viernes, 20 de febrero de 2015

Brutal presión de la Unión Europea contra Grecia

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)

De acuerdo con las informaciones del miércoles 18, el Eurogrupo y Grecia habrían llegado a un compromiso acerca del llamado ‘plan de rescate’, que ha condicionado la economía griega a un feroz plan de ajuste. La delegación de Grecia denunció un procedimiento mafioso de parte, en especial de Alemania, que modificó sin avisar el borrador que había sido acordado con Pierre Moscovici, el ministro de Francia que negoció por el Eurogrupo.

El acuerdo mantendría, de parte del Eurogrupo, el financiamiento ya establecido para Grecia por un período de seis meses, en tanto que el gobierno griego postergaría la aplicación de su plan mínimo integral de socorro social por el mismo período. Mientras estaba vigente el impasse, el primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, anunció que presentaría al parlamento una parte de ese plan. Según informa el diario Ekathimerini (17/2), quedan suspendidos los desalojos, se introducen cambios en el plano laboral y se autoriza el pago de impuestos atrasados en cien cuotas. La modestia de estas medidas señala una claudicación ante la presión de los gobiernos del gran capital internacional. Ante la entrevistadora norteamericana, Christiane Amampour, de la CNN, el domingo 15, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, aclaró que la reincorporación de empleados públicos, prometida en el programa de Syriza, alcanzaba solamente al 1% del plantel despedido desde 2011.

Lo que el gobierno de Grecia obtendría de un acuerdo es la posibilidad de aumentar el gasto público, limitado ahora por el compromiso de conseguir un superávit fiscal equivalente al 4,5% del PBI. La circunstancia de que la izquierda gubernamental haya propiciado la elección de un presidente de la República, por parte del parlamento, que pertenece a la derecha oficial que acaba de ser derrotada por Syriza, ha servido seguramente como una garantía adicional de que la suspensión del plan de ajuste por seis meses no sería un pretexto para una ruptura futura con el sistema monetario europeo y la Unión Europea. Syriza ya se ha comprometido a no revertir las privatizaciones realizadas, mientras ha suscitado una crisis importante el bloqueo a la continuidad de las privatizaciones de las operaciones en el puerto de Pireo, que afecta a la capital de China.

El sentido general del compromiso es, antes que nada, evitar la quiebra de los bancos griegos. De un planteo inicial de nacionalización de los bancos o de una especie de control público de ellos, se ha pasado directamente a su rescate. La cotización de las acciones de los bancos ha caído enormemente a partir de una fuerte fuga de depósitos, que no fue mayor por la intervención oportunista de los fondos buitre, que compraron a precios de remate, en una apuesta de que habría acuerdo. La cartera de incobrables en los bancos es muy elevada, lo cual los coloca técnicamente en bancarrota. Si el acuerdo de compromiso se confirma, los bancos serán asistidos por el Banco Nacional de Grecia, gracias a fondos provistos por el Banco Central Europeo y los restantes bancos centrales nacionales de la eurozona. Se produciría un aumento enorme de la deuda financiera del BNG.

El otro sentido del compromiso es, como no podía ser de otro modo, evitar perjuicios enormes e incluso quiebras a la banca europea en su conjunto. Aunque Grecia tiene un PBI equivalente al 2% del PBI de la eurozona, su deuda pública es tres veces mayor, a la cual debería agregarse la deuda privada y la de los bancos. Cerca de 150 mil millones de euros de la deuda pública están en manos de inversores privados que cuentan con garantía de los Estados europeos. Un defol griego o simplemente de sus bancos mandaría a muchos a la lona y podría afectar el sistema euro. El acuerdo-compromiso, si se confirma, no resolvería nada de esto, incluso podría agravarlo; en lugar de una salida dentro de los marcos europeos, podría servir para ‘organizar’ la salida de Grecia del sistema monetario. Entre las hipótesis alternativas, se baraja la salida de Alemania del euro, para dejar al sistema monetario con la posibilidad de devaluar esa moneda hasta encontrar el punto de salida a la crisis. Suecia y Suiza se han visto obligadas a admitir la revalorización de sus monedas frente al euro, que sería lo que ocurriría con un retorno de Alemania al marco.

Los dirigentes de Syriza han mantenido la palabra de no admitir una continuidad del plan de rescate que habían impuesto al país la Comisión Europea, el FMI y el BCE. Pero esto es puramente formal, porque al mismo tiempo las medidas contra el ajuste han sido postergadas sin fecha, y porque nada ha cambiado en el sometimiento financiero de Grecia al gran capital internacional. En el compromiso alcanzado a último momento ha jugado un papel la presión del gobierno de Obama, para quien Grecia es un país insolvente, que no tiene salida exclusivamente financiera, o sea por medio de un ajuste.

Los trabajadores de Grecia viven el compromiso como una victoria de Syriza contra la prepotencia de sus opresores y como expresión de fidelidad política de Syriza con su programa. Este sentimiento contribuye a crear y reforzar un espíritu de optimismo y movilización. Es necesario valerse de este espíritu para impulsar la movilización y la organización con reivindicaciones concretas que son vistas como salida a la crisis social.

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