lunes, 2 de febrero de 2015

De Walter Bulacio a Ismael Sosa: 4.321 pibes asesinados el aparato represivo del estado argentino

ANRED

Ismael Sosa suena a Walter Bulacio, porque era un pibe que quería ir a un recital de rock, y se topó con la policía. Y suena a Luciano Arruga, porque estuvo desaparecido, desde que se lo vio detenido, hasta que apareció su cuerpo –esta vez cinco días, no cinco años después. Suena también a un montón más de pibes apaleados y verdugueados en otros recitales, a la salida de bailantas, en canchas de fútbol o en la esquina, nomás. Suena a los 218 desaparecidos en democracia, a los 2.778 asesinados por el aparato represivo estatal desde el 25 de mayo de 2003, a los 4.321 desde diciembre de 1983. Por CORREPI.

Esta vez fue en Córdoba. Tocaba La Renga (una de las bandas más solidarias, por largos años, con la campaña de CORREPI Por Walter y Por Todos) y el chico que flotaba en el Embalse de Río Tercero se llamaba Ismael Sosa.

Pronto leeremos, como en 1991, como todas las otras veces, las “explicaciones” de la policía y de sus responsables políticos. Nos hablarán de que los pibes “se querían colar”, que había “inadaptados” y que los uniformados tuvieron que emplear “la fuerza mínima necesaria para restablecer el orden”.

En 1991, el argumento del comisario Miguel Ángel Espósito fue que los chicos “estaban aglomerados en la vía pública y bailaban”.

El comisario que hace hoy de Espósito en Villa Rumipal, Córdoba, explicará pronto a algún medio el rol de la policía: Como brazo armado del estado, dirigido por el gobierno de turno, su función es garantizar el orden establecido, y, cuando se ve amenazado, restaurarlo por medio de la fuerza. Eso se llama control social. Con “la fuerza mínima necesaria”, desde luego. Eso se llama economía de recursos.

Entre Walter e Ismael, miles de chicos fueron asesinados a golpes o con otros métodos de tortura, en la calle, en comisarías u otros lugares de detención; murieron fusilados por el gatillo fácil o desaparecieron a manos de las fuerzas de seguridad argentinas.

De vuelta: 2.778 asesinados por el aparato represivo estatal desde el 25 de mayo de 2003, y 4.321 desde diciembre de 1983. Más de doscientos desaparecidos. El 51% del total no había cumplido 25 años. Ninguno era el hijo de un empresario, de un diputado, de un banquero o de un juez. Todos eran hijos del pueblo trabajador.

Mañana CORREPI va a marchar junto a los familiares y amigos de Luciano Arruga e infinidad de organizaciones, en el sexto aniversario del asesinato y desaparición de Luciano Arruga. Será también una marcha por Ismael, y por Walter, y por los 4.321.

¡Contra la represión, organización y lucha!

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