viernes, 20 de febrero de 2015

Argentina, Salta: El día que la intolerancia disparo 40 perdigones contra un anciano Cacique Wichí

COPENOA

El relato nos sitúa en el año 2005 durante la tercera gobernación de Juan Carlos Romero, actual Senador Nacional, y candidato a la Gobernación en estas próximas elecciones. Los originarios denunciaban el avance de la deforestación indiscriminada por parte de empresarios sojeros y poroteros, la depredación y la política de alambrados en tierras ancestrales con el consentimiento del gobierno de la provincia en aquellos años, estrategia gubernamental que no se ha modificado.



El 15 de julio de ese año el Cacique Wichí José Galarza de 73 años, tuvo que ser trasladado al hospital San Bernardo de la capital salteña debido a las graves heridas de perdigones de balas de goma que recibió cuando su comunidad, situada en Pozo Nuevo, a 35 kilómetros de Tartagal cabecera del Departamento San Martin, al norte de Salta, fue brutalmente reprimida por ochenta efectivos de la guardia de infantería de la policía de esta provincia, la que ingreso a tierras indígenas con autorización del Juez provincial Nelson Aramayo para rescatar una camioneta de un empresario que cercaba con alambres las tierras habitadas por los originarios. Los Wichís mantenían retenida la camioneta por el avance de los desmontes.

En aquellos lamentables incidentes, el abuelo cacique de 73 años, José Galarza fue herido en su cuerpo por cuarenta perdigones de goma disparados por policías, que le ocasionaron la quebradura del quinto metacarpiano y la perdida de piel. Ante la gravedad de las heridas producidas por los balazos que, según los especialistas médicos, no revisten antecedentes, siendo el cacique sometido ante la gravedad de las heridas a una operación reconstructiva.

En aquellos lamentables incidentes, el abuelo cacique de 73 años, José Galarza fue herido en su cuerpo por cuarenta perdigones de goma disparados por policías, que le ocasionaron la quebradura del quinto metacarpiano y la perdida de piel. Ante la gravedad de las heridas producidas por los balazos que, según los especialistas médicos, no revisten antecedentes, siendo el cacique sometido ante la gravedad de las heridas a una operación reconstructiva.

Entre los numerosos impactos, el Cacique Wichí recibió a quemarropa tres impactos de cartuchos de Itaka, una perdigonada que impacto sobre su hombro izquierdo y su cara, el segundo sobre sus pies y el tercero en la mano izquierda.

El anciano camino cinco kilómetros junto a los heridos de la represión entre ellos mujeres y niños, para encontrar un vehículo que los trasladaría al hospital de Tartagal distante a treinta kilómetros.

Los médicos que atendieron al Cacique Wichí José Galarza, afirmaron que los disparos fueron realizados a menos de dos metros. Galarza fallecería luego por consecuencias de las heridas producidas por los disparos recibidos durante la represión.

Tanto la justicia de esta provincia como el gobierno de Romero en aquellos años, y el de Urtubey ahora investigo lo sucedido.

Galarza en el informe 2006 de amnistía Internacional

La fotografía de las heridas de balas de Galarza e informes periodísticos que realizo el periodista Marco Díaz Muñoz para la Agencia de Noticias Copenoa fueron reproducidos por medios nacionales e internacionales y la Organización Amnistía Internacional público en su informe anual 2006 el caso Galarza, detallando “José Galarza, de 73 años, cacique del pueblo indígena wichi en Pozo Nuevo, provincia de Salta, resultó gravemente herido al ser alcanzado por los perdigones de las balas de goma disparadas por la policía cuando ésta entró en tierras de los indígenas para recuperar el vehículo de un hacendado.

Los wichis se habían apoderado del vehículo para protestar por el alambrado de unas tierras que, según ellos, pertenecían a su comunidad”. Se lee en el informe de Amnistía.

Los jueces provinciales que actuaron y actúan en de Salta, demuestran en los hechos que los derechos y garantías de los pueblos originarios son letra muerta en la realidad y que al momento de sus fallos demuestran en ellos su dependencia al poder político de turno.

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