lunes, 9 de febrero de 2015

"En Brasil, los derechos de la mujer desaparecen cuando se trata de ganar unas elecciones"

SPUTNIK NOVOSTI

A pesar de los avances sociales y en materia de derechos civiles alcanzados por Brasil en las últimas décadas, la cuestión del aborto continúa levantando ampollas en una sociedad profundamente religiosa y conservadora.

Se trata de un tema tan incómodo que durante las elecciones presidenciales del pasado mes de octubre, ni tan siquiera la presidenta Dilma Rousseff se atrevió a citar el asunto. Mientras tanto, las mafias han aprovechado el inmovilismo político del país para tomar el control del lucrativo negocio de las clínicas ilegales de aborto. El abuso cometido contra mujeres desesperadas ha dejado rastro recientemente a través de historias espeluznantes como las de las jóvenes asesinadas Jandira Magdalena y Elisangela Barbosa.

Sputnik Mundo analiza la doble moral y el tabú en torno a la cuestión del aborto junto al profesor de Trabajo Social en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ) y autor del libro "La criminalización del aborto en cuestión", Maurilio Castro de Matos.

- Brasil registra una media de 850.000 abortos ilegales por año frente a poco más de 1.500 legales. Con semejantes cifras ¿Por qué continua estancado el debate sobre la legalización del aborto en el país?

- Ante todo porque la forma en la que se está afrontando ese debate es equivocada. Tenemos que salir de la falsa polarización entre los que están a favor y los que están en contra. Necesitamos ser serios y llevar la discusión hacia un cambio efectivo en las leyes que tenemos en Brasil. Más allá de las opiniones religiosas, es evidente el grave problema de salud pública que en 2014 generó muertes tan inaceptables como las de las madres Janira Magdalena y Elisangela Barbosa que en ambos casos tenían un futuro e hijos por criar.

- En teoría Brasil es un Estado laico…

- En un Estado laico existe una clara diferenciación entre las fases de la gestación (se diferencia al embrión y el feto, de la propia vida humana), por tanto, no existe crimen. Hay que llamar la atención de la población brasileña para que reflexionen sobre si realmente quieren que las mujeres que realizan un aborto sean detenidas, sobre todo porque todo el mundo aquí conoce a alguien que realizó un aborto.

- Según estadísticas del Ministerio de Salud, al menos una de cada 7 mujeres en Brasil ha realizado al menos un aborto a lo largo de su vida. ¿Está la ley criminalizando "de facto" a un 14% de la población femenina del país?

- Para la legislación brasileña el aborto sólo puede ser realizado legalmente en los siguientes casos: en situaciones de riesgo de muerte para la madre, como resultado de una violación o en caso de deformaciones en el feto (anencefalia). Las dos primeras fueron previstas en el Código Penal de 1940 y la última fue reglamentada por el Tribunal Supremo Federal (TSF) en 2012. Sin embargo, el primer servicio legal de aborto se produjo a finales de 1980 durante la gestión de la alcaldesa de Sao Paulo, Luíza Erundina. Hoy en día, la mayoría de los servicios de aborto legal están solamente disponibles en las capitales de cada Estado y en algunos casos, ni siquiera eso. Algunos estudios demuestran que el Gobierno no consigue garantizar ese servicio con calidad y respeto a las mujeres que lo demandan.

Cada dos días muere una brasileña a causa de un aborto clandestino

- ¿Cómo incide la posición social de la mujer en dicha problemática?

- Aquí se observa un fenómeno de diferenciación entre clases sociales, que distingue a la mujer de clase alta que puede pagarse una clínica que le garantiza una atención de calidad del resto, que son la mayoría. De esa mayoría, muchas optan por métodos propios (Cytotex, provocar el aborto, etc.) o se someten a operaciones en clínicas sin ninguna garantía. Son esas mismas mujeres que después acuden a la salud pública para recuperarse de los estragos que dejan en su cuerpo estos abortos y que además no pueden exponer claramente su situación, puesto que son en la práctica criminalizadas. Esto hace que muchas de ellas no reciban la atención que merecen por parte de los profesionales de la salud.

- ¿Qué debería hacer el Gobierno para atajar esta situación?

- Los derechos de la mujer en lo que al aborto se refiere están sumamente atrasados en Brasil. En 2014, el Gobierno presionó al Ministerio de Salud para restringir su atención en urgencias a los casos de aborto previstos en la ley. Fue una presión inútil debido a la avalancha de casos de aborto ilegal en todos los hospitales públicos producto de la creciente influencia de la Iglesia Evangélica en el Congreso Nacional. Por desgracia, los derechos de la mujer desaparecen cuando se trata de ganar unas elecciones. Para los gobernantes de este país el concepto de Estado laico es solo una palabra más en la Constitución Federal. Los diputados y senadores de Brasil deberían legislar en función de los intereses de la mayoría de los ciudadanos y no basándose en sus principios religiosos, que deberían reservar a sus vidas personales y no para dirigir la política de una nación.

- ¿Es la legalización del aborto el único camino para evitar más muertes e injusticia respecto a la mujer?

- Defender la legalización del aborto es garantizar los derechos humanos para muchas mujeres de Brasil que en la actualidad están siendo ignoradas. No se obliga a nadie a abortar, las mujeres que por sus creencias prefieran no recurrir al aborto podrán hacer su elección libremente. Pero aquellas que opten por esta decisión que solo a ellas les atañe, conscientes de la complejidad del proceso, podrán recurrir a un aborto sin peligro de muerte, sin sufrir secuelas en su salud y sin la posibilidad de acabar en una cárcel.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.