miércoles, 11 de febrero de 2015

Argentina, Córdoba. Megacausa La Perla: La connivencia entre patronales y grupo de tareas

Katy García (PRENSA RED)

Durante la audiencia declararon tres testigos. El exmédico de la maternidad provincial, Héctor Uchina, el ex dirigente del Sindicato de Perkins, Carlos Higinio Ríos, y Manuel Eduardo Malik De Tchara.

En el recinto del TOF1 se llevó a cabo la segunda audiencia desde que se reanudó el megajuicio que investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos en los campos de concentración La Perla y La Ribera.

En la jornada del martes se receptaron tres testimonios. Dos médicos lo hicieron como testigos. En tanto que Carlos Ríos lo hizo como víctima del terrorismo de Estado. La complicidad empresarial en la caza de militantes surge claramente de los hechos narrados. El testimonio breve del testigo Malik De Tchara también da cuenta de la provisión de carpetas con datos sobre identidades políticas desde instituciones como la UNC. En tanto que el obstetra Uchina se mostró controlado y falto de memoria.

Carlos Higinio Ríos fue detenido durante el terrorismo de Estado en dos oportunidades. El ex obrero y miembro de la Comisión Directiva del gremio de motores livianos Perkins ingresó a la fábrica en 1969. A los dos años, dijo, que junto a un grupo de compañeros avanzaron en la formación de un movimiento de renovación sindical. “Nos reuníamos en el tercer piso de Luz y Fuerza y fuimos ganando espacio gremial. Empezamos a sumar delegados hasta que conformamos una lista y ganamos las elecciones”, contó.

“Como Comisión Directiva llevamos a cabo varias medidas gremiales, como el control obrero de la producción”. Esta decisión, consideró, fue estratégica para la firma del convenio colectivo de trabajo. “Conseguimos el mejor convenio de la época que contenía lo salarial y las condiciones laborales y alcanzaba a 1300 trabajadores y a otros 300 que trabajaban en Buenos Aires”, destacó.

Caracterizó al sindicato como plural y a la vez diverso porque confluían distintas militancias políticas. Integraron el Movimiento Sindical Combativo y la Mesa de Gremios en lucha y apoyaron la fórmula Obregón Cano –Atilio López.

Connivencia

Ríos destacó que tras el golpe institucional que derrocó al gobierno popular de Obregón Cano y Atilio López – conocido como Navarrazo-, la comisión directiva íntegra fue detenida en 1974. Menos él porque fueron a buscarlo a la casa de sus padres. Hacía poco tiempo que estaba casado y no había informado a la empresa su nuevo domicilio.

“Ahí nos dimos cuenta de la connivencia entre la patronal y el grupo de tareas que tenía una lista”, expresó ante el Tribunal. Esta situación y la amenazas recibidas desde el Comando Libertadores de América los obligó a convocar a una asamblea donde se decidió tomar ciertos recaudos especialmente cuando circulaban.

El 27 de marzo de 1975 con su esposa embarazada fueron a visitar a su primo Jorge Ríos. No lo encontraron. Una vecina les avisó que posiblemente estaban en el fondo, en la casa de la suegra. Así fue. La esposa del primo los hizo pasar al living. Al rato, “Golpean la puerta y entra una gente armada. Me ponen contra la pared y me apuntan con un arma”, relató. Su esposa advierte que en ese operativo se encontraba “el Negro Totém Pereyra”, un amigo del barrio con quien solía jugar al básquet. Resultó que era policía.

-¿Que haces aquí? Le preguntó Totém y le dijo “esta casa está cantada, hay una reunión del ERP”. Le dijo que hablaría con el oficial. Pero lo llevaron al D2.

“Sabía que era policía pero no que era un torturador”, expresó el testigo.

En el D2 lo esposaron y llevaron a un patio. Pasó dos días tirado “muerto de hambre y de sed, boca abajo, en el suelo”. Desde ahí vio que pasaba alguien con zapatillas de básquet. “Pereyra dame un poco de agua”, pidió, y “me llovieron patadas y golpes y me decían zurdo, gordo de mierda” y le aplastaron los dedos con la pata de un escritorio.

Después de torturarlo le mostraron la foto de un expediente y le preguntaban quien era y qué hacía. “Es Pancho Figueroa, de Perkins, trabaja en la línea de cigüeñales”, les respondió. La respuesta “los volvió locos” y le siguieron pegando porque la pregunta iba dirigida a conocer dónde militaba. Además le preguntaban por el secretario general Agüera y por Juan Villa que en ese momento era miembro de la comisión interna.

En otro tramo del relato que duró casi una hora contó que cuando fue al baño pudo ver a (Higinio) Toranzo con quien se reencontró en la UP1 cuando lo secuestraron por segunda vez. Mencionó a los detenidos Charles Moore y a su esposa Mónica, y a Pipo Romero. Y dijo haber escuchado los nombres de Tucán (Yanicelli), Gato (Gómez) y de un tal Sérpico.

A los días lo llevaron al despacho de (Fernando) Esteban, uno de los jefes del D2. “Un señor grande, canoso, de anteojos y me dijo: habló por vos Quatrocchi, para que no te peguen más”. El testigo manifestó que tras “sermonearlo” diciéndole “qué hacés en un sindicato de zurdos, si venís de una familia peronista”, fue dejado en libertad el 16 de abril de 1975.

Certificado

Tras el periplo vivido se dirigió a la fábrica. “Vos sos un extremista integrante del ERP. Si no traés un certificado de la policía no te dejo entrar”, le dijeron en la puerta. Tuvo que volver al temible D2. Lo atendió el escribiente Rosales quien no salía de su asombro porque había regresado al lugar. Le hizo el certificado. En ese momento ingresaron Totém Pereyra y su madre la Tía Pereyra famosa por la ferocidad con que actuaba.

El testigo fue detenido por segunda vez en enero de 1976 y llevado al D2, la UP1 y luego a la cárcel de La Plata donde permaneció hasta mediados de 1980. Cabe recordar que declaró en la causa Videla. Su testimonio fue clave en el esclarecimiento de la muerte de Paco Bauducco fusilado en el interior de la penitenciaría a manos del Cabo Pérez.

El exdirigente de Perkins reiteró como lo hizo en el juicio Videla que en las detenciones ilegales y las desapariciones hubo complicidades de los sectores “eclesiásticos, empresariales, la prensa misma y la justicia”.

Mientras estaba detenido en la UP1 junto a Juan Carlos Polanco tomó conocimiento de las desapariciones y asesinatos de los miembros de la comisión directiva del sindicato: Pedro Ventura Flores, Adolfo Lujan, José Antonio Apontes, Hugo Alberto García, Víctor Hugo González, Guillermo Pucheta y César Jerónimo Flores.

Un grupo de compañeros sobrevientes de aquella época lo acompañó y aplaudió al finalizar su testimonio. El fiscal solicitó que la declaración sea enviada a la fiscalía para que sea considerado víctima del terrorismo de Estado.

“No recuerdo”

Héctor Uchina, médico obstetra, fue citado por pedido de la querella de Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba. El minucioso interrogatorio preparado por las abogadas María Teresa Sánchez y Mariana Paramio obtuvo respuestas breves y genéricas. En general dijo no recordar prácticamente nada aún cuando se desempeñó en la Maternidad provincial desde 1969 a 1977 y en el Policlínico Policial desde 1973 en adelante.

Cuando la abogada le preguntó si había atendido a detenidas políticas embarazadas dijo que “Atendía todos los partos”. Manifestó que a través de comentarios se enteró que “había un pabellón donde había detenidas”. Dijo que no conocía como funcionaba ni quienes trabajaban y aseguró que nunca vio a una paciente “esposada”. Se le insistió si alguna vez escuchó comentarios sobre el tema y manisfestó que “Nosotros en los pases de guardia posiblemente hablamos de eso pero no contactamos ni íbamos a esa parte del sector”, afirmó.

Se le presentó un cuaderno de guardia donde consta que el 6 de julio de 1976 junto a un practicante de apellido Furque habían atendido el parto de la presa política Susana Caglieris de Noguera el 7 de julio.

En este punto, intervino el presidente del tribunal Díaz Gavier quien le explicó que los datos estaban consignados en el cuaderno que llevaba su firma pero tampoco lo recordó. Sobre como influyó el Golpe de Estado en las prácticas cotidianas expresó que “Posiblemente si hubo cambios. Pero nosotros seguíamos en la misma guardia”.

Comunista

Tras un breve cuarto intermedio declaró el médico Manuel Eduardo Malik De Tchara. El testigo fue interrogado por el fiscal Trotta específicamente sobre la función que ocupaba el imputado Luis Alberto Quijano en 1976.

“Estaba como comandante de Gendarmería y estaba en el regimiento que queda en el parque en la parte de investigaciones o algo por el estilo”, afirmó.

El testigo era vecino de Quijano. Contó que indirectamente lo supo porque una vez lo llamó por teléfono para preguntarle sobre sus antecedentes en el Hospital San Roque porque tenía en su poder una carpeta que venía de la Universidad Nacional de Córdoba donde constaba que era “comunista”.

“Es una barrabasada”, dijo que le respondió en ese momento y le explicó que cuando era jefe de trabajos prácticos en la cátedra de semiología tuvo un altercado con el jefe y se tuvo que ir. Y recordó que Quijano le dijo entonces que no se preocupara.

Este testimonio viene a confirmar que el imputado realizaba tareas en el Departamento de Inteligencia 141. Por otra parte, aparece el tráfico de información entre una institución y el sector de inteligencia.

La próxima audiencia se realizará el 18 de febrero a las 10.

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