jueves, 5 de febrero de 2015

Dos policías acusados de gatillo fácil, sueltos en Rosario

COSECHA ROJA

El 6 de junio de 2013 Marcelo Gustavo Lares saltó por la ventana para escapar de los cinco policías del destacamento 23 de Rosario que estaban a punto de allanar su casa. No lo buscaban a él sino a su hermano pero no llegó a saberlo: los oficiales lo siguieron y uno disparó. El tiro le dio en la nuca, lo hizo caer al agua y murió. El fiscal logró que detuvieran preventivamente a los sospechosos de gatillo fácil: Claudio R. y Raúl A. Pero el 30 de diciembre, horas antes de que comenzara la feria judicial, la jueza los liberó.

El argumento de la magistrada Delia Pagliari fue que recibió el resultado de una pericia balística hecha por Gendarmería Nacional que indicaba que el plomo que sacaron de la nuca de Marcelo no se correspondía con las armas de los policías. Hasta ese día, la prueba no constaba en el expediente. Al fiscal Luis Schiappa Pietra se lo informaron por teléfono y no pudo acceder al documento: no sabe qué comparador balístico se usó, en qué condiciones se hizo el estudio o qué margen de error puede tener. Según contó el vocero del fiscal al diario local La Capital, Schiappa Pietra apeló pero no la Cámara de Casación no le dio lugar al reclamo por la feria.

La primera pericia la había hecho Gustavo Colombo, Jefe de la División Criminalística de la Unidad Regional II. El resultado mostraba que el plomo estaba muy estriado y no se podía precisar con qué arma había sido disparado. Entonces se pidió una segunda opinión a Gendarmería Nacional. Cerca del mediodía del 30 de diciembre la jueza recibió el resultado y liberó a los dos policías acusados.

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El allanamiento, aquel 6 de junio de 2013, era en Olavarría al 1200, en el barrio Empalme Graneros de Rosario. Buscaban a un hombre por orden del juzgado de Instrucción Nº11. Marcelo tenía 20 años y cuando vio a la policía salió corriendo por la ventana. Primero lo persiguieron tres oficiales. Después quedaron dos: el cabo Claudio R a pie y el suboficial Raúl A en la patrulla. Desde arriba del móvil, Raúl A. disparó y mató a Marcelo.

Según contó La Capital, el suboficial le admitió a la jueza haber disparado pero dijo que el joven lo había apuntado con un revólver Bersa calibre .22. Del mismo arroyo donde lo encontraron a Marcelo sacaron un arma que, según las pericias, “no era apta para disparar”.

Claudio R. declaró que descargó su arma contra el piso y que vio cómo su compañero le disparaba a Marcelo. Los testigos dijeron que Lares estaba desarmado, que escucharon una voz de “alto” y, luego los tres balazos. Dicen que no esperaron la respuesta, que no le dieron margen. “Ni terminó de decir la palabra que disparó”, contó un testigo al diario local.

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