viernes, 6 de febrero de 2015

Europa: Pacto entre estadistas

Beatriz Gimeno (ELDIARIO.es)

No nos engañemos, en España, si bien el rechazo al terrorismo es unánime, la utilización política de la lucha contra éste tiene connotaciones muy determinadas: huele a la derecha más rancia, a la más antidemocrática, huele mal.

Ya puede ahora Pedro Sánchez pedir el fin de la troika (llega tarde) o la toma de la Bastilla porque es inútil. El pacto antiterrorista que ha firmado con el PP sólo sirve para situar ideológicamente al PSOE. Sirve para delimitar su espacio. Voy a salirme de las consideraciones que se están haciendo en estos días sobre si el PSOE apoya o no la cadena perpetua porque creo que ya está todo dicho sobre el asunto. Resumiendo: si no la apoya, desde luego no la combate. Y aunque la cadena perpetua "revisable" es anticonstitucional e inhumana, recordemos que nuestras penas máximas se parecen mucho a una cadena perpetua. Me temo que esa línea roja la traspasamos hace tiempo gracias a la utilización que en este país se viene haciendo del terrorismo como arma electoral.

En mi opinión, al firmar el pacto, el PSOE elige en qué lado del tablero político quiere fotografiarse. Y ha elegido hacerlo cerca del Partido Popular firmando un pacto que es inútil y que, además, ni es unitario, ni es de Estado, ni sirve contra el terrorismo. El pacto es inútil porque el terrorismo individual ya está más que penado en este país, como han dejado claro todas las asociaciones de jueces y fiscales progresistas y porque el aumento de penas máximas no va a disuadir a ningún terrorista, como la pena de muerte no disuade a ningún asesino. Este es un país con mucha experiencia en terrorismo. Aquí ha habido meses en los que ETA mataba a varias personas al mes y salimos de eso sin pena de muerte y sin cadena perpetua y, por cierto, también sin pactos porque, aunque se firmaron varios, el PP los incumplió todos. El terrorismo etarra en este país fue derrotado por la sociedad en su conjunto. Dejó de existir cuando supo de manera inequívoca que no contaba con ningún apoyo social y, además, estaba siendo eficazmente acosado en los frentes policial y judicial. Este es un país que sabe de terrorismo y sabe cómo combatirlo sin pisar líneas rojas (aunque algunas se cruzaron en el camino, hay que decirlo).

Este pacto no es de estado porque no viene a firmarse como respuesta a ningún problema de estado. Según el sondeo del CIS, sólo el 1% de la población considera que el terrorismo es ahora un problema grave. Y como, además, no hay nadie que no esté de acuerdo en combatirlo, no aparece por ningún sitio la necesidad de un pacto; este está implícito. En segundo lugar, al mismo tiempo que se dice de Estado se dice unitario y para demostrar lo unitario que es lo firman sólo dos partidos excluyendo al resto. Y lo hacen, además, en el momento en que las encuestas también dicen que el bipartidismo ha muerto y que la sociedad no se reconoce en él. No podría ser menos unitario. Y aquí aparece una de las verdaderas intenciones de este pacto: quienes lo firman buscan recrear, dibujar, una situación que ya no existe pero que quieren que siga existiendo, y para ello intentan una especie de representación simbólica, a ver si así nos acordamos de lo bien que estábamos cuando el bipartidismo era la única opción. Va a ser que no.

Por último, todo esto se hace a costa de utilizar políticamente la lucha contra el terrorismo, lo que en este país tiene también una larga tradición en la que, hasta ahora, sólo se había enfangado el PP. Esta era de las pocas insensateces políticas de las que el PSOE estaba libre. Ya no. Y eso también sitúa al PSOE en la derecha, al lado de quienes han utilizado el terrorismo de la forma más baja posible. No nos engañemos, en España si bien el rechazo al terrorismo es unánime, la utilización política de la lucha contra el mismo tiene connotaciones muy determinadas: huele a la derecha más rancia, a la más antidemocrática, huele mal. Igual que esta foto. Durante nuestros años de plomo, la derecha no dejó un solo día de utilizar el terrorismo etarra para sus fines. Acusar a todo el mundo de cómplice del terrorismo según les convenía ha sido un arma que han usado hasta desgastarla y convertirla en un chiste. El Partido Popular llegó a acusar a Zapatero prácticamente de cómplice de ETA, y de Zapatero abajo, todos hemos sido, para los populares, cómplices de ETA. La utilización de la lucha contra el terrorismo llegó al paroxismo cuando quisieron usar el atentado yihadista del 11M para ganar unas elecciones. Desde Bush a Aznar, la lucha contra el terrorismo ha sido utilizada por la derecha contra derechos y personas que nada tienen que ver con el terrorismo yihadista (ni etarra). Acercarse ahora al PP en esta cuestión, lo único que hace es situar al PSOE en la foto fija de quienes utilizan la cuestión de la seguridad para arañar votos y para recortar libertades públicas y derechos civiles.

La foto de la firma lo único que hace es situar, en la retina de los votantes, a los dos firmantes en el mismo plano. El PSOE apuesta claramente por la (falsa) seguridad de la derecha frente a las libertades. Esta foto no muestra unidad frente al terrorismo, que ya existe en la política y en la sociedad, sino un acuerdo entre PP y PSOE para poner el tema de la seguridad por encima de la defensa de las libertades. Vivimos en uno de los países más seguros del mundo y con una tasa más alta de presos; pero vivimos al mismo tiempo en un momento en el que estamos sufriendo un retroceso terrible en las libertades públicas. La llamada Ley Mordaza ha sido criticada incluso por el PSOE, que aquí –con este acuerdo– escenifica lo contrario. No es posible oponerse a la ley mordaza y estar al día siguiente firmando un acuerdo que viene a incidir en la necesidad de elevar penas o de perseguir la protesta social equiparándola, en ocasiones, al terrorismo. Con esta firma el PSOE queda retratado. La posibilidad de que "alterar la paz social" puede ser considerado terrorismo, sitúa a muchos manifestantes al borde de ser considerados como tales según la arbitrariedad del gobierno de turno; sitúa al PSOE en el mismo lado del mundo que habitaba George Bush y que es el de Aznar y Rajoy.

En definitiva, que el PSOE se sube al carro de usar la seguridad como espantajo electoral, al populismo penal, al carro de intentar manipular los instintos más primarios de la gente con beneficios partidistas. Y eso es algo que hace la derecha desde siempre. Lo que un partido de izquierdas tiene que hacer es defender las libertades públicas frente a cualquier intento de recortarlas, y no usar una inseguridad inexistente para hacerse una foto con una derecha extrema que está recortando en democracia y en derechos políticos, tanto como en bienestar y en derechos sociales. Y por si todo esto fuera poco, el PSOE acepta hacerse una foto en año electoral con un partido completamente podrido por la corrupción, con el partido responsable de la miseria de millones de españoles, con el partido de los sobres y la reforma laboral. ¿No hubiera sido mejor ponerse un poco lejos de ellos? Esta foto era opcional, podía no habérsela hecho, podía haber optado por marcar una clara distancia con la corrupción, los recortes, la represión, la manipulación informativa, la reforma laboral. Pero lo que ha hecho es arrimarse. Ahora no nos vengan con que quieren disolver la troika, que esa lucha la están llevando a cabo otros mucho más coherentes con sus principios y más cercanos a las necesidades reales de la gente. Por ahora lo único que el PSOE ha conseguido con esta foto es que Curri Valenzuela declare que Pedro Sánchez es un gran estadista. Pues muy bien. A lo mejor es lo que buscaban.

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