martes, 10 de febrero de 2015

La modernización violenta de Colombia

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

Lo trágico para un pueblo no es la historia escrita sobre la cual discutir; lo realmente funesto es no tener ninguna historia. No por aquella frase del 18 de Brumario de Marx (hoy convertida en una simple cita de cajón) sobre los hechos históricos ignorados u olvidados que unas veces se repiten como tragedia y otras como farsa, sino porque es imposible para cualquier pueblo tener una “conciencia social liberadora” y trazar un camino hacia su futuro sin conocer su historia tanto particular como su relación con la historia de la humanidad.

Es por eso que la historia como expresión misma de la lucha de clases, es el teatro privilegiado de cualquier controversia sea esta política, ideológica o económica, e incluso sea el fondo de “la política por otros medios”, es decir del enfrentamiento armado. De aquí que Colombia, en donde desde se la época de la cacica Gaitana, exactamente desde hace 476 años, se ha venido librado uno de los conflictos más encarnizados y tenaces de la lucha de clases de la humanidad o de la historia humana; primero hubiera habido una ignorancia supina sobre su historia particular y sus relaciones con el resto del mundo estimulada por el Poder dominante y constreñida a una desolada versión oficial escolástica única, y luego, hubiera habido sobre todo a partir de la década de los 60 del siglo pasado, una eclosión de textos “interpretativos” de la sociedad colombiana de científicos sociales e historiadores metropolitanos (sobre todo anglosajones y franceses por aquello del colonialismo) y como no, también criollos de todas las escuelas de pensamiento social habidas y por haber, casi todas estas explicaciones justificadoras de lo que acontecía en la base de la pirámide social:

Un desarrollo rampante del largo y penoso proceso de separación “violenta” de los colombianos (fueran estos indios, negros, mestizos o blancos de orilla) de sus medios de vida o de producción para convertirlos en mercancías, valga decir en simples vendedores de su fuerza de trabajo, y, del “enajenamiento” o alienación de su tradicional concepto de libertad e insumisión, para transformarlos en resignados y devotos “tributadores” o pagadores de diezmos y primicias a la iglesia Dios.

En breve, una historia de la cúpula de la pirámide u oligarquía colombiana apéndice de algún imperio español, inglés o norteamericano, para desarrollar mediante la violencia política el capitalismo (progreso) y el mercado interno en la base económica hasta su total Transnacionalización, mientras afianzaba en todos los niveles de la superestructura ideológica-política “nacional” una realidad institucional clerical y contemplativa, autoritaria y rentista de la vida cristiana, totalmente en contravía del dinamismo capitalista que estaba construyendo a “sangre y fuego” en la economía. Muy pocos, casi excepcionales, fueron los escritos explicativos donde los protagonistas o como se dice ahora los sujetos, fueran los de debajo de la pirámide social.

Uno de estos historiadores metropolitanos de lo acontecido en la cúpula del Poder colombiano es James D Henderson, el antiguo cuerpo de paz estadounidense venido a Colombia dentro del programa de la Alianza para el Progreso con la que el gobierno de su país pretendió combatir en Nuestramérica la influencia de la naciente revolución cubana y quien luego se doctoró como historiador sobre Colombia, tomando en serio su labor investigativa.

En sus más reciente libro sobre nuestro país reditado conjuntamente por la Universidad de Antioquia y la U Nal sede Medellín (1); donde en 683 intensas páginas Henderson, después de haber leído la friolera de 546 libros sobre Colombia, de haber consultado 30 diarios y revistas, consultado 9 archivos oficiales (entre ellos los del Departamento de Estado) después de haber entrevistado 17 protagonistas directos y consultado 28 fuentes inéditas; hace una empalagosa descripción del papel tan positivo para la modernización (económica) jugado por el líder natural del falangismo colombiano y dictador conservador Laureano Gómez; que en lo fundamental coincide con la reciente “revisión ”que ha hecho Kalmanovitz de sus anteriores historias trotskistas (2) y, confirma lo que hemos dicho dos párrafos atrás sobre el proceso de conformación de la metáfora marxista de la Base y la Supra-estructura en Colombia.

Para aquellos que intencionadamente (supuestamente desde una posición de Avanzada Democrática) desconocen la torsión realizada en la conciencia social de los colombianos por el actual proceso de paz de la Habana en tres aspectos vitales como:

a) La ampliación de la discusión y de la masa crítica sobre la historia de Colombia que planteará necesariamente el informe de la comisión de la verdad histórica próximo a conocerse.

b) La superación teórica del desarrollismo neoliberal descrito por el historiador Henderson hasta su total transnacionalización proyectada en los gráficos de la nueva historia económica de Kalmanovitz, que necesariamente planteará el tema de las reformas estructurales para la sociedad colombiana a ejecutarse durante el llamado posconflicto que ya está en la discusión social.

c) El cambio de prioridades que se ha planteado sobre el tema de la paz y en contra del concepto militarista de la “seguridad” esgrimida por los Uribe, Mindefensa Pinzón y el obseso fanático Ordóñez

d) El surgimiento y consolidación en las bases populares del Frente Amplio por la Paz, que se presenta como una alternativa (esta vez seria) de Unidad popular por la base de la pirámide, poder democrático y soberanía.

Para aquellos que por sectarismo maoísta “anti fart” y urgencias electorales “pordebajean” el proceso de la Habana, queremos citar en extenso la conclusión básica del erudito libro sobre Colombia del historiador Henderson citado (…..) ” A finales del siglo XX, los estudiosos colombianos han prestado una atención desproporcionada a la Violencia y a la tormentosa historia política de la nación. Por consiguiente los cambios socioeconómicos que afectaron a muchos más colombianos y que ocurrieron simultáneamente con la Violencia política han sido poco estudiados…La idea de que Colombia sufrió un colapso institucional casi fatal en 1949 ha llevado a los estudiosos a concentrarse en la política y en la violencia, y a ignorar el desarrollo socioeconómico que tuvo lugar entre la ´década del cuarenta y la del cincuenta que fue en realidad, de mucha mayor importancia para el país. Les ha impedido percibir que, con excepción de los partidos Liberal y Conservador y de la estructura política formal definida por ellos, la mayoría de las instituciones colombianas se fortaleció significativamente durante los años de la Violencia”. Pág 478 (…..)

Como decimos los colombianos ¿Más claro para dónde?

Notas
1) Henderson D James. La Modernización en Colombia. Los años de Laureano Gómez 1889-1965. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín 2006.
2) Kalmanovitz Salomón. Nueva Historia Económica de Colombia. Editorial Taurus. Universidad Jorge Tadeo Lozano. Bogotá 2010.

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