miércoles, 4 de febrero de 2015

La resistencia del guaraní

Carlos Del Frade (APE)



El 2 de febrero de 1989 terminaba la dictadura de 35 años de Alfredo Stroessner en Paraguay. Para las biografías que circulan por internet, “durante los años ochenta, Brasil y Argentina regresaron a la democracia y el pueblo paraguayo aprovechó ese clima político para salir a las calles a manifestarse. Tales manifestaciones fueron lideradas por el Acuerdo Nacional (PLRA, Febrerista) y los sindicatos, pero fueron reprimidas violentamente, a pesar de ser pacíficas. Por ello, Stroessner fue abandonado por sus antiguos aliados, como Estados Unidos, y la economía empeoró.

En 1987, se realizó la Convención del Partido Colorado y la facción stronista de su partido pensaba escoger como candidato a su hijo mayor, Gustavo Stroessner, debido a los rumores de que el ya anciano dictador padecía una enfermedad, pero lo escogieron a él. En las elecciones fraudulentas de 1988 obtuvo el 88,8% de los votos.

Ese mismo año recibió en Paraguay al papa Juan Pablo II. Debido a lo brutal de su dictadura, la facción más tradicionalista de su partido, los militares y en especial la Iglesia católica, empezaron a demostrar su malestar hacia el régimen: en la madrugada del 3 de febrero de 1989, su consuegro y hasta entonces mano derecha, el general Andrés Rodríguez Pedotti, con el respaldo de Estados Unidos, encabezó un golpe de Estado. Fue detenido por unos días hasta que fue enviado al exilio a Brasilia, junto a su hija Graciela, su hijo Gustavo y la esposa de este último María Eugenia Heikel”, sostienen esas páginas.

Recién en el año 1992, tres años después del fin de la dictadura, el idioma guaraní fue, por fin, reconocido como el idioma nacional.

Tanto Stroessner como la prohibición del guaraní fueron herencias del genocidio cometido durante la llamada guerra de la triple alianza o, mejor dicho, la guerra de la triple infamia que este primero de mayo cumplirá 150 años de su declaración de parte de las burguesías argentina, brasileña y uruguaya.



Para el investigador Manuel Fernández, autor del ensayo “Breve historia del guaraní”, la población de Paraguay, “de 1.300.000 a inicios de esa guerra, se redujo a unos 200.000 al final de ella, y de ésta, sólo el 10 % era masculina, casi todos ellos ancianos y niños que no pudieron ir al frente. También perdió gran parte de su territorio, que pasaron a formar parte de la Argentina y el Brasil, zonas que hasta hoy son guaranófonas. Fue así como Paraguay, de la gran riqueza, pasó a la extrema pobreza.

“Terminada esa guerra, y bajo el dominio económico de los extranjeros (argentinos, brasileños e ingleses) que plantaban su capital en el territorio paraguayo para destrozar sus recursos naturales y utilizar mano de obra femenina barata, el guaraní es nuevamente perseguido, por no ser el idioma de los nuevos amos de las tierras. El argentino Domingo F. Sarmiento fue el asignado a revisar el programa escolar, de manera que "la lengua salvaje" quede fuera de él, y Paraguay pueda incorporarse de nuevo a "la civilización".

“Como era de esperarse, la población no acompañó a la pequeña elite gobernante, que estaba vendiendo su tierra y pisoteando su lengua. Siendo el guaraní el único recurso no destruido por la guerra, continuó coleando entre los continuos ataques de que era blanco: el adjetivo "guarango" significaba "salvaje que habla guaraní". Como resultado, los hablantes del guaraní en general detestaban esa escolaridad foránea y nuevamente el guaraní retomó la férrea oralidad de la que siempre fue orgulloso…En 1989 Paraguay sale de una larga dictadura, y la siguiente Constitución Nacional (1992) ya reconoce al guaraní como idioma oficial del país, en un mismo nivel que el español. Inmediatamente se implanta su uso obligatorio en la educación escolar básica, y luego en el nivel medio, con una educación bilingüe. El guaraní ha sido debidamente reconocido”, terminaba diciendo Fernández.

A ciento cincuenta años del inicio del genocidio que significó la guerra de la triple infamia, el guaraní resiste porque, entre otras, como dice Roberto Romero en su estudio “Protagonismo histórico del idioma guaraní”, guaraní quiere decir “pueblo libre”.

Fuentes: “Breve historia del guaraní”, de Manuel Fernández; Agenda Latinoamericana 2015; y “Protagonismo histórico del idioma guaraní”, de Roberto Romero.

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