jueves, 26 de febrero de 2015

El gobierno griego se revela como una izquierda moderna anunciando en su lista de reformas un esquema de Renta Básica incondicional garantizada

Tomas Hirst (SINPERMISO)

El ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis es un antiguo y decidido partidario de la Renta Básica Universal Garantizada. Eso era harto sabido. Pero lo que ha sorprendido a muchos es que ha aprovechado la lista de reformas que tenía que presentar, para su aprobación, a las autoridades europeas el pasado lunes para introducir un esquema de renta incondicional garantizada, limitada inicialmente a un tramo de edad de la población. Tomas Hirst escribe sobre la importancia decisiva de ese paso dado por el ministro griego, y cree que, con este paso que ha pasado casi desapercibido hasta ahora para la mayoría de analistas y comentadores, Syriza demuestra tener una ambiciosa idea de lo que significa para una izquierda no arcaica la reconfiguración de los estados sociales y democráticos de derecho con políticas de bienestar público innovadoras y a la altura de la actual crisis del capitalismo financieramente contrarreformado.

En la carta enviada por el ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis a la Comisión Europea, el BCE, y el FMI la noche del lunes - 45 minutos antes del fin del plazo acordado al gobierno griego - hay una propuesta clave que podría transformar radicalmente el sistema de bienestar social del país.

Si tiene éxito, Grecia podría redefinir nuestra forma de entender el estado de bienestar moderno.

Las propuestas, que han sido aceptadas por el Eurogrupo y transmitidas a los gobiernos nacionales para que voten sobre la extensión del rescate a Grecia, se refieren a toda una serie de medidas previsibles, incluyendo medidas drásticas contra la evasión fiscal y la mejora de la recaudación de impuestos. Pero también hay una propuesta que se sale un poco de los parámetros habituales.

Es esta: "Establecer un vínculo más estrecho entre las cotizaciones a la seguridad social y los ingresos, racionalizar las ayudas y prestaciones, reforzar los incentivos para la declaración del trabajo asalariado, y proporcionar asistencia dirigida a los empleados de entre 50 y 65 años, a través de un esquema de renta básica garantizada, a fin de eliminar la presión social y política de la jubilación anticipada, que sobrecarga los fondos de pensiones".

Puede parecer un pasaje bastante técnico, pero se refiere a uno de los principales debates sobre el futuro de las políticas de bienestar en todo el mundo desarrollado. Grecia está tratando de crear un marco en el que las personas, entre los 50 y los 65 años, puedan permanecer en el mercado de trabajo, incluso durante períodos (potencialmente largos) de desempleo.

¿La solución? Una renta básica garantizada.

He aquí cómo funciona. Una renta básica es un pago del estado que se concede a los ciudadanos individuales, sin estar condicionada a sus ingresos o a tener un trabajo. Para sus partidarios, es una forma de garantizar un nivel de vida básico para todos los ciudadanos de una forma no burocrática y directa.

Aunque sus partidarios han tendido a ser de izquierdas, también ha recibido el apoyo de la derecha libertaria que la considera una manera de superar el problema de los intentos de microgestión de ingeniería social de los gobiernos. Como Sam Bowman, director adjunto del Instituto Adam Smith, escribió el año pasado:

"El sistema de bienestar ideal es una renta básica, en sustitución de los actuales programas de lucha contra la pobreza del gobierno (exenciones fiscales y la mayor parte de lo que el Departamento de Trabajo y Pensiones hace, además de las pensiones y las prestaciones por hijo) ... Al igual que el sistema actual de beneficios y ayudas, proporcionaría una red de seguridad. Pero desaparecerían las "prestaciones trampa", aquellas que hacen que las personas pierdan beneficios en la misma medida que ganan rentas de trabajo".

El concepto consiste en sustituir los enrevesados sistemas de bienestar que se han acumulado gradualmente durante décadas con un único pago mensual en las cuentas corrientes de las personas. En un país que sufre altas tasas de desempleo y un déficit significativo de demanda interna a causa de ello, este esquema podría (en teoría) impulsar la demanda griega. Proporcionaría a las personas la confianza de un ingreso futuro y aliviaría parcialmente la "crisis humanitaria" que actualmente sufre Grecia.

Como dice la carta, uno de los elementos clave de los planes del gobierno liderado por Syriza para hacer frente a la crisis humanitaria en el país es "estudiar una formula de Ingreso Mínimo Garantizado piloto, con miras a extenderlo a nivel nacional".

No sería el primer país que coquetea con esta idea. El año pasado Chipre aprobó una nueva ley que proporciona a las familias de bajos ingresos un ingreso mínimo garantizado de € 480 al mes dada su propia crisis económica, aunque el sistema sufre problemas técnicos. En Suiza, un movimiento popular más ambicioso reclama 2,500 francos suizos (£ 1,700) mensuales del estado y ha recogido más de 100 mil firmas necesarias para convocar un referéndum sobre la propuesta.

De lo que se trata, en esencia, es de una redefinición de la concepción predominante cuando se desarrolló el Estado de bienestar moderno de que el objetivo de las ayudas y beneficios sociales era mantener a la gente en "condiciones de trabajar". Puede que fuese un objetivo apropiado para su tiempo, pero las sociedades modernas han desarrollado expectativas diferentes en relación a la calidad de vida que sus ciudadanos deben disfrutar.

Ya no basta con estar en condiciones de trabajar.

En el caso de Grecia pareciese que la nueva fórmula se aplicará inicialmente a quienes se acercan a la edad de jubilación con el fin de evitar que se jubilen anticipadamente, proporcionándoles un ingreso que de otro modo extraerían del fondo estatal de pensiones.

Puede que sea un pequeño paso en relación con lo que los partidarios de una renta básica quieren conseguir, pero podría ser otro avance importante para situar la idea de una renta básica en la discusión general.

Tomas Hirst es un reconocido analista financiero, columnista habitual en la prensa económica especializada británica, particularmente en Business Insider.

Traducción: Gustavo Buster

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