martes, 10 de febrero de 2015

La tortura era una política de Estado de Estados Unidos, afirma exagente de la CIA

SPUTNIK NOVOSTI

La tortura era una política de Estado de Estados Unidos, dijo en una entrevista con Sputnik el ex agente de la CIA John Kiriakou, condenado a prisión por sacar a la luz el programa de torturas de George W. Bush.

"La CIA no torturaba por iniciativa propia, sino que la tortura era una política de Estado oficial", confesó.

Kiriakou, que salió recientemente en libertad tras pasar dos años en prisión por una condena bajo la Ley de Espionaje, criticó en su primera entrevista la falta de protección a los que se atreven denunciarlo.

El ex agente se considera sobre todo un patriota. Esto fue lo que lo llevó a estudiar árabe, interiorizar la amenaza del terrorismo y unirse a la CIA. Recibió varias medallas por su trabajo, incluyendo la Medalla al Servicio Antiterrorista y la Medalla de Honor al Mérito del Departamento de Estado.

Sin embargo, su sentido de patriotismo fue lo que lo impulsó también a revelar lo que llegó a ver como "crímenes de lesa humanidad" cometidos por su Gobierno.

"Nos decían que (la técnica de tortura conocida como) el submarino era realmente efectiva, que no era tortura y que gracias a esto podíamos obtener información valiosa", dijo. "Yo lo creía. Todos lo creían".

Confesó que "a los pocos años nos dimos cuenta que esto no es así".

"La agencia nos había mentido. La tortura no le servía al país, no era una política coherente. Fue un error desde el principio", afirmó.

Luego de las primeras filtraciones sobre casos de tortura, resultó cada vez más claro que el programa no estaba dando los resultados esperados. El gobierno de Bush en su defensa culpó a la agencia, diciendo que las torturas eran cometidas por "agentes sin escrúpulos".

"Como alguien que había servido fielmente a la CIA, me sentí muy ofendido por la mentira pública emitida por la Casa Blanca", dijo.

Su decisión de ir a la prensa y difundir que "la CIA no torturaba por iniciativa propia, sino que la tortura era una política de Estado oficial" cambió su vida de la noche a la mañana. Fue despedido, sus amigos se alejaron de él y el FBI comenzó a investigarlo.

Después, fue acusado de violar la Ley de Espionaje.

Denunciantes desprotegidos

No hay protección para agentes de inteligencia que denuncian crímenes cometidos por agencias gubernamentales, aseguró Kiriaku.

"Si formas parte de los servicios de inteligencia, no hay protección alguna. Tienes que pensártelo bien antes de publicar este tipo de información porque tu vida cambiará radicalmente si lo haces", advirtió.

Muchos cuestionaron por qué Kiriakou no usó los canales internos de denuncia o por qué no acudió a miembros del Congreso para informarles sobre lo que sucedía. Kiriakou insiste en que intentó "informar a sus superiores", pero esos canales internos estaban cerrados.

"Supongamos que encuentras evidencia de tortura y acudes a tu superior; él forma parte de ese programa de torturas", explicó Kiriako. "Acudes a su superior, pero fue él mismo el que ordenó el programa de tortura. Acudes al consejo general y ellos fueron quienes aprobaron el programa. Vas a los comités; todos fueron puestos al tanto y no levantaron ninguna objeción. ¿Adónde más se puede acudir? Lo único que queda es la prensa", sentenció.

En 2012, el presidente de Estados Unidos Barack Obama comenzó a tomar medidas para cumplir su promesa de campaña de proteger a denunciantes en el gobierno federal. Se abrieron canales nuevos para que funcionarios que vean algo extraño "lo denuncien". Sin embargo, estas reglas no se aplican para los miembros de los servicios de inteligencia.

Un martillo para intimidar

Kiriakou también denunció que el Gobierno usa la ley de Espionaje "como un martillo" para intimidar y obligar a declararse culpable.

"La Ley de Espionaje se ratificó en 1917 para detener a saboteadores alemanes. Es anacrónica. No se pensó para enjuiciar a personas que revelen información a la prensa, sino que para castigar a quienes cometan traición contra Estados Unidos vendiendo información secreta para beneficio propio", subrayó.

Además, señala que la práctica del Estado de acumular cargos se emplea para obligar a los acusados a aceptar acuerdos extrajudiciales.

Kiriakou cita un estudio de ProPublica que indica que más del 90% de los acusados a nivel federal nunca llevan su caso a juicio porque aceptan acuerdos. En su caso parcicular, Kiriakou enfrentaba a tal número de acusaciones que se vio obligado a aceptar la oferta de la fiscalía.

"Hay un problema en el sistema judicial estadounidense. Lo que hizo el Departamento de Justicia fue acumular tantos cargos, que terminé arriesgándome 45 años de cárcel por hablar con la prensa", dijo Kiriaku. "Habría pasado el resto de mi vida en la cárcel, y luego la fiscalía te dice "o si quieres, puedes aceptar nuestra oferta, te declaras culpable de un solo crimen y pasas solo dos años en la cárcel".

El exfuncionario de la CIA salió en libertad el 4 de febrero pasado luego de estar dos años y medio en prisión. Fue quien sonó la alarma y expuso a la luz pública el programa de torturas en el marco de la Guerra contra el Terrorismo de George W. Bush.

Fue sentenciado a 30 meses de prisión en 2013 y se declaró culpable de confirmar a la prensa la identidad de un oficial encubierto, aunque el periodista no publicó esta información.

Sus partidarios insisten que el gobierno de Obama buscó hacer de Kiriaku un ejemplo en su lucha contra denunciantes de crímenes del Estado y que el castigo fue injusto.

Kiriaku fue el primer funcionario de la CIA que confirmó públicamente el uso por parte del gobierno de Bush de la técnica de tortura conocida como submarino.

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