DAESH, el aumento de las posturas belicistas entre países y dentro de los países, no contribuyen a resolver los problemas mayores de la globalización y la convivencia entre las naciones. En este sentido Estados Unidos no descarta que Irán contribuya resolver los nudos de tensión en esa región y para que se produzca esta situación, Israel bajo la administración de Netanyahu es un obstáculo mayor.

En 2006, en plena administración Bush y con la influencia neoconservadora dominando la política internacional, Estados Unidos y varios países de la Europa Occidental estuvieron a punto de bombardear unilateralmente Irán para destruir sus estaciones nucleares. Ha pasado casi una década y a la política que comanda los destinos de Israel, le incomoda el cambio de postura con Irán por parte de Estados Unidos y los aliados europeos.

El ISIS y fuerzas armadas no estatales que desestabilizan regiones dentro de los países, la neurastenia de Israel por protegerse y expandirse, las contradicciones de la Comunidad Europea con situaciones degradantes como la de Grecia y otras zonas pauperizadas, son los estertores - no es claro que sean los últimos- de un período violento de reacomodo de un sistema global que debe reducir los desequilibrios en sus bases de generación y administración de riquezas. El capitalismo de las últimas tres décadas produce enormes desajustes políticos que acaban en violencia de todo tipo, incluyendo la desintegración de estados y la destrucción de vidas y culturas. El nuevo internacionalismo no aparece, los nuevos líderes para que lo instauren tampoco.

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