martes, 3 de febrero de 2015

"El BRICS es un desafío al sistema del señorío feudal de Occidente"

RT

"Somos testigos del nacimiento de una organización nueva. El bloque BRICS es un desafío muy serio a Occidente", insiste Vladímir Davýdov, director del Instituto Ruso de América Latina.

"El conjunto de Occidente desde hace mucho tiempo se da cuenta de que el bloque BRICS [Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica] constituye un desafío a su sistema de señorío feudal. Además, un desafío muy serio. No se trata de un país o dos. Es casi medio mundo (…). Más del 43% de la población de la Tierra y más del 20% del PIB global", subraya Davýdov en una entrevista al portal Oko Planety.

Desde su punto de vista, el BRICS tiene un potencial suficiente para romper el llamado sistema de Bretton Woods, que se estableció tras la conferencia monetaria de la ONU de 1944 y la decisión de crear el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, usando el dólar como divisa de referencia internacional. En estos momentos los países occidentales están muy preocupados con la perspectiva de ceder sus posiciones, destaca.

"Siempre 'el paquete de control de las acciones' estaba en manos de Occidente, sobre todo, de Estados Unidos Pero el mundo ha cambiado. Las partes del PIB mundial son completamente diferentes. Es decir que, por motivos de equidad que la práctica comercial no suele tener en cuenta, desde hace tiempo se gesta la redistribución de las votos y la influencia dentro de estas organizaciones", explica Davýdov.

Lo cierto es que últimamente se ha hecho evidente que el número de corporaciones de los países del bloque BRICS en los listados de las industrias financieras más importantes del mundo ha crecido, mientras que la representación occidental ha disminuido. El bloque empezó a penetrar en las estructuras que regulan la economía mundial no solo a nivel de estados sino también a nivel empresarial. Esto ha sido recibido como otra amenaza más, destaca el analista. El BRICS "es una alternativa muy seria a Occidente": necesitará entre 5 y 7 años para "madurar" su potencial y empezar a plantear misiones revolucionarias de largo plazo, concluye Davýdov.

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