viernes, 27 de febrero de 2015

Eutanasia académica

Alfredo Grande (APE)



Una de las afirmaciones más contundentes del filósofo León Rozitchner, autor de libros fundantes, es: “el sujeto es núcleo de verdad histórica”. Pero esa verdad histórica está siempre atravesada por la lucha de clases. El sujeto se organiza desde la lucha permanente entre sus deseos y sus mandatos. En el mejor de los casos, arrasará con sus mandatos para poder desplegar sus deseos. En el peor, tendrá que conformarse con desear sus mandatos. Lo más ajeno vivido como propio y lo más propio vivido como ajeno.

Los pueblos, aunque recuerden
su pasado, también están
condenados a repetirlo pero
también tiene la libertad
de subvertirlo.
(aforismo implicado AG)

La alienación es justamente eso: la persona no sabe qué quiere y además, no quiere lo que sabe. Vive en un automatismo mental, corporal y vincular. Los protocolos de cómo hay que vivir los transmite la Publicidad, la reina de todas las conductas. En la televisión la publicidad tiene su propio Espacio, equivalente al Espacio de la programación. O sea: no hay avisos en los programas, sino que se hacen programas para poder pasar avisos. Sponsoreo que le dicen.

Entonces, siguiendo la afirmación de Rozitchner, pienso que hay “sujetos del deseo” y hay “sujetos del mandato”. El mandato puede ser la Verdad Revelada o la Razón de Estado. Siempre viene de arriba para arrasar con los de abajo. El extrañamiento del propio deseo es el objetivo fundante de la cultura represora. Cuando el sujeto es vaciado, eviscerado, desmantelado de sus deseos, el operativo para manipularlo es sencillo. Y entonces degrada de sujeto a individuo. Aislado de la trama vincular que lo sostiene. Se sostiene en la tecnología de punta.

El individuo está conectado o desconectado, on line o fuera de línea. El llamado tiempo real es el tiempo de la virtualidad. Lo instantáneo reemplaza a lo inmediato. Y en lo instantáneo, todo pasa y nada queda. Es la política del twitter. 140 caracteres con los cuales se pretende cambiar el mundo. Pero es el mundo de las corporaciones el que nos ha cambiado. Y una de las corporaciones más perfectas, más absolutas, más impunes, es el Estado. La única dádiva es votar cada dos años. En el suspiro que dura el voto entregado a la urna, el individuo vuelve a ser sujeto. Segundos apenas para luego retornar a la crónica y, para usar un concepto de Alberto Morlachetti, desangelada cotidianidad.

¿Cómo interpelar aquello que prohíbe ser interpelado? Instalados siempre en la ilegalidad, también somos expulsados al este del paraíso de la legitimidad. La cultura represora es una fábrica de delitos, de falsas dignidades y de patología mental. La herejía ya no es solamente religiosa, sino que es política, partidaria, académica, deportiva. Y el hereje deberá ser castigado. Su ejemplo no puede ser imitado. Es un enemigo de todas las formas de la cultura represora y deberá estar rigurosamente vigilado. Y neutralizado. Nadie es profeta en su maceta, y la cultura represora es especialista en contaminar la tierra, el aire, el agua. Y la mente. El pasaje de los deseos a los mandatos se denomina “naturalización”. La burocratización de la vida que no es otra cosa que la anticipación de la muerte en vida.

Desde noviembre de 1975 soy docente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Por el mandato de la edad jubilatoria de 65 años, en diciembre 2013 fui dado de baja. En ese momento era Encargado de Enseñanza de Psicología Médica en mi querida Escuela de Kinesiología. No tengo la opción o la gracia de pedir prórroga hasta los 70 años porque no soy titular concursado. La pregunta, que no es del millón (pero es MI pregunta) es: “¿porque no soy concursado?”. Porque la UBA no llamó a concursos en mis casi 30 años de jefatura de cátedra. La UBA me exige aquello que no me permite cumplimentar. “Siéntese por favor aunque no haya sillas”.

Dime quién te asesina
y te diré quiénes
lo repudian.
(aforismo implicado AG)

Un paciente me mostró un mensaje de texto donde el jefe le daba una orden taxativa. Le mostré que era una orden que no podía ser cumplida. Una estrategia de la cultura represora es exigir aquello que no se puede realizar. “Esto tiene que estar hecho para ayer”. Estrategias de culpabilización y de sometimiento. Estar en falta como forma de sostener la pasividad ante todas las formas de la injusticia. No soy docente concursado. Empecé los trámites de mi jubilación. Espero que en ANSES decida de cuanto dispondré para sostener mi vida post 65 años.

Eduardo Gruner sufrió la misma injusticia. Lo entrevisté en mi programa de radio Sueños Posibles. Hace poco la movilización de estudiantes logró la reincorporación de un docente en Economía. Resolví, no sé todavía si por opción o por omisión, seguir la vía administrativa. Dejar que la injusticia se consuma en su plenitud. Cuando el Estado me designe Jubilado, será el momento de seguir empezando.

En una de mis primeras clases dije que yo enseñaba porque era la mejor forma de aprender. Y sigo aprendiendo ya que en las Universidades Nacionales de La Plata y Lomas de Zamora puedo continuar dando clases. Y en los espacios que se habilitan desde la cooperativa ATICO.

Pero la UBA tiene que ver con mi identidad desde el ciclo secundario. Trataré de no alienarme en mi jubilación. La Burocracia que me da de baja, el Mandato que me castra en mi potencialidad docente, van a enfrentar a mi voluntad deseante. Para eso las tramas vinculares construidas en décadas van a sostenerme. En lo profesional, lo político y lo social.

Estoy averiado pero todavía no me hundieron. Enfrentaré la eutanasia académica desde los espacios que la cultura represora habilita para poner en superficie todas las formas de la discriminación. Creo que el límite de 65 años es discriminatorio. Y una forma de despilfarrar, de basurear, de desperdiciar, aquello que se construyó en décadas de trabajo.

Tengo la absoluta convicción de que mi verdad histórica, en este caso la lucha contra esta forma sofisticada de eutanasia, será acompañada por compañeras y compañeros. Y que, con un poco de esfuerzo, también los puedo contar.

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