miércoles, 25 de febrero de 2015

Combatir el machismo, una necesidad fuera y dentro de la organización

RED ROJA - TERCERA INFORMACIÓN

La realidad se vuelve cada vez más insufrible, cruel e inquietante mientras las condiciones de vida de la inmensa población empeoran. A medida que los ataques del sistema capitalista golpean con más y más fuerza a la clase trabajadora también el terrorismo machista y el oscuro sexismo intentan abrirse camino para expandirse socialmente. Fruto de ese avance son algunas estadísticas que muestran como el 24% de los jóvenes cree que el lugar idóneo para la mujer es la casa y las tareas domésticas, o que el 80% de las denuncias por malos tratos son consideradas por la población como falsas, ya que muchas de ellas son retiradas o no acaban en condena firme. Esto es especialmente dramático si se tiene en cuenta que más de 100 personas perdieron la vida en 2014 a causa del terrorismo machista. Todo indica que el patriarcado ha avanzado en todos los ámbitos de la sociedad y que en estos últimos años ha empeorado esta situación debido a la crisis económica.

Este machismo es la reacción de una parte de la sociedad ante los nuevos cambios que se están dando en las relaciones de género dentro de la sociedad, la estructura familiar y en las mismas instituciones. Esta reacción es, por una parte, una reacción ideológica visceral que surge de las más profundas cavernas de la sociedad a medida que se hace efectiva la pérdida de privilegios masculinos ante el avance de las nuevas exigencias que plantean las mujeres, pero también es una reacción con su parte lógica y calculadora que intenta explotar al máximo la fuerza de trabajo sexo-económico de la mujer.

El machismo aún existe, es real y es capaz de meterse por cualquier resquicio, penetrando con suavidad, para recuperar su poder.

¿Pero qué pasa en las organizaciones revolucionarias? ¿Están libres de este “pecado” llamado machismo? ¿Han podido evitar la lacra del machismo en su interior? La respuesta es NO.

Las organizaciones revolucionarias no son ajenas al patriarcado. Hay militantes que sostienen posiciones reaccionarias hacia las compañeras que empiezan a intentar hacer efectivas sus exigencias como mujeres trabajadoras en el plano laboral, cotidiano, sexual y militante.

La inercia patriarcal en las organizaciones revolucionarias se caracteriza por aceptar el feminismo de manera vaga, sin llevarlo a la práctica. A veces se acepta la promoción interna de las compañeras, dejando que algunas mujeres ocupen determinados puestos de responsabilidad en la organización, o se conforman con el aumento del número de mujeres en la organización para apoyar su “causa obrera” sin plantearse una nueva concepción feminista dentro de su militancia. Estas organizaciones y estos militantes no se involucran demasiado en las actividades relacionadas con la cuestión del género, que sólo ven como algo característico de las mujeres.

Hay machistas en las organizaciones que piensan que el feminismo divide a la clase obrera. Ante esto, Red Roja afirma que el feminismo de clase no intenta dividir a la clase obrera, ésta ya está dividida por la alianza entre el patriarcado y el capital, ya que esta simbiosis reproduce la desigualdad entre géneros de acuerdo con sus intereses. Por tanto, es un objetivo primordial del movimiento obrero superar sus propios prejuicios machistas que tanto dividen a la clase obrera. Hoy más que nunca es necesario que se plantee en este movimiento la incorporación de las mujeres trabajadoras y sus luchas específicas. No somos las mujeres trabajadoras, con sus reivindicaciones, las que creamos las fracturas, sino que las afrontamos y las articulamos en una dinámica revolucionaria.

Algunas y algunos militantes también creen que el feminismo excluye a los hombres dentro de la organización. El feminismo socialista nunca ha planteado una pugna contra los hombres. Nuestro objetivo debe ser acabar con las desigualdades y opresiones que se derivan del sistema patriarcal, es decir, conseguir la autodeterminación de todas y todos.

Para las feministas socialistas, esta lucha es compartida. La iniciativa recae en las mujeres pues son las que sufren la opresión, pero corresponde a los compañeros reclamar su parte activa en esta lucha y esto sólo ocurrirá cuando alcancen un grado de conciencia y compromiso suficiente contra el patriarcado: disfrutar de las esferas que el patriarcado les niega pasa necesariamente por la auto-revisión en clave de género. Mientras esto ocurre, los machistas de estas organizaciones se limitan a auto-excluirse y a "dejar las cosas de mujeres para las mujeres”. Los hombres tienen que formar parte de este proyecto, pues nosotros también nos beneficiaremos del fin del sistema patriarcal. Los hombres también tienen derecho a desenvolverse en esferas como la paternidad, la emotividad o los cuidados, esferas que el patriarcado nos niega.

Nuestras organizaciones son mixtas y como en toda la sociedad, también están atravesadas por las relaciones sociales que impone el sistema patriarco-burgués. Las y los militantes hemos interiorizado una serie de valores y relaciones de poder mucho antes de ingresar en nuestras organizaciones, reproduciendo estas desigualdades en mayor o menor medida. Este hecho acaba repercutiendo en la estructura y al modo de comportamiento de éstas, persistiendo en el tiempo este problema si no hacemos nada para evitarlo. En este caso, el no hacer nada también importa. Al igual que la penetración de la ideología burguesa en las organizaciones revolucionarias es una preocupación constante, realizar esta misma revisión en clave antipatriarcal ha sido, y es, la gran asignatura pendiente. Esta es una crítica que el movimiento comunista debe asumir en aras de su propio desarrollo.

Pero no sólo hay machistas en las organizaciones revolucionarias que dejan “las cosas de mujeres para las mujeres”, los hay además que intentan autoconvencerse de que en su organización todo va como la seda y no existen estos problemas.

Frente a esta posición de crítica y autocrítica, quienes no son capaces de ver más allá de la contradicción entre capital y trabajo dejan “las cosas de mujeres para las mujeres” o tratan de convencerse de que su organización está libre de las contradicciones de género que atraviesan todos los espacios de la sociedad.

Por eso, la potenciación de la participación de mujeres en la organización o los actos, campañas y formación en temáticas de lucha contra el patriarcado son fundamentales pues ayuda a crear referentes feministas dentro de nuestras organizaciones y ayuda a dignificar el trabajo de nosotras.

La lucha contra el patriarcado no solo puede ser un discurso, ha de estar presente en la práctica. Red Roja ve necesario acabar con el machismo no sólo de puertas para fuera sino también en todos los frentes de lucha, que incluyen la propia organización.

Otro problema que se puede observar en las organizaciones revolucionarias es el detrimento de la lucha feminista para centrarse únicamente en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, convirtiéndose el frente feminista en la causa siempre aplazada hasta que llegue el socialismo. Pero no basta solo con la abolición de la propiedad privada y el mejoramiento del proceso de incorporación de la mujer al sistema de producción; es necesaria una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres, forjar una nueva concepción del mundo, en la que los géneros no existan como construcciones sociales opresoras.

¿De qué servirá un mundo nuevo sin capitalismo si es imposible que la mujer pueda realizarse sentimentalmente, si el hombre no ha cambiado y no es capaz de comprenderla?

Por eso, la mujer nueva pone así las bases de una auténtica y necesaria revolución sexual (y también socialista) ya que plantea unas nuevas relaciones sociales y sexuales que eliminan la subordinación y la sustituyen por el compañerismo.

A modo de conclusión, podemos ver cómo hay veces, tanto en la teoría como en la práctica, que las relaciones entre marxismo y feminismo han sido planteadas como un matrimonio mal avenido. El marxismo es una metodología que permite superar la sociedad capitalista, pero para ello es también necesario abordar la cuestión del patriarcado y de las relaciones de sexo-género para conseguir el objetivo de la emancipación de la clase obrera.

El machismo militante ignora el sistema de dominación de género que sigue articulando al capitalismo. Ignora los procesos más fundamentales de producción y reproducción de la vida y su encaje en la lógica del capital y obstaculiza la emancipación de las mujeres trabajadoras.

Una organización, incluida la nuestra, que se diga revolucionaria y que no combata este problema merece desaparecer y desaparecerá por la simple fuerza destructora del sistema patriarco-burgués.

Por eso, Red Roja declara que la lucha contra el patriarcado debe ser un eje principal dentro de toda organización revolucionaria. Pues más allá de la ineludible contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, sólo cuando las personas lleguen a ser verdaderas compañeras y la solidaridad sea el auténtico motor de la sociedad, cuando desaparezca la falsa afectividad moral y la heteronormatividad que rodea a los seres humanos en el capitalismo y el patriarcado, sólo entonces se producirá una verdadera revolución comunista.

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