jueves, 26 de febrero de 2015

Grecia: la victoria “a lo Pirro” de la Unión Europea

Pablo Heller (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info

Al final de semanas de negociaciones escabrosas, la Unión Europea le impuso a Grecia la continuidad del plan de rescate vigente y el compromiso de no adoptar medidas que pudieran afectar sus objetivos de ajuste, privatizaciones y reformas laborales. El nuevo gobierno de Grecia retiró sus planteos de obtener una quita de la deuda externa y congeló sus compromisos sociales mínimos. Syriza cedió a esta extorsión, que sin embargo estaba descontada, ante la presión de una masiva retirada de depósitos y el derrumbe de la deuda pública, que dejaba un plazo de días para llevar al sistema bancario a la declaración de quiebra. Syriza capituló ante la extorsión de la Unión Europea porque no estaba dispuesta a responder con una nacionalización de los bancos y de las transacciones con el exterior. Entre el combate al ajuste y el salvataje de los bancos, el nuevo gobierno optó por el rescate bancario. Se trata de una opción que define la estrategia del nuevo gobierno.

En consecuencia, no habrá aumento del salario mínimo ni una mejora para las franjas más postergadas y vulnerables de los jubilados. La reincorporación de los empleados públicos va a quedar reducida a una mínima expresión. No se van a revertir las privatizaciones. Syriza presentó algunas modificaciones en el gasto público, pero dentro de los límites del ajuste, que fueron aceptados por los extorsionadores. Mientras la opinión mundial centraba su atención en las idas y venidas de estas negociaciones, el nuevo gobierno propuso para la presidencia de la República a un ex ministro del partido conservador que fuera derrotado en las últimas elecciones. Se trata de otra garantía política de fidelidad al orden internacional. Esta vez no necesitó la justificación de la falta de una mayoría absoluta, como cuando formó gobierno con la derecha xenófoba, porque tenía los votos para consagrar un candidato de sus propias filas. No se puede separar esta orientación política del cuadro general de negociación con la Unión Europea.

Obama y la Otan

El factor que decidió finalmente la firma del acuerdo fue la exigencia presentada para ello por parte del gobierno de Obama y de la Otan. Ambos hicieron saber a Alemania que estaba excluida la posición extrema de expulsar a Grecia de la zona euro, como podía ocurrir si Alemania no concedía la posibilidad a Grecia de retomar las negociaciones en un plazo de cuatro a seis meses. Obama y la Otan invocaron el peligro de una desestabilización enorme de la economía mundial, por sobre todo de los Balcanes, lo cual ofrecería a Rusia una carta adicional en la crisis de Ucrania. Estos elementos ponen de manifiesto la importancia internacional de la crisis griega para los intereses del imperialismo mundial.

Las capitulaciones son obligadas, a veces, para conservar posiciones estratégicas que permitan revertir en un futuro lo impuesto por extorsión. Hay numerosos episodios en ese sentido en la historia de las revoluciones. No es el caso de lo que acaba de ocurrir. Alexis Tsipras, flamante primer ministro, saludó el acuerdo como "una victoria”, en una expresión de que ese acuerdo le había evitado a a su gobierno adoptar decisiones financieras y políticas radicales. Abundó, en esa línea, en las posibilidades que el acuerdo ofrecía para obtener ventajas en negociaciones futuras. El texto del compromiso asumido es claro, sin embargo, en el respeto que impone a las normas de la Unión Europea. El compromiso actual fue sellado en el marco del plan de rescate consagrado en los acuerdos anteriores.

Como se ha dicho, esta capitulación estaba descontada. No podía ocurrir nada diferente en una estrategia que defiende la pertenencia al orden capitalista y a la Unión Europea. Las críticas aceradas que han partido del ala izquierda de Syriza, aunque correctas, solamente ponen de manifiesto la ceguera política de esos sectores. Para la dirección de Syriza, la derrota de la austeridad sólo sería posible en el marco de alianzas con otras naciones europeas que se encaminan a la misma crisis terminal en que se encuentra Grecia. Es lo que buscará hacer en estos cuatro meses de prórroga del plan de rescate del ajuste, en especial con el apoyo de Obama. Todo el mundo capitalista sabe que la deuda griega es impagable y que el ajuste la ha hecho más impagable aún. La crisis capitalista atraviesa al conjunto de la zona euro y de la Unión Europea. Syriza le dice al pueblo griego que ha triunfado, porque espera conseguir concesiones en el ajuste en un futuro relativamente próximo.

Estamos ante un espejismo cuyo propósito es aplacar a las masas griegas que le dieron el triunfo a la izquierda en enero pasado, y por esa vía estabilizar la situación política. Es a este terreno que se ha desplazado la relación entre el gobierno y las masas de Grecia. Obviamente, la izquierda revolucionaria convoca a esas masas a luchar por la aplicación incondicional del plan contra el ajuste, o sea que no asume la capitulación del gobierno. Lo único cierto que hay en la relativización de la capitulación de Syriza ante la Unión Europea, que pregonan los abogados interesados de los capituladores, es que ella no ha zanjado nada y que todas las contradicciones han pasado a un estadio más alto y explosivo.

La confianza en el gobierno se ha visto fuertemente sacudida; los explotados se adentran ahora en la comprensión de la inmensa lucha de clases, incluso internacional, que dejó planteado su voto por la izquierda reformista y su aspiración a romper el chaleco de fuerza del ajuste. Aunque, como se dijo antes, en la izquierda de Syriza han estallado fuertes desacuerdos con la capitulación, se trata de los mismos sectores que avalaron “críticamente” el acuerdo de gobierno con la derecha y la elección del presidente conservador. Cuando el gobierno lleve el acuerdo con la Unión Europea al parlamento, aparecerán los primeros votos en contra dentro del bloque de Syriza y, al mismo tiempo, los votos a favor del centro y de la derecha. Syriza habrá realizado las dos terceras partes de su pasaje de la consigna "por un gobierno de izquierda" a la de "un gobierno de unión nacional". Virajes de esta magnitud en un par de semanas son testimonio de una situación prerrevolucionaria.

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