lunes, 12 de enero de 2015

Una esclava fugitiva del siglo XX

Manuel E. Yepe (especialpara ARGENPRESS.info)

“Me llamo Assata Shakur, y soy una esclava escapada del siglo XX. Debido a la persecución del gobierno, me quedé sin otra opción que huir de la represión política, el racismo y la violencia hacia las personas de color que dominan la política de Estados Unidos. Soy una ex-prisionera política y he estado viviendo en el exilio en Cuba desde 1984”.

Así comienza una carta abierta a los medios de comunicación negros y progresistas estadounidenses de quien se identifica como “una activista política casi toda mi vida. Aunque el gobierno estadounidense ha hecho todo lo posible por tipificarme como delincuente, no soy una criminal, ni lo he sido nunca. En la década de 1960, participé en las luchas del movimiento de liberación de los negros, el movimiento por los derechos del estudiante y el movimiento para poner fin a la guerra de Vietnam. Me uní a los Panteras Negras, organización que exigía la liberación total de los negros, a la que J. Edgar Hoover calificó como ‘la mayor amenaza para la seguridad interna del país’ y se comprometió a destruirla, así como a sus dirigentes y activistas”.

“Fui acusada falsamente en seis diferentes "casos criminales" y en los seis casos, al cabo del tiempo, fui absuelta o los cargos descartados porque las pruebas presentadas contra mí eran tan endebles y falsas que mi inocencia se hizo evidente”.

En su carta a los medios de prensa, publicada en la revista en línea Counterpunch el 30 de diciembre de 2014, la señora Shakur resume la sucesión de irregularidades habidas en el proceso contra ella desde los acontecimientos del 2 de mayo de 1973, cuando viajaba, junto con dos compañeros suyos, en un auto que fue detenido, supuestamente, por tener una "luz trasera defectuosa". Uno de sus compañeros, salió del auto para indagar por qué los habían parado, en tanto el otro permaneció con ella en el vehículo.

Afirma que un policía estatal llegó entonces al coche, abrió la puerta y comenzó a interrogarles. Dijo que, por ser negros y viajar en un auto con matrícula de Vermont, se les hicimos sospechosos. Acto seguido extrajo su arma, les apuntó y les ordenó poner las manos en alto delante de sus cuerpos, donde él pudiera verlas. En ese momento se escuchó un estruendo que venía de fuera del coche y Assata se sintió herida de un disparo en sus brazos alzados y luego escuchó otro, desde sus espaldas.

Zayd Malik, uno de sus compañeros, fue muerto en el tiroteo y, también lo fue el agente Werner Foerster. Aunque otro agente admitió haber disparado y dado muerte a Zayd Malik, al amparo de una legislación de Nueva Jersey que exonera a militares acusados de matar a autores de delitos graves, Assata fue culpada de ello, pese a que era su amiga y compañera más cercana. A ella le cargaron igualmente la muerte del agente Foerster.

Sundiata Acoli, el otro compañero que viajaba en el coche con Assata, fue capturado más tarde y también fue acusado de ambas muertes. “Pero ni el ni yo hemos recibido un juicio justo”, dice la carta a los medios de Assata Shakur. “Se nos condenó antes de conocer de nuestras pruebas. A ningún medio de comunicación le fue permitido entrevistarnos, mientras la policía de Nueva Jersey y el FBI suministraban sus versiones cotidianamente a la prensa. En 1977, fui condenada por un jurado todo blanco a prisión de por vida, más 33 años.

“En 1979, temiendo que pudiera yo ser asesinada en la cárcel y sabiendo que nunca recibiría justicia, fui liberada de la prisión con la ayuda de un comprometido grupo de compañeros que entendían la profundidad de las injusticias en mi caso,” explica Assata Shakur en su carta a la prensa.

“Como la mayoría de las personas pobres y oprimidas en Estados Unidos, no tengo voz. Los negros y la población pobre estadounidense no tienen libertad de expresión; no hay verdadera libertad de expresión y muy poca libertad de prensa en nuestro país.

“Yo soy sólo una mujer. No soy dueña de estaciones de televisión ni de radio, o de periódicos. Pero siento que las personas necesitan entender lo que está pasando y conocer la conexión que existe entre los medios y los instrumentos de represión en Estados Unidos. Como no tenemos voz, ustedes deben ser la voz de los sin voz”.

La luchadora estadounidense por los derechos de los negros, que vive hace 30 años como exiliada política sin hacer vida pública alguna, finalizó su carta con “saludos revolucionarios desde Cuba, uno de los más grandes, resistentes y valientes palenques (Maroon Camps) que haya existido en la faz del planeta”.

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