lunes, 23 de febrero de 2015

Expectativas de un nuevo contexto en Cuba y su influencia en el plano geoestratégico

Ricardo Gayol (TERCERA INFORMACIÓN)

Cuando el pasado día 17 de diciembre, hace justo un mes, recibimos la noticia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y políticas entre Cuba y Estados Unidos a muchos amigos y amigas de Cuba se nos vino a la cabeza los 55 años de dificultades por los que tuvo que transitar Cuba y su Revolución, sobre todo aquel Período Especial que tuvo que sufrir casi en solitario tras la caída del bloque soviético, a principios de los 90. Y aún más allá en el tiempo, los asaltos continuos y el impresionante despliegue militar para intentar una invasión de Cuba con el desembarco en Bahía Cochinos; o los años de la Guerra Fría con aquella Crisis de los Misiles, un asunto que poco o nada tenía que ver con la población cubana y sí con aquellos dos gigantes que batían sus hostilidades en tierra cubana. El horrible atentado terrorista con la destrucción en el aire del Vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, en el que murieron todos sus pasajeros, 73 personas, entre ellas los 24 miembros del equipo nacional juvenil de esgrima, muchos de ellos menores de 20 años, un atentado planeado y financiado por la CIA de Estados Unidos, y perpetrado por ciudadanos cubanos de nacionalidad estadounidense.

Durante todos estos 55 años Cuba sufrió también una prolongada serie de atentados terroristas contra numerosos hoteles y lugares turísticos de Cuba, perpetrados por la misma mafia cubano-norteamericana, dirigidos a perjudicar el turismo en Cuba, una de sus principales fuentes de ingresos. Y también decenas de intentos de asesinato al Jefe de Estado Cubano, Fidel Castro de las más inverosímiles y hasta ridículas maneras.

Y otras muchas dificultades como aquella Crisis de los "Marielitos" seguida de la de "los balseros", o aquel conflicto diplomático entre ambos países, sobre la figura de un niño de tan sólo 8 añitos, Elián González, secuestrado en la práctica por el fanatismo anticubano de Miami y una legislación hecha a medida para el desgaste de Cuba y su derrota por agotamiento.

Más de medio siglo de acoso y difamación permanente, en un bloqueo mediático y cultural, de satanización permanente, de divulgación de lo falso para crear la peor de las imágenes de Cuba, de su gobierno y de su Revolución.

Y también, como en una ráfaga de viento se nos vino a la cabeza la impresionante fortaleza de un país, un pueblo y una Revolución que supo aguantar más de medio siglo de enorme presión, sometida a un bloqueo económico, financiero y comercial, pensado para dejar morir de inanición el proyecto revolucionario de Cuba.

Y cómo no, se nos vino a la cabeza la lucha antiterrorista de Cuba, encarnada en esos cinco grandes luchadores que fueron encarcelados de forma absolutamente arbitraria y sin responder siquiera a la propia legislación estadounidense.

Pero ni todas las bombas, ni todos los atentados, ni 55 años de bloqueo genocida, de mentiras, campañas de difamación y odio contra Cuba, contra su pueblo y su gobierno han podido torcer el brazo de su Revolución, que se mantiene vigorosa y con plenitud.

El reconocimiento explícito en palabras del propio Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, sobre la ineficacia del Bloqueo tan intenso y prolongado, y la liberación inmediata de los tres cubanos antiterroristas aún encarcelados injustamente, fueron una clara muestra de la victoria de la dignidad, del poder de la razón y la valentía. Una victoria de David contra Goliat en una pelea sumamente prolongada y sumamente desigual.

Algunas teorías sobre las claves internas de este acontecimiento apuntan al carácter pragmático (y menos ideológico, por una vez) de Raúl Castro y de su gobierno, teniendo en cuenta que el motor de apoyo y abastecimiento económico de la Isla podría ponerse en riesgo por la bajada del precio del petróleo, siendo Venezuela su principal proveedor en condiciones especialmente ventajosas. Lo cierto es que, al margen del pragmatismo, las conversaciones entre ambos gobiernos venían realizándose en secreto desde hace más dos años, y por otro lado resulta obvio que el precio del petróleo actualmente es una cuestión coyuntural, temporal, y que en nada afecta a los compromisos de Cuba con los procesos de integración en América Latina, especialmente en el ALBA y la CELAC.

En esta misma clave interna, cabe interpretar la enorme alegría y esperanza que suscitó la noticia entre la población cubana en general, que es protagonista definitivo de la historia reciente de Cuba. Esperanza para el reencuentro de las familias separadas, esperanzas de abrir un nuevo tiempo con perspectivas optimistas en lo económico y en la mejora de su calidad de vida; y al mismo tiempo sentimiento de orgullo y dignidad al comprobar que tanto esfuerzo y tanto sacrificio, tanto sufrimiento, ha tenido un resultado favorable, un final feliz.

Es previsible que la oferta de productos de consumo, especialmente alimentario, se amplíe en los próximos meses. La población cubana podrá gozar de una mayor amplitud de nuevos servicios y ofertas, sin duda; piezas de repuesto, utensilios, herramientas y bienes de todo tipo que no se fabrican en Cuba, mayor cantidad de productos de primera necesidad, incluidos los farmacéuticos, y un largo etcétera. Y tanto es así que ya hay quien teme que Cuba se convierta en una nueva economía socialista de mercado.

Las familias cubanas, en lo inmediato, disfrutarán de un significativo aumento en las remesas, hasta ahora limitadas, algo interesante pero que podría provocar un aumento de la desigualdad en la población, en términos de consumo. Es así mismo destacable el hecho de que se permitirá la ampliación de los desplazamientos de un lado y otro, con menos controles, lo que permitirá el emocionante reencuentro de tantas familias separadas durante décadas; y previsiblemente se reducirán de manera significativa las provocaciones para un exilio mal llamado político. En consecuencia es previsible que incluso los exilios de carácter económico, se disminuyan notablemente.

Pero esta facilidad de movimientos de y hacia uno y otro lado, será beneficioso no sólo para el encuentro de las familias; también facilitará el tránsito para las actividades periodísticas, la investigación profesional y científica (incluida la médica), intercambios educativos, actividades educativas; deportes, cultura, e incluso para la importación y exportación a pequeña escala, es decir, minorista.

Ahora bien, debemos poner atención al procedimiento que seguirá Cuba para introducir nuevas importaciones; las grandes empresas norteamericanas ya han comenzado a hacer números, y no pocas empresas y cooperativas agroalimentarias están insistiendo en la eliminación definitiva del Bloqueo para dar salida a sus productos, que ya no encuentran espacio en sus mercados internos. Veremos, pues cómo afectará esto a la economía cubana. No dudamos ni por un instante que el Gobierno Cubano, hará lo posible para regular los sectores estratégicos, comenzando por el agroalimentario, para evitar la llegada masiva de productos que pongan en riesgo la soberanía alimentaria del país. Pero también otros sectores estratégicos como el energético, el tecnológico, y el farmacéutico.

Ni qué decir sobre aquellos servicios públicos que son bandera de las conquistas del socialismo, que obviamente no se expondrán en la mesa de ninguna negociación económica o comercial con Estados Unidos, como el Sistema de Salud Publico, la Educación en todos sus niveles, los servicios sociales y la vivienda.

En realidad no creo probable que se establezcan industrias o fábricas, ni zonas francas en Cuba de empresas estadounidenses u otros países, mas bien, al menos en una primera fase, las empresas norteamericanas tratarán de aumentar la exportación de sus productos, fundamentalmente agroalimentarios, hacia Cuba. Las remesas de los trabajadores cubanos en Estados Unidos que envían a sus familiares cubanos, es un buen filón de negocio, con lo que el círculo se cierra en favor de esas empresas: los exiliados económicos producen a bajo coste, los productos que después consumen sus propios familiares con el dinero que les envían. De hecho algo no muy diferente a lo que sucede con otros países que tienen en las remesas un elevado nivel de sus ingresos, como Nicaragua, El Salvador, Guatemala u Honduras, aunque esperemos que Cuba no llegue hasta tal extremo de dependencia.

Lo que sí parece más probable en todo caso es que el gobierno cubano tiene que redoblar su ingenio y su resistencia, ante las presiones en las negociaciones de inversiones exteriores que se avecinan, al menos para respetar aquellas conquistas de la Revolución que hoy son innegociables. Y en ese paquete debe incluirse el nivel de equidad social de la población, que es tal vez lo más vulnerable.

La puerta al diálogo ya está abierta, pero ahora queda transitar por el proceloso camino del entendimiento, y en condiciones de igualdad y respeto. Cuestiones prioritarias y urgentes deben tratarse de inmediato, como la eliminación definitiva del Bloqueo Económico y Comercial, incluyendo una compensación por los daños causados, que permita a Cuba recuperarse en un plazo prudente. Y junto a estas medidas, obviamente, la supresión de las leyes extraterritoriales que afectan al comercio de otros países con Cuba.

La recuperación de Guantánamo para Cuba es un asunto también de enorme importancia, para recuperar la soberanía territorial absoluta del país; aunque veremos si el lobby del Pentágono estadounidense y el "Tea Party", que cada vez gana más adeptos en el Partido Republicano, permite hacer algún movimiento en este sentido.

Asimismo, las leyes migratorias que aún están en vigor deben ser eliminadas, empezando de forma urgente por la Ley de Ajuste Cubano, responsable de la división de miles de familias y del trato diferenciado a ciudadanos cubanos que se declararan interesadamente exiliados por motivos políticos.

Uno de los objetivos anunciados por el gobierno estadounidense es el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil, y este es un asunto al que debemos prestar especial atención, ya que podría ser una vía para el crecimiento de una oposición artificial y controlada desde el exterior, con la habilidad a la que nos tiene acostumbrados el país norteamericano a través de la CIA en tantas y tantas ocasiones.

Es, como vemos, un largo y difícil camino el que Estados Unidos y Cuba deben recorrer para hablar aún de "normalidad" en las relaciones. Pero confiamos en que la voluntad política se mantenga, y no se produzcan cambios; tengamos en cuenta los difíciles equilibrios que tiene el presidente Barack Obama para sacar adelante sus iniciativas, debido a la mayoría republicana tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes.

Pero como todo lo que sucede actualmente en este mundo globalizado, conviene también contextualizar estas nueva situación de Cuba con Estados Unidos en el ámbito internacional.

En clave internacional, en el macabro juego geoestratégico, es indudable que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y políticas entre ambos países es un paso de gigante, pero aún quedan muchas incógnitas por resolver. Es claro que el imperio no concede nada a cambio de nada. No es la solidaridad, la cooperación, el respeto o el buen entendimiento entre las naciones lo que ha caracterizado históricamente a esta superpotencia mundial que ha protagonizado más de 140 intervenciones militares en todo el mundo, 27 de ellas sólo en América Latina desde finales del Siglo XVIII, y apoyo directo a cruentos golpes militares de estado y sus dictaduras en prácticamente todos los países de Latinoamérica.

Todo apunta a que este movimiento tiene que ver con un cambio de estrategia en las relaciones hemisféricas de Estados Unidos, en el marco de una nueva realidad geoestratégica, en la que otras potencias económicas mundiales como China y Rusia (junto a otros países del llamado BRICS), están obteniendo una gran ventaja sobre Estados Unidos en el propio subcontinente americano.

La sustitución de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) por la vieja e inoperativa OEA, y su mayor amplitud relacional e internacional es un ejemplo de ello. Tengamos en cuenta que la CELAC la conforman todos los países de América, con excepción de Estados Unidos y Canadá, y funciona como un organismo de relaciones diplomáticas, pero va aún más allá en las relaciones intercontinentales. Recientemente más de 20 países de la CELAC han establecido relaciones firmes con China en una Cumbre Bilateral, a la que asistieron también organismos panamericanos como la CEPAL, el Bank of América y el Banco de Desarrollo de América Latina. Durante los próximos años, China realizará inversiones en los países de la CELAC por más de 250.000 millones de dólares.

China ya le ha ganado el espacio económico en el Pacífico oriental, tradicional aliado económico de Estados Unidos, se ha hecho con una buena parte de su deuda externa, y ha formado alianzas comerciales estratégicas en Asia estableciendo un poderoso eje entre China, Irán y Rusia.

Estados Unidos está quedando fuera de juego en estas relaciones, ha mantenido su mano dura sobre los países que consideraba su "patio trasero", pero salvo unas pocas excepciones, se ha encontrado con un pueblo latinoamericano que camina hacia la definitiva independencia e integración y que ofrece cada vez más resistencia al control del norte.

Frente a la ofensiva neoliberal de Estados Unidos valiéndose de su superioridad, de intentar imponer el llamado Área de Libre Comercio de Las Américas, el Presidente Hugo Chávez y Néstor Kirchner pusieron en marcha una jugada magistral, en noviembre de 2005, al grito de “Hemos venido a Mar del Plata a enterrar el ALCA”, consiguiendo que la mayor parte de los países latinoamericanos rechazaran esa presión, e incluso que algunos conformaran una alternativa solidaria que se denominó ALBA.

Desde entonces han habido múltiples intentos de desestabilizar el ALBA, incluso la creación de un nuevo ALCA con el nombre de Alianza del Pacífico, formado hoy por países que en su momento estaban gobernados por partidos conservadores o liberales, como Chile (hoy ya no, aunque continúa formando parte de esa Alianza), Colombia, México y Perú (cuyo gobierno se desligó rápidamente de la izquierda transformadora de sus países vecinos), sus fundadores, y tradicionalmente aliados muy cercanos de los intereses de Estados Unidos; y que seguidamente integrarían también Costa Rica, Panamá y Canadá. Se trata de un poderoso conglomerado de relaciones comerciales basadas en el liberalismo económico, al más clásico estilo neoliberal, que hace una seria competencia a otros grupos económicos como el ALBA, e incluso al Mercosur, al que llegó a superar en el año 2010 en casi el 60% de las exportaciones.

Con este cambio estratégico, Estados Unidos trata indudablemente de recuperar la influencia política, cultural e ideológica perdida en las últimas décadas con la llegada de las revoluciones ciudadanas o democráticas inspiradas en la dignidad de Cuba frente a la presión del imperialismo norteamericana, y llevadas a cabo por Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, o por ser más exactos, por los movimientos sociales que desde las bases auparon estos nuevos movimientos políticos.

La cantidad de frentes que Estados Unidos tiene abiertos, en Asia, Cercano y Medio Oriente (Afganistán, Irak, Siria), el Magreb (especialmente Libia) y en varios países del continente africano por el control de los recursos y los mercados; la carrera despiadada en alianza con la Unión Europea contra los BRICS especialmente China y Rusia por el control y el reparto del mundo, de sus recursos y sus mercados; a lo que se suma ahora una ofensiva brutal sobre Europa con el llamado TTIP (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión), y el polvorín permanente de Ucrania en una partida peligrosa contra la poderosa Rusia, obliga al gobierno estadounidense a resituar su estrategia.

Es por eso que este movimiento casi inesperado de acercamiento de Estados Unidos hacia Cuba, visto en clave internacional, puede presagiar una nueva era basada en el llamado "soft-power" como sistema de control geoestratégico, aunque no por ello renunciar, llegado el caso, a su poderío militar, y el control de la OTAN (el brazo armado del capitalismo neoliberal y neocolonial), así como otros organismos no militares, pero con mucho poder como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Mientras tanto, siguen habiendo cruentas guerras en 13 países, la mayoría de ellos islámicos, y poseedores en sus territorios de ricos recursos naturales y energéticos, tan necesarios para la continua expansión del capitalismo, que sólo puede sobrevivir creciendo año tras año de forma imparable.

Cuba siempre ha sido, y hoy más que nunca, una pieza clave en el tablero del ajedrez geoestratégico, por su valor ideológico, y por demostrar con tanto coraje que sí es posible no sólo resistir, sino también derrotar al gigante. Muchos pensamientos, muchas cabezas y corazones están hoy con Cuba, esperando y deseando que siga jugando el papel ejemplar que siempre ha hecho. No sólo por su población, que obviamente es lo principal, un estado se debe en primer lugar a su pueblo; sino por la compleja situación internacional que esto supone.

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