lunes, 5 de enero de 2015

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (CLXXIX): "El regreso de los muertos vivos"

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Como en esa película de ficción no nos podíamos imaginar, en aquel inolvidable 25 de mayo de 1973, cuándo junto a miles de compatriotas impedimos el desfile organizado por la Dictadura al grito "se van se van y nunca volverán", que se trataba de sólo un paso al costado de la expresión político militar de las clases dominantes para poner en marcha una nueva estrategia dirigida a frenar el ascenso del movimiento popular y revolucionario.

La conducción de esta había concertado un acuerdo con la fracción burguesa del peronismo y con la burocracia sindical, al que se sumó luego el "Viejo Líder", dirigido a generar un modelo económico en el que se mantuviera la dependencia y al mismo tiempo se redujera, paulatinamente, la presencia del Estado en la economía; para acomodar está a las recetas de la "escuela de Chicago".

Es en ese contexto que se dan la masacre de Ezeiza el 20 de junio, el surgimiento de la Triple A -el "Somatén" sugerido por Perón- y las intervenciones de este, ya ungido Presidente, el 20 de enero de 1974 en la que le declara la "guerra a la subversión apátrida" y el 1° de enero de ese año en la que defiende a la dirigencia pactista del movimiento obrero y se distancia, definitivamente, de las corrientes revolucionarias del Movimiento.

Todo este cuadro se completa con la decisión de María Estela Martínez de Perón de "militarizar" la provincia de Tucumán, en febrero de 1975, con una denominación pomposa: "Operativo Independencia".

La conducción de este le es confiada, en una primera etapa, el General Acdel Vilas.

Miles de efectivos del Ejército y la Aeronáutica, con el apoyo de la Gendarmería Nacional, desembarcan en la provincia que había sido la cuna de la primera independencia, en 1816.

El pretexto era la presencia de una unidad guerrillera del Ejército Revolucionario del Pueblo que operaba en los cerros tucumanos, pero en realidad se trataba de instaurar el terror aplicando la metodología aprendida en la escuela de los asesinos que era la famosa "Escuela de las Américas", en la que el Pentágono norteamericano, formaba a la oficialidad de los "ejércitos nacionales"; en la llamada "guerra contrainsurgente".

Vilas había sido uno de los mejores alumnos de esta, por lo que su primer paso fue abrir un "campo de tortura y exterminio" que autodenominara "La Escuelita"; en la localidad de Famaillá.

En los primeros días decenas de activistas obreros, campesinos y estudiantiles fueron detenidos bajo la figura de "secuestrados-desaparecidos" y sometidos a brutales torturas que, en algunos casos, los llevaron a la muerte.

Dirigentes políticos de partidos democráticos y sacerdotes del Movimiento que reivindicaba la Teología de la Liberación, fueron también victimados por los represores.

El local histórico de la FOTIA fue allanado y clausurado, disponiéndose la detención de sus principales directivos, que debieron pasar a la clandestinidad, para eludir la persecución.

En Buenos Aires, el equipo del Partido que integraba, decidió denunciar la situación que se vivía en la provincia norteña y como había llegado, clandestino, Leandro Fote, que fuera directivo histórico del sindicalismo de liberación de esa y electo diputado obrero en 1965, acordamos un encuentro para elaborar una agenda de visitas.

Vino a mi casa, "cerrado", a almorzar.

Como era "pelado", para disimular su calvicie, le habían colocado un peluquín en la cabeza que lo tenía a mal traer; además llevaba anteojos y vestía como un oficinista; lo que también le digustaba.

Acostumbrado a moverse libremente en los barrios y poblados de su provincia y a hablar en las asambleas de los ingenios, la ciudad le resultaba un "monstruo" grande, difícil de manejar.

Le trasmitimos con Alba la seguridad que lo acompañaríamos permanentemente y que le haríamos, la estancia en la misma, lo más tolerable posible.

Sería muy corta, ya que su decisión y la de la organización, era que se sumara a la Compañía de Monte "Ramón Rosa Jimenez".

La primera visita que hicimos fue al presidente de la Unión Cívica Radical Ricardo Balbín, que nos recibió acompañado por Antonio Trócoli.

Ambos representaban al sector más conservador del histórico partido; por lo que éramos conscientes que nos esperaba un encuentro difícil.

Escucharon con atención nuestra descripción de la represión legal y para legal, decidida por el régimen, y los peligros que acechaban a este, toda vez que la inclusión de las Fuerzas Armadas en esta, implicaba un paso previo para que los militares se hicieran con el poder formal.

Nos hicieron muchas preguntas, en un tono cortes pero severo, ratificando, en varias oportunidades, que condenaban el accionar armado de las organizaciones revolucionarias y esbozando, la que luego sería, la "teoría de los dos demonios".

Como no era nuestra tarea discutir con nuestros interlocutores que tenían una posición que conocíamos de antemano, les pedimos que condenaran el accionar represivo y fundamentalmente la actividad de la Triple A, que seguía asesinando activistas populares.

En esos días, dos integrantes de la Comisión Interna de la fábrica Rigolleau habían sido acribillados a balazos, luego de sufrir horribles torturas; "ejecutados" por los sicarios de la siniestra organización.

Sin mucha convicción, se comprometieron a hacerlo; reiterando sus diferencias con nuestra práctica.

Una situación absolutamente diferente vivimos en nuestras visitas a Oscar Alende, Horacio Sueldo, Raúl Alfonsín y Rafael Marino.

El primero nos recibió en su casa con muestras de gran afecto.

Al llegar nos encontramos, en la puerta, con Miguel Zabala Rodríguez; que realizaba la misma función que yo, pero en Montoneros.

Nos abrazamos efusivamente y se lo presente a nuestro amigo tucumano al que saludo con evidentes muestras de respeto por su trayectoria.

El "Bisonte" nos escuchó con atención y planteó que realizaría una conferencia de prensa para denunciar la represión desatada por el mando de las Fuerzas Armadas, acordando que esta injerencia, autorizada por un decreto presidencial, era sumamente peligrosa y ponía en peligro a esta democracia; acotada y limitada, en la que vivíamos.

Acordamos una nueva reunión en las cercanías del local del Partido Intransigente, horas antes de la reunión con la prensa, de la que participaría Rafael Marino; diputado nacional y un gran compañero.

Con Alfonsín tuvimos un resultado menos entusiasta, pero también un compromiso de denunciar la acción represiva.

En esas actividades y, en la preparación de la salida de la revista quincenal legal que editaríamos a partir de junio, transcurrieron aquellos días hasta el 20 de abril que debía viajar a Villa Constitución para hacer uso de la palabra en un acto organizado en esa ciudad en repudio al operativo " contra la serpiente roja del Paraná" lanzado, por la inquilina de la Casa Rosada, con el apoyo de Lorenzo Miguel.

En la mañana de ese día otoñal, bien temprano, llegamos a la Terminal con Paula, que se había ofrecido acompañarme, ya que me daría cobertura legal en el caso de que fuera detenido.

Tomamos un colectivo que hacía el trayecto Buenos Aires -Rosario pero que paraba en la Villa.

El argumento que le dimos al conductor del micro, para justificar el descenso en esa ciudad, era que mi acompañante me iba a presentar a su familia, ya que estábamos comprometidos.

Nos advirtió que la ciudad estaba militarmente ocupada y que nos dejaría en la ruta; ya que era peligroso ingresar a la misma.

Así fue y al llegar nos dimos cuenta que la situación era mucho más compleja que lo que habíamos pensado.

Automóviles "Falcon", sin patente, transitaban por las calles con personal de civil, que realizaban disparos, con armas de grueso calibre, para disuadir a los que pretendían concentrarse.

Simultáneamente encapuchados, que se identificaban como integrantes de la Triple A, ingresaban a las viviendas de los activistas populares e, incluso, de comerciantes de la zona, amedrentándolos y amenazando a sus familias.

En ese clima, irrespirable por los gases lacrimógenos, logramos hacer contacto con el Negro Segovia que nos adelantó que obviamente el acto no se hacía y que lo mejor era que tomáramos cualquier medio de transporte que nos alejara del lugar; ya que corríamos el riesgo de ser detenidos, en el mejor de los casos, o "secuestrados".

Nos aconsejó que fuéramos caminando hasta la ruta, eludiendo los retenes policiales, y abordáramos el primer ómnibus que pasara.

Caminamos varios kilómetros para salir de la zona ocupada y subimos al primer colectivo que pasó, que iba a San Nicolás.

En esa ciudad, ya un poco más tranquilos, y siendo conscientes de que habíamos corrido un serio peligro, luego de almorzar, conseguimos pasaje para seguir a Buenos Aires.

Al analizar el episodio en el equipo, ratificamos, una vez más, que los espacios democráticos se estaban cerrando y que debíamos evitar que eso ocurriera por lo que era muy importante editar la publicación que nos proponíamos.

Con ese contexto y, al mismo tiempo, que recibíamos con alegría, la noticia de la toma de Saigón por las tropas del Vietcong que ponía fin a la larga ocupación de las tropas estadounidenses. y en el marco de una profundización de la crisis económica y de un aumento de la protesta obrera, se cerraba aquél otoño en el que se avizoraban nuevas luchas y nuevas batallas.

¿Cómo se produjo el nombramiento de Celestino Rodrigo en la cartera de Economía? ¿Cuáles fueron sus primeras medidas que generaron un gran repudio popular? ¿En qué marco se produce el enfrentamiento entre la burocracia sindical y Lopez Rega? Estos y otros temas abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario "El Mundo" y de las revistas "Nuevo Hombre" y "Diciembre 20".

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