miércoles, 18 de febrero de 2015

Colombia: El prefijo post

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

Como es sabido, en castellano el prefijo “post” derivado del latín que en traducción libre significa después de, junto con el prefijo “neo” que significaría algo así como de reciente aparición, fueron los dos afijos gramaticales básicos que el viejo-nuevo liberalismo-del-libre-mercado (autodenominado neoliberalismo por aquello del gatopardismo) usó como arietes de penetración mental y dominio ideológico en la conformación de su galimatías lingüístico, una vez iniciada su ofensiva global después de la simbólica caída del muro de Berlín y la destrucción de la Unión Soviética.



La Sra Margaret Thatcher no lo habría podido decir mejor cuando le sentenció al globo terrestre que, no había Sociedades sino individuos, obviamente consumidores, partiendo el feliz devenir humano en un antes y un después de la historia (casisito se acaba) y volviendo todo “post o neo”. Había comenzado la venturosa era postsoviética, neoliberal, posindustrial y posgenética, en la que actualmente nos encontramos.

La modernidad había sido finiquitada por el haraquiri sabio de Gorbachov y como era de esperarse, uno de los primeros corpus teóricos que hizo irrupción desde Francia (cuna del cartesianismo) fue la teoría posmoderna con su sociología cuadriculada de los actores, que no fue más que un retoque del estructuralismo francés escrito unas décadas antes por el antropólogo Levi Strauss y el lingüista F. Saussure, luego presentado como post-estructuralismo.

Este trabalenguas hacía furor en el mundo: tin marín de dos pingué, cuando llegó a Colombia en el maletín de un desconocido sociólogo francés a quien rápidamente las autoridades le dieron una catedra universitaria, la responsabilidad de dirigir un importante instituto universitario oficial y hasta la nacionalidad colombiana(¿si la usará en sus viajes internacionales?); así paulatinamente por obra y gracia de la falsimedia oficial, nuestro precario “hablao” se fue trasformando en una neolengua, que posteriormente, durante el octienio de Uribe Vélez, tomó un carácter definitivamente fascista.

Por ejemplo, para los pocos comunistas que quedaron en el territorio colombiano resistiendo por todos los medios posibles, la arremetida del imperialismo global para exterminarlos y sacarlos de sus tierras, porque sus prácticas de producción agraria sostenible y sustentable era incompatible con una postagricultura altamente maquinizada de los genes modificados o posgenética, tal como había quedado establecido en la posreforma post-Chicoral de Pastrana Borrero; para ellos, el profesor francés diseñó la teoría de que no estaban resistiendo al exterminio y la guerra sucia Imperial que el Estado colombiano estaba ejecutando con la ayuda de los EEUU, sino que al resistirse con las armas en la mano, justificaban la represión armada del Estado contra los movimientos sociales y por esto, eran los directos responsables de la guerra sucia oficial contra la sociedad que ensangrentaba y despoblaba los campos colombianos.

No hubo un solo día, durante todos estos años, ni libro, ni diario, ni radio ni televisión en Colombia, que no los llamara monstruos poscomunistas, ante-diluvianos posmarxistas, semejantes a los dinosaurios incapaces de adaptarse al nuevo nicho ambiental posindustrial, posmoderno y posagrícola del mundo de los servicios y del consumo compulsivo de las metrópolis imperiales. Lo confirmaban cada uno de las habituales encuestas y resultados poselectorales. Sin embargo, el viejo topo de la historia siguió sacando su pequeño hocico para mostrar que la desaparición del campesinado para dejar la tierra libre a las multinacionales agrarias que los posestructuralistas representaban, no era tan simple como se había planeado en los escritorios.

Y así el posestructuralismo funcionalista posmoderno ha seguido asesorando la presidencia de Colombia hasta hoy, que ante la posibilidad de que los diálogos de paz de la Habana fructifiquen o se hagan posibles, sigue el cúcara mácara el títere fue: Se ha montado una matriz propagandística oficial destinada a mostrar desde la presidencia de la república de Colombia que, con la firma de los acuerdos en la Habana se llegará a un “posconflicto”, dando a entender que el conflicto social se acaba , cuando lo que se supera es la parte armada del mismo, mientras se tramitan por “otras formas de lucha” (como la movilización social popular y las elecciones) los aspectos sociales del mismo, junto con las reformas postergadas que permanecen vigentes.

Porque como quedó aclarado en los informes de la Comisión de la Verdad Histórica (CVH) si bien las Farc no han podido derrotar a los (en plural) ejércitos oficiales del Estado colombiano sustentados por los EEUU, Inglaterra e Israel; tampoco estos han podido derrotar a la Insurgencia revolucionaria de Colombia; y al no haber solución militar próxima, se ha impuesto la realidad de una Solución Política.

De esta manera no es solamente el uso gramatical del prefijo “post” usado a voluntad por la neolengua fascista del post-Uribismo, lo que se debe dejar en claro en la batalla de ideas iniciada con el informe recientemente entregado a la mesa de la Habana, sino la necesidad de dejar definitivamente establecido que, una vez terminado el aspecto militar de la confrontación, sigue el asunto de las reformas aplazadas o postergadas durante siglos por las cuales debe continuar la masiva movilización popular que está en marcha hasta hacerlas realidad: Lo reitero; armas por reformas. Nada más, pero tampoco nada menos. ¿Más simple para dónde?

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