miércoles, 21 de enero de 2015

Un suicidio que se agrega a una larga lista

Miguel Bonasso (AGENCIA WALSH)

Miguel Bonasso hace un rápido recorrido de los “suicidios” dudosos en Argentina.

Nisman se ha suicidado y este cuentito se ha terminado. En la Argentina del poder no existe el homicidio: uno se suicida o lo suicidan.

Hay una suerte de delivery de los servicios que detecta en el acto quien quiere suicidarse y lo ayuda a bien morir.

El brigadier Rodolfo Echegoyen se peleó con Yabrán y estaba tan deprimido que se vino a suicidar el día que se casaba su hijo.

Echegoyen, que dirigía la Aduana y estaba contra el narco se disparó con la mano derecha y el proyectil salió por el parietal derecho. Imposible.

El prefecto genocida Febres se “suicidó” con cianuro, justo cuando se llegaba a la etapa culminante de la Causa ESMA 1

Febres, conocido en la ESMA como “Selva” (porque “era todos los animales a la vez”) le robaba los bebés a las madres secuestradas.

Otro genocida, el teniente coronel Paul Navone también se “suicidó” en vísperas de una audiencia judicial en su contra.

El teniente coronel Navone, estaba acusado de haberse robado uno de los mellizos que tuvo en cautiverio Raquel Negro.

Durante el menemismo proliferó el “delivery” de suicidios. Uno de los “suicidas” fue el capitán de navío Horacio Estrada.

Estrada, verdugo de la ESMA, vinculado a Kohan y al escándalo de la venta de armas a Ecuador, se pegó un tiro muy raro.

El marino apareció muerto con un balazo de 38 en la sien izquierda a pesar de que era diestro. A su lado había una 9 mm.

Otro suicida famoso y singular de la era menemista fue Marcelo Cattáneo imputado en las coimas de IBM-Banco Nación.

Cattáneo, también vinculado a Kohan, se ahorcó con una cuerda de nylon cerca de la costa del Río.

Cattáneo “devoraba” literalmente los diarios:el cadáver tenía en la garganta un recorte de “La Nación” sobre el escándalo.

Antonio Horacio “Jaime” Stiusso supo evitarla depresión y el suicidio. Huyó del país tras dejarle las grabaciones a Nisman.

Yo aclaro rotundamente para que quede escrito (por las dudas): no pienso suicidarme por ningún motivo.

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