martes, 24 de febrero de 2015

A propósito de las generalizaciones y sus consecuencias

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

En el informe del Banco Mundial 2015, de próxima difusión bajo el título: "Mente, Sociedad y Conducta", a la vez que se retoma principios de la antropología aplicada, se incorporan nuevas aportaciones de la sociología y la ciencia política, y se suman viejas reflexiones sobre la incidencia de la cultura en la conducta de los individuos, se plantea la necesidad de diferenciar entre el pensamiento automático y el deliberativo, profundizado con los nuevos conocimientos aportados por la neurociencia, la ciencia cognitiva y la psicología.

El informe igualmente advierte sobre las desventajas que genera la preeminencia del pensamiento automático sobre el deliberativo, derivado, entre otros factores, por cuanto: "En su mayoría, las personas se consideran principalmente pensadores deliberativos, pero por supuesto tienden a pensar en su propios procesos de pensamiento de manera automática y bajo la influencia de modelos mentales heredados (.....). En realidad, el sistema automático influye en la mayoría de nuestras apreciaciones y decisiones, a menudo de manera contundente e incluso decisiva. La Mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, no tienen conciencia de muchos de los factores que influyen en sus decisiones". A lo que agrega el BM una falta de consideración, igualmente habitual de que: "La cultura influye en las decisiones individuales, porque actúa como un conjunto de esquemas de significado interrelacionados que las personas emplean cuando actúan y toman decisiones", ya que: "Los modelos mentales y las creencias y prácticas sociales suelen arraigarse profundamente en los individuos. Tendemos a internalizar aspectos de la sociedad dándolos por sentado como si fueran <<hechos sociales>> inevitables".

Ahora bien, cuando las reflexiones anteriores respecto al pensamiento automático y al deliberativo se aplican en el campo de la comunicación social, principalmente en el caso de la propaganda política, se observa el direccionamiento al pensamiento automático, para lo cual se prioriza el uso de símbolos, eslóganes, carentes de elementos propios de una comunicación deliberativa. Forma de comunicación que, en el mejor de los casos, amplia su espacio mediante debates en los cuales valen más las acusaciones y las promesas no respaldadas a la exposición y defensa de programas ideológicos y políticos, por lo que actúan más sobre el subconsciente que sobre el consciente de los receptores de los mensajes, en procura de lograr fáciles adhesiones.

Cuando la práctica antes mencionada se mantiene durante el ejercicio del poder político, dado el vacío conceptual ideológico y político que propicia, termina aupando el oportunismo de todos aquellos que buscan la ocasión para convertir a la política en un recurso para ascender en la escala social, sin ataduras que les impida, si el proyecto político en el cual hoy buscan refugio pierde sustentabilidad, buscar otros derroteros, como bien lo ejemplifica la historia personal de una parte de los militantes que hoy, en el Ecuador, se declaran irrestrictos militantes de Alianza País, en similar actitud con la cual obraron antes en otros partidos: Pachakutik, MIR, Democracias Cristiana, Partido Socialista, Izquierda Cristina, Sociedad Patriótica, Ruptura de los 25 años, Partido Comunista, cuando no pronunciaron actos de fe en varios de los partidos y movimientos citados. Oportunismo que, por cierto, en circunstancias en que el país enfrenta dificultades como las que actualmente confronta, se manifiesta, por ejemplo, en una falta de solidaridad social concreta en sintonía con medidas propuestas por el Ejecutivo, preanuncio de un debilitamiento de la falsa adhesión ideológica y política, así como del supuesto compromiso con los más débiles y con su futuro, puesto que anteponen sus intereses económicos personales y familiares a los de la sociedad en su conjunto, compromiso que nadie pone en tela de duda en el caso del Presidente Correa.

Adicionalmente, debemos señalar que la práctica comunicativa política que pospone el pensamiento deliberativo, tiene otra arista de mayor importancia: la aceptación de los planteamientos, propuestas y ofrecimientos sin mayor reflexión por parte de los receptores de los mensajes, quienes así operan, en unos casos, por los beneficios de los que han sido objeto o por ser testigos de los mismos, o por una repudiable sumisión de los beneficiarios del oportunismo, para quienes la sumisión a los dictados del líder se convierten en la moneda mayor para mantenerse en posiciones indebidamente ostentadas, por lo que no dudan en declarar la casi infalibilidad de los mensajes comunicacionales del líder, sean éstos del carácter que sean, sin percatarse o percatándose, que tal actitud incentiva el caudillismo, con todas las consecuencias negativas que ello conlleva, principalmente para mantener la base social sólida que reclama todo proceso transformador.

Ante todo lo antes mencionado, es necesario abandonar el silencio. Es ineludible optar por la palabra y precisar las observaciones que propicien un discurso político que consolide la base social y política, por las deliberaciones que genere y las consecuentes adhesiones conscientes que se deriven de ellas. En esta línea, es prudente insistir en una realidad innegable: los hombres constituimos "circuitos cerrados" diferenciados, con cuerpos ideológicos y políticos distintos, con niveles de conocimientos igualmente diversos, con sustratos culturales incluso discrepantes, que determinan, en nuestra condición de receptores, entendimientos y aceptaciones distintas de los mensajes comunicacionales, cuanto más si los emisores de los mensajes acuden, por ejemplo, a generalizaciones, forma habitual que asume el discurso político en nuestro medio y en otros países de América Latina. Generalizaciones que al omitir matices, no definir diferencias, se constituyen en un error del cual se derivan incluso implicaciones políticas negativas, contrarias a los objetivos perseguidos con el acto comunicacional. Buenos ejemplos que ilustran lo inadecuado del uso de generalizaciones, exentas de las diferencias y precisiones indispensables, así como de las consecuencias inadecuadas que genera ese recurso comunicacional cuando se ejerce el poder político, constituyen en nuestro medio y en días recientes las tesis expuestas por el Presidente de la República en cadenas nacionales, sobre la juventud y la experiencia, y, la necesidad de avanzar en propuestas para corregir el caos y la desigualdad e inequidad en las cesantías y pensiones militares y policiales.

Pronunciamientos sobre los cuales centra su atención el análisis que se expone en los puntos subsiguientes, los cuales atienden al rol y a la conducta que debemos todos aquellos que cumplimos tareas intelectuales, como lo enseña Enzo Traverso cuando afirma que: "El intelectual cuestiona el poder, objeta el discurso dominante, provoca la discordia, introduce un punto de vista crítico. No sólo en su obra (....) sino también y sobre todo en el espacio público", por lo que: "A menudo también debe asumir las consecuencias de sus elecciones". Cita de la cual hemos de resaltar la introducción de puntos de vista crítico en el espacio público, definido por Habermas como en el espacio intermedio entre la sociedad civil y el Estado; entre la esfera de lo privado y la esfera de las instituciones públicas. Responsabilidad que asumimos, sin prevención alguna, seguros de la existencia de la suficiente madurez y sensibilidad en lo más alto del gobierno nacional para aceptar críticas, e incluso para, de considerarlas pertinentes, introducir los correctivos que amerite la práctica observada.

Juventud y experiencia

La afirmación presidencial de que preferiría la juventud ante la experiencia, obvia una serie de elementos conceptuales que explicarían lo rotundo de dicha expresión, los cuales no deben ser ajenos al primer mandatario por su condición de docente que inevitablemente exige conocer todo lo relacionado con la teoría del conocimiento, la cual enseña que la experiencia positiva, no es otra cosa que la acumulación de conocimientos teóricos, comprobados y validados, por su contrastación con la realidad objetiva, por lo que no es posible descartarla sin referir a su importancia para el desarrollo humano. Condición que vuelve a la experiencia en una condición socialmente apetecible, por lo que la expresión presidencial no puede tener como intención su descarte. Desde esta perspectiva, la preferencia por los jóvenes, sólo se explica por la urgencia de que se creen las condiciones para que los jóvenes "probenr" sus conocimientos sobre la realidad. Propuesta que, de ninguna manera, debe entenderse como contradictoria con los experimentados, sino, por el contrario, como una demanda de complementariedad, por lo que el supuesto privilegio de los jóvenes sobre los experimentados, tampoco procede.

Si el pronunciamiento presidencial tuvo como objetivo el privilegiar a los jóvenes ante quienes alcanzan o superan los 70 años definidos como el umbral para la jubilación obligatoria, como puede inferirse de la pregunta que se formulara el Presidente sobre su propia persona, es igualmente improcedente si se considera la realidad que demuestra la importancia del ejercicio activo para la sociedad, en varias áreas del conocimiento, de muchos de sus miembros que han superado ese umbral, precisamente por su experiencia, por su capital de conocimientos acumulados, cual es el caso, por ejemplo de los profesores universitarios investidos como eméritos; una serie de científicos entre los cuales no puede dejar de citarse a Albert Einstein; investigadores y profesionales de alta especialización; políticos como Mandela, Ghandi, Fidel Castro, Pepe Mujica y el largo etc; literatos como García Márquez, Cortazar, Benedetti, Borges, y muchos otros más como lo demuestra y comprueba la realidad y práctica social diaria.

Adicionalmente, es posible conjeturar, sobre la base de los indicios que proporciona la estructura por edades de las listas de candidatos que propuso Alianza País en las últimas elecciones, que el Presidente de la República intenta prevenir sobre la necesidad de impulsar un proceso de recambio generacional político, como respuesta a las acciones que para el recambio generacional desarrollan las fuerzas de la derecha opositora desde hace algunos años atrás, tanto en el Ecuador como en otros países de América Latina, como lo hemos denunciado en diferentes oportunidades. Si esta es la intención del discurso presidencial, es evidente que no lo explicita, no la explica en todo su contexto, a pesar de insistir en forma constante en los esfuerzos y avances que constata, orientados a crear condiciones para la restitución conservadora.

En consecuencia, si se aceptan los postulados antes expuestos, es posible sugerir que el Presidente de la República debería matizar y ampliar sus propuestas y planteamientos en procura de una mejor comprensión de las mismas, ya que, su omisión, puede llevar a convicciones tales como si existiese el propósito de prescindir de todos los experimentados que superen el umbral de los 70 años; la calificación como innecesaria de la debida complementariedad entre la experiencia y la necesidad de trasmitirla para que sea acopiada por los jóvenes; la jubilación obligatoria de experimentados maestros, investigadores, escritores, etc. cuyo aporte social es todavía invalorable.

La consecuencia negativa de esta limitada forma de comunicación, como ya lo comprobaron los hechos, es, por ejemplo, la falta de médicos especialistas o de profesores universitarios calificados por renuncias a causa de la edad alcanzada. Consecuencia que podía haberse evitada si se optaba por un mensaje comunicacional más amplio, explicativo, que hubiese permitido reconocer todos los contenidos que sustentan los pronunciamientos presidenciales.

Igualdad y equidad

Si hay un ámbito en el cual predomina el pensamiento automático, la respuesta automática ante un planteamiento, cualquiera sea su contenido, y más cuando no es suficientemente explicado en sus alcances, es el referente a las igualdad y a la equidad. Posición que se explica por el largo recorrido de la lucha por alcanzar la igualdad y equidad que registra la historia humana, desde que se entronizaron sus contrarios: la desigualdad e inequidad, con el aparecimiento de grupos sociales que se apropian indebidamente de gran parte de la riqueza generada socialmente, sobre la base de diferentes formas propiedad, cuyo nivel más alto es la propiedad privada de los medios de producción, medio que posibilita y profundiza la desigualdad, la inequidad e injusticia, con caracteres cada vez más profundos, hoy a escala global.

Lo antes descrito, en la historia humana conforma, de contraparte, movimientos de todo tipo que luchan por erradicar o por lo menos morigerar la situación infamante brevemente descrita. Todos estos movimientos políticos y ciudadanos inciden en el imaginario ciudadano, con mayores o menores demandas, incluso con un igualitarismo a ultranza, propugnado equivocada y principalmente por los partidos y organizaciones de izquierda, por el olvido de que la igualdad, perseguida con fuerza en la primera etapa de la transformación socialista para reducir o morigerar la desigualdad, en un segundo momento reconoce la equidad en consonancia con la realidad objetiva que pone de relieve las diferencias entre los hombres, como lo apreciaba Marx cuando explícitamente afirmaba: "Debo (...) aprovechar esta ocasión para hacer constar que, del mismo modo que el costo de producción de fuerzas de trabajo de distinta calidad es distinto, tienen que serlo también los valores de la fuerza de trabajo aplicada en los distintos oficios.
Por tanto, el clamor por igualdad de salarios descansa en un error, es un deseo absurdo, que jamás llegará a realizarse. Es un brote de ese falso y superficial radicalismo que admite las premisas y pretende rehuir las conclusiones", ya que: "Dentro del sistema del salario, el valor de la fuerza de trabajo se fija lo mismo que el de otra mercancía cualquiera; y como distintas clases de fuerza de trabajo tienen distintos valores o exigen distintas cantidades de trabajo para su producción, tienen que tener distintos precios en el mercado de trabajo".

Por lo antedicho, el solo anuncio de reformas para instituir la igualdad en el caso de la cesantía de los militares y policías, sin señalar que aquella no constituyen otra cosa que un propósito que aún no cuentan con contenidos claramente definidos, que su puesta en vigencia requiere cumplir previamente todo un largo proceso legislativo, por lo que su aplicación no es ni puede ser inmediata, se muestra inadecuada, cuanto más que el principio sobre la "irretroactividad de la ley", contrariamente a lo que se piensa, no es materia que domina toda la ciudadanía como muchas veces se presume, por lo que no se discierne claramente que la aplicación de las reformas propuestas no afectarán a los actualmente miembros activos de las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional. Si a ello se agrega que tampoco se explica el sustrato solidario que implica la propuesta sobre la instauración de una igualdad en la cesantía, como ya se aplica en el caso de los trabajadores civiles, genera un efecto negativo: el incremento de las solicitudes de retiro de las filas de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, que debilitan a estas instituciones.

El igualitarismo, por la propia fuerza que impone la transformación progresista democrática, de clara orientación social que conduce el Presidente Rafael Correa, induce a centrar la atención en la igualdad, desatendiéndose de la importancia complementaria e ineludible de la equidad. Posición que olvida que la igualdad dice a la igualdad de derechos y oportunidades para todos nuestros conciudadanos en todos los ámbitos, como lo explicita el texto constitucional, pero que, de ninguna manera, implica desconocer las diferencias que son consubstanciales a todos y cada uno de los miembros de nuestra nación. Visión que es de especial importancia en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional, toda vez que en estas instituciones su observancia determina la aplicación de los escalafones y constitución de jerarquías. Efectivamente, en tanto la igualdad se manifiesta en el derecho y oportunidad que disponen todos los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional un determinado rango para ascender al grado s
uperior, la equidad se manifiesta en la consideración de las diferencias que registran los postulantes al ascenso en su vida militar, parámetros bajo los cuales se produce la promoción de un número predeterminado de miembros al grado superior. Proceso del que se deriva y permite la conformación de la estructura jerarquizada de esas instituciones.

Ahora bien, cuando los mandos inferiores carecen de una explicación exhaustiva sobre los verdaderos alcances de las expresiones del Presidente de la República, automáticamente se alinean con el igualitarismo y demandan su aplicación incluso por sobre la estructura jerarquizada de estas dos instituciones, lo que termina por afectar a la disciplina institucional, manifiesta en posiciones personales de insubordinación, que afecta al liderazgo de los mandos, de especial relevancia en estas dos instituciones.

Desde otra perspectiva, y en relación a las pensiones jubilares, es igualmente menester señalar, sobre la base del contenido de la cita de Marx antes expuesta, que siendo los salarios diferenciados lo son también las aportaciones de los miembros de las dos fuerzas, por lo que la malhadada pretensión de que las pensiones de jubilación sean iguales para todos, también es improcedente. Postulado que, en honor a la verdad nunca hemos escuchado a expresado el Presidente de la República, por lo que tales "aspiraciones igualitaristas", son nuevamente producto del pensamiento automático, no deliberativo, principalmente de los militares y policías en servicio pasivo.

En conclusión, siendo el tema de la igualdad y de la equidad, de gran trascendencia social, es necesario poner especial énfasis en precisar los conceptos, ya que, en caso contrario, pueden producirse efectos negativos en el seno de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional como los mencionados, muchas veces incentivados por la constatación de las desigualdades que se observan todavía en nuestro país, como por el igualitarismo que hemos criticado en párrafos anteriores, o por la incidencia que pretenden ejercer políticos de varias bancadas de oposición.

Conclusiones

- El propósito del presente análisis tiene como objetivo advertir que en todo conglomerado social, existen sectores que carecen de un instrumental analítico que les permita juzgar adecuadamente las declaraciones de quienes ejercen el poder político, por lo que acuden al pensamiento automático, con consecuencias negativas, no compatibles con el objetivo perseguido por quien las pronuncia.

- En el ejercicio del poder político es recomendable que las propuestas adopten un cometido pedagógico, didácticamente expuesto, con contenidos explicativos amplios y suficientes que induzcan a la reflexión de los receptores de los mensajes comunicacionales, a una adhesión consciente de las propuestas, tipo de adhesión indispensable para consolidar la base social que otorga sustentabilidad al proyecto político de transformación progresista que lidera el Presidente Rafael Correa.

- La consolidación de un liderazgo político saludable, ajeno al caudillismo, sólo es posible cuando el líder asume el rol del gran conductor, del estadista guía, del maestro que enseña, del compañero que delimita claramente los derroteros a seguir. Todo lo cual sólo es posible cuando se abandonan los recursos comunicacionales propios de las actividades propagandísticas de las campañas políticas, reemplazándoles con propuestas amplias y suficientemente detalladas que eviten equívocos, la adjudicación deliberada e irresponsablemente dobles sentidos o la manipulación por parte de la oposición, ávida de debilidades expositivas que les permita sobrevivir en un escenario político que les es totalmente adverso.

- El privilegio del pensamiento deliberativo reclamado conduce, inevitablemente, a auto cuestionamientos ideológicos y políticos de todas los receptores de los mensajes comunicacionales, lo que opera como una suerte de tamiz que termina por eliminar de las filas de las fuerzas políticas alineadas con el proceso transformador, a todos quienes se alinean por intereses oportunistas, secundarios, adictos a la proclama fácil, a la repetición de frases hueras, lo que les inhibe de argumentar a favor de las propuestas del líder que le son ajenas.

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