miércoles, 7 de enero de 2015

Tiempo de aniversarios

Martín Lozada (RÍO NEGRO ON LINE)

Coinciden, en estos días, dos aniversarios trágicos. Uno cuyas conmemoraciones recién finalizan en Europa, relativo al centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial. El otro corresponde a los cien años transcurridos desde el inicio del primer genocidio del siglo XX, aquel sufrido por los armenios.

Para el historiador británico Eric Hobsbwam, la Primera Guerra Mundial inauguró la era de las matanzas. No es extraño, entonces, que para los británicos y los franceses aquélla sea aún la "Gran Guerra", más temible y todavía más traumática que la Segunda.

Los franceses perdieron casi el 20% de sus hombres en edad militar y, contando los heridos y los prisioneros de guerra, tan sólo un tercio salió indemne del conflicto. Esa misma proporción puede aplicarse a los cinco millones de soldados británicos. Gran Bretaña perdió una generación, medio millón de hombres que no habían cumplido aún los treinta años.

En las filas alemanas el número de muertos fue mayor aún que en el ejército francés. Las pérdidas aparentemente modestas de Estados Unidos (116.000) frente a 1,6 millones de franceses, casi 800.000 británicos y 1,8 millones de alemanes, ponen de relieve el carácter sanguinario del frente occidental.

Vale como muestra de ello que en la batalla de Verdún, entre febrero y julio de 1916, en una contienda en la que se enfrentaron dos millones de soldados, hubo un millón de bajas.

A partir de entonces el mundo se acostumbraría al destierro obligatorio y a las matanzas perpetradas a escala astronómica, fenómenos tan frecuentes que sería necesario inventar nuevos términos para designarlos, como "apátrida" o "genocidio".

Durante la Primera Guerra Mundial, Turquía dio muerte a un número de aproximadamente 1,5 millones de armenios, en lo que puede considerase como el primer intento moderno de eliminar a todo un pueblo. Evento que conmemora su centenario durante este 2015.

Cuando los otomanos entraron en la Primera Guerra Mundial junto con Alemania, los armenios no tardaron en ser sospechados de estar a favor de los rusos. Ante ello, los nacionalistas turcos se convencieron de que era una cuestión urgente "desplazar" o "eliminar" a esa minoría cristiana que desde hacía siglos vivía en su imperio y ahora le daba las espaldas a su ejército.

El 24 de abril de 1915 el Ministerio del Interior de Turquía publicó una orden que autorizó el arresto de todos los dirigentes políticos y sociales armenios sospechosos de albergar sentimientos nacionalistas. De modo que tan sólo en Estambul se capturó y ejecutó a 2.345 dirigentes armenios.

Al día siguiente, un despacho telegráfico originado en Londres y fechado un día antes informó sobre hechos ocurridos en la ciudad de Tabriz, por aquel entonces en poder de los turcos. Decía escuetamente: "La policía turca cumpliendo órdenes de las autoridades disparó contra los armenios haciendo una verdadera matanza entre ellos".

Posteriormente, una orden del gobierno central estipuló la deportación de toda la población armenia, la que sin posibilidad de cargar los medios para su subsistencia fue obligada a la marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, en las que la mayor parte de los deportados pereció víctima del hambre, la sed y las privaciones.

Los trabajos llevados adelante para lograr el reconocimiento internacional del genocidio armenio forman parte de un compromiso con la universalización de la catástrofe sufrida. Al respecto, Khatchik DerGhougassian sostiene que "para un pueblo que careció de un Estado nacional soberano hasta 1991, el ejercicio de la memoria y su externalización se realizó mediante la demanda del reconocimiento internacional del genocidio sufrido".

En términos simbólicos, los aniversarios suelen ser la ocasión para reeditar un drama o una gesta colectiva. Se trata de un volver a vivir los aspectos más sobresalientes de aquéllas y, a un mismo tiempo, de atribuirle sentido al curso de la historia que pasó.

Así sucederá con el centenario del genocidio armenio, a celebrarse durante este 2015 que recién se inicia. No en vano la violencia masiva entonces desatada constituyó una exposición espectral de los nacionalismos agresivos y los extremismos intolerantes que habrían de extenderse a lo largo del siglo XX.

Martín Lozada es Juez Penal - Catedrático Unesco en Derechos Humanos, Paz y Democracia.

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