viernes, 20 de febrero de 2015

Informe de situación: El derecho a la vivienda y la acumulación de la renta urbana capitalista

Mario Daniel Villagra Segovia (ACTA)

Para todos y todas, de jóvenes y de adultos, alquilar, por lo general, es la solución a la salida de la casa de los padres y madres. Desde entonces, con ayuda y suerte; decididos a estudiar o a trabajar, asalariadamente o no, al alquilar aparece la figura del inquilino.

El tiempo pasa y las cosas, aparentemente, no parecen cambiar. Sólo aparentemente, pues nada más que en Buenos Aires, en 2014, la cantidad de inquilinos aumentó el 10%. Así, en todo el país, los inquilinos e inquilinas depositan sumas que equivalen al 35% de los sueldos percibidos por la remuneración de sus trabajos productivos y reproductivos.

De manera tal que, el alquiler es un mecanismo de acumulación de la renta urbana de los capitalistas, similar a la que se entrega con un préstamo del banco o con cuotas a plazos fijos. Como dice el autor del libro Ciudades Rebeldes, “el valor creado en la producción puedes ser recuperado por la clase capitalista mediante los elevados alquileres que los propietarios de viviendas cobran a los trabajadores por su alojamiento”. Ahora bien, la pregunta actual sería, ¿por qué ningún partido político, cualquiera que sea, toma el tema de los alquileres en el marco de las campañas presidenciales del 2015, siendo que es algo que interpela a millones de ciudadanos?, ¿nos condenaran a vivir en nuestras casas, gobernados con el yugo del monopolio de la renta, por siempre?

Los alquileres, en manos de los rentistas, es un eslabón en la cadena de producción de ganancias, que parte de la renta dela tierra urbana, pasa por el sector de la construcción y también el mercado inmobiliario, antes de llegar al inquilino. Como en una cadena, un eslabón se concatena con otro, en un proceso dialéctico entre individuos y grupos, y así vamos conformando nuestro hábitat. Al habitarlo, cabría hacerse otro interrogante, ¿de qué manera queremos seguir habitándolo? Además de ser productores y reproductores de bienes y servicios, que por esos nos pagan, ¡¿cuándo tiempo más vamos a seguir entregando parte de nuestro sueldo para tener un techo digno?!

La magnitud del caso, amerita que se tome consciencia: El porcentaje global de inquilinos, en argentina, es del 14.3% de los encuetados en el último censo. Es decir, el problema es social, y no simplemente político; pero sin dudas debe ocupar un lugar en la agenda pública, de los funcionarios, y fundamentalmente de la sociedad civil que es quien los elige. De lo contrario, seguirá estando en manos del mercado y los rentistas.

En las manos del mercado, la vivienda, en vez de gozarse como un bien de uso, se trasforma en un bien de cambio, en una mercancía; y esto hace que con el alquiler, una vivienda, sea igual a un pantalón o una camisa. Ahora bien, ¿Cuál es la particularidad que diferencia la mercancía de la vivienda? Que ésta se lleva, por lo general, más del 35% del sueldo mensual, y que, a diferencia de otra mercancía, la vivienda es un Derecho.

Los inquilinos tienen historia

En época de la colonia al Virrey le decían “el sordo”, pues no escuchaba al pueblo. En nuestra, a quienes están en el Estado, habría que decirles “ciegos” (sin ánimo de ofender a quienes tienen esas diferencias). Pues pareciera que no escuchan, no ven y no tocan las páginas de la historia social y político de la humanidad. Los Diputados y Senadores deberían conocer tres casos ejemplificadores en cuanto al problema de la vivienda, y así nutrir de conocimiento a la sociedad toda: Uno fue en “La Comuna de París” (1871); dos de las primeras decisiones fue imponer una moratoria en los alquileres. La segunda es la conocida “Huelga de los inquilino” (1907), en argentina; se logró frenar un aumento, luego de eso, implementar una rebaja y congelar el precio de los mismos. Y el tercero, en Cuba con la “Reforma Urbana” (1960); se traspasó el fondo completo de viviendas de alquiler en propiedad a sus correspondientes habitantes; los antiguos propietarios fueron indemnizados por el Estado según el año de construcción y monto del alquiler de la vivienda perdida. Así se solucionaron, histórica y momentáneamente, los problemas de la vivienda. ¡Ante la propiedad privada de unos pocos, hay que reclamar la propiedad particular muchos!

La función social de la vivienda

No basta con “defender a los maltratados”, como reza la Unión Argentina de Inquilinos, pues no existen las “contratación justas y equilibradas” entre dos partes en condiciones desiguales. Las palabras del presidente de la Unión Argentina de Inquilinos, Ricardo Botana, pecan de ese sindicalismo que se adapta, del que hablaba Agustín Tosco. Aquel explica que las cláusulas que establecen subas escalonadas no son ilegales; claro, ¡son inmorales para la vida del pueblo trabajador! Pues aquí ya no se trata de discernir que es lo legal o ilegal, pues ya se sabe que las leyes son para proteger los intereses del capital.

El cuadro entre el “locator” y “locatario”, se completa con las inmobiliarias, quienes también militan por sus ganancias. Entre tanto, el Estado vive bajo lo que algunos intelectuales llaman ideología invertida, pues quiere hacerse pasar por víctima, cuando en realidad es victimario. Pues, los funcionarios públicos son quienes, históricamente, aprueban aquellas leyes. En la actualidad, es la 23.091 quien regula ésta parte de la situación habitacional: los alquileres. La misma crea la posibilidad de que en cada ciudad se establezca una Oficina Municipal de inquilinos. Pero solamente en dos del país se han establecido trabajos, gracias a la Unión de Inquilino de La Plata y su homónima de Neuquén.

Como dice David Harvey, autor del libro anteriormente nombrado, esta forma secundarias de explotación, siempre ha sido vital para la dinámica general global de la acumulación capitalista y la perpetuación del poder de clase. Al mismo tiempo, es una práctica predadora con respecto al mercado de lo vivienda.

Mario Daniel Villagra Segovia es Comunicador Social y Docente de AGMER. Colaborador de la RNMA.

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