martes, 27 de enero de 2015

Syriza ganó en Grecia y abre interesante brecha en Europa

Emilio Marín (LA ARENA)

El domingo ganó Syriza, la coalición de izquierda moderada en Grecia. Y asumía como primer ministro Alexis Tsipras, con un mensaje contrario a los ajustes. Eso es muy interesante. Habrá que ver si Syriza resiste a las presiones de Merkel y Obama.

La historia reciente de Grecia es más o menos conocida, casi tanto como algunos tramos de su trama milenaria de militares y filósofos, asambleas y democracias, aún con su cuota de esclavismo.

Los cinco últimos años, comenzados con 2010, trajeron una explosión de endeudamiento, políticas de ajuste y sometimiento a los dictados de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. A estos tres poderes la prensa bautizó como la "troika", una expresión bolchevique que nada tenía que ver con el establishment europeo.

Esa crisis provocó muchas revueltas populares y huelgas de trabajadores reprimidas policialmente, con algunos muertos y muchos heridos presos. Era lógico tratándose de un país de cultura milenaria pero también teatro de resistencia guerrillera a los nazis durante la II Guerra Mundial. Desde entonces hasta 2010 el gobierno helénico había tenido el signo del Pasok, el partido socialdemócrata de Papandreu (padre), luego continuado por su hijo.

La crisis de aquel año le reventó en las manos a la socialdemocracia y su desprestigio fue mayúsculo, debiendo renunciar Yorgos Papandreu. Su agrupación quedó como socio menor de Nueva Democracia, un partido conservador que en 2012 impuso como primer ministro a Antonis Samaras, alineado con el ajuste y defensor del Memorando con "la troika".

Ese instrumento fue pautando la entrega de "ayuda internacional" en varios tramos, sujeta al cumplimiento de un cronograma que los argentinos conocen bien: privatizaciones de servicios públicos, achicamiento del gasto público y el déficit fiscal, despidos de trabajadores, aumento de la presión impositiva, recortes salariales y de beneficios sociales y, último pero no menos importante, garantías de pago de los pesados servicios de la deuda externa. La crisis, como en latitudes rioplatenses y en tantos otros puntos del planeta, no debía ser pagada por los banqueros locales e internacionales, sino por la población.

En 2012, bajo el gobierno de Samaras, el ajuste se hizo aún más bestial, llegándose a fines de 2014 a marcas escalofriantes: 25 por ciento de desempleo y 50 por ciento de desempleo juvenil, y deuda de 240.000 millones de euros sólo con la troika europea. Tal como había ocurrido en Argentina, no era dinero fresco ingresado a Atenas sino el resultado de refinanciaciones y rescates de préstamos de bancos europeos, sobre todo alemanes. A Grecia le quedaban los números en rojo de esas operaciones contables donde el "cash" era para los bancos extranjeros, ni siquiera para entidades atenienses.

Esa situación material y social de altísima inequidad, con aumento de la pobreza y marginalidad, y con una cruda dependencia que humillaba al país, tratado como de cuarta categoría por los popes europeos, etc, desembocó en la resonante victoria de Syriza el 25 de enero.

Nuevo liderazgo

Casi todo le salió mal al hasta ayer primer ministro Samaras. Se la pasó todo el 2014 tratando de infundir miedo en la población para que no apoyara a Syriza. Decía que el único camino posible era mantener la política de ajustes, que estaba dando tan buenos resultados. Si se votaba a la centro-izquierda, en cambio, habría una grave conflicto con los acreedores internacionales y una salida del euro-grupo, quizás de la misma Unión Europea. Agitar esos fantasmas le dio rédito en 2012, pero casi tres años después el resultado fue adverso. Para una mayoría de ciudadanos lo peor no es lo que podría venir con Syriza sino la continuidad de lo conocido con Nueva Democracia.

Samaras quiso adelantar la elección presidencial prevista para 2015 y el Congreso no convalidó ese plan. En consecuencia debió llamar a comicios generales adelantados, que sellaron su derrota.

Este domingo Syriza obtuvo el 36,5 por ciento de los votos, quedándose con 150 escaños en el Parlamento, uno menos que la mayoría propia. Nueva Democracia, de Samaras, llegó segundo, con 27,7 % de los votos y 76 bancas. Los neonazis de Amanecer Dorado quedaron terceros, con un 6,3 % de los sufragios y 17 escaños. El cuarto lugar fue para los liberales de centro del O Pota mi (El Río), con 5,9 % de los votos y 16 legisladores. El quinto puesto quedó para los comunistas del KKE, con el 5,6 por ciento y 15 escaños. El sexto lugar para el Pasok, del hasta ahora vice primer ministro Devánelos Vendímielos, con un 4,8 % de los votos y 13 escaños. Al final de la tabla quedaron los Griegos Independientes, de la derecha nacionalista, con un 4,7 % y 13 diputados.

Buscando minimizar su derrota, Samaras dijo que en comparación con su victoria de tres años atrás, su cosecha sólo había bajado en 2 puntos. Lo concreto es que perdió el gobierno a manos de una propuesta renovadora, de un amplio espectro de la izquierda moderada, socialdemócrata (el Partido Comunista Griego, el KKE, de fuerte implantación gremial, está fuera de esa convergencia y mantuvo su bancada de 15 diputados).

La victoria de Tsipras fue clara, por casi diez puntos respecto al oficialismo. El primer ministro electo habló el domingo en la plaza ubicada frente a la universidad de Atenas y habló de terminar con la política de austeridad y de dependencia frente al poder central europeo. Dijo que se abría una nueva etapa porque "hoy perdió la Grecia de los oligarcas y de los corruptos; ganó la Grecia del trabajo, del conocimiento y de la cultura".

El hombre al que Angela Merkel no aceptó recibir en los meses previos, pese a su pedido de audiencia, es el nuevo gobernante helénico, en una elección donde sufragó más del 63 por ciento del padrón. En medio de las crisis económicas y políticas suele cundir el escepticismo; en este caso prevaleció la actitud de usar el voto como castigo a los partidarios del ajuste y abrir un crédito a quienes planteaban salir de la crisis sin pisar las cabezas de los más humildes.

La victoria de Syriza tiene un sentido positivo muy interesante para Grecia y el mundo.

Las dudas

Ese aspecto de la victoria fue remarcado por Tsipras, al decir que el pueblo griego había decretado que lo dictaminado por la troika de acreedores "es pasado". Y que reivindicaba "la lucha de todos los pueblos de Europa contra la austeridad, que desde Grecia avanza con pasos firmes por el cambio".

Han habido declaraciones de otros líderes de centroizquierda o izquierda reformista, como Pablo Iglesias, de Podemos (España) y Jean Lux Melenudo, del Partido de Izquierda de Francia, valorando lo de Atenas como detonante de cambios electorales en sus países y otros lugares, como Portugal e Irlanda, con el Sinn Fein.

En tiempos de globalización capitalista, determinadas estrategias de los centros de poder mundial por aplicar recetas de austeridad y ajuste, son replicadas por los pueblos sometidos a esos crueles experimentos con luchas sociales y cambios electorales. Estos decretan la inutilidad de partidos tradicionales y la emergencia de otros. Algunos líderes son muy jóvenes. Tsipras tiene apenas 40 años. Iglesias, 36.

En un polo opuesto a estas apariciones progresistas, los comicios mostraron la permanencia, como tercera fuerza, del partido neonazi Amanecer Dorado, que tiene a buena parte de sus líderes en la cárcel por graves delitos. En la crisis europea hay un ascenso de formaciones ultra-reaccionarias, neonazis y xenófobas, como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia y otros en Austria, Alemania, Reino Unido y Ucrania.

Puede ser que Syriza no sea sino un remedio contra el fascismo, pero sí al menos una alternativa electoral que aglutine a muchas personas opuestas a propuestas tan xenófobas.

Con una victoria tan prometedora, ¿se pueden abrir algunos interrogantes sobre el nuevo gobierno? El cronista cree que sí, que hay dudas.

¿Con qué fuerza se plantará Tsipras frente a los reclamos de Alemania de que Grecia debe seguir tragando la medicina del ajuste? Este chantaje tiene fecha. El 28 de febrero vence un plazo para que el país renueve su adhesión a las metas de ajuste. Y si incumple se quedaría sin la cuota de "ayuda".

El líder de Syriza basó gran parte de su victoria diciendo que la deuda externa era impagable, de 320.000 millones de euros, equivalente al 177 por ciento del PBI del país. En algún momento de radicalización, él habló de no pago, luego bajó un cambio, planteando una moratoria parcial de los intereses, para afrontar un plan de emergencia social que estimó en 1.300 millones de euros de socorro a los griegos que peor la están pasando. "Que Grecia cumpla sus compromisos", tronó el presidente del Banco Central de Alemania. ¿Qué hará el flamante primer ministro?

La otra duda tiene que ver con que Tsipras pactó el apoyo de los nacionalistas de derecha (Griegos Independientes) para alcanzar una mayoría de 163 legisladores. Son los socios del derechista partido británico de la Independencia (UKIP). No pareció congruente con el inicio de una etapa a prueba de desengaños.

A argentinos memoriosos les puede sobrevolar el recuerdo del decepcionante Frente Grande-Frepaso. Ojalá que en Grecia la centro izquierda tenga algo de combatividad espartana.

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