martes, 3 de febrero de 2015

“Las farianas sí sufrimos al leer tantas ridiculeces...”

Natalie Mistral

A propósito del artículo publicado en verdadabierta.com, titulado El sufrimiento de mujeres combatientes y desmovilizadas.


Foto: La pareja Arleny y Dario es un típico ejemplo que cuando se quiere se puede formalizar la relación en la guerrilla.

Ante semejante sarta de mentiras mezcladas con algunas verdades a medias, es imposible que nosotras, las mujeres combatientes de las FARC-EP - las que estamos luchando, no las que traicionaron - no reaccionemos una vez más, para repetir lo ya dicho muchas veces: No somos víctimas de nuestros compañeros de filas, somos víctimas del sistema económico y social fomentado por la clase dominante y defendido a sangre y fuego por el Estado colombiano.

Desde la primera línea del artículo que nadie se atrevió a firmar - pues sostener estas afirmaciones, sacadas de la imaginación torcida de los propagandistas del régimen, es tarea imposible – nos encontramos con la solapada acusación de reclutamiento forzado de menores y la de utilización sexual de las niñas... todas las palabras cuidadosamente elegidas para provocar el más rotundo rechazo de quien tuvo la mala suerte de leer dicho artículo.

La desmovilizada a quien llaman Amparo, quien seguramente tuvo que aprenderse muy bien su libreto para tener el beneficio de la ley de “justicia y paz”, afirma haber sido reclutada a la edad de 12 años, dejando una “vida de infancia” atrás... pero más abajo nos revela el anónimo mercenario de la palabra que “la parte sexual la conoció a los 4 años, cuando su padrastro la violó por primera vez”... Suponiendo entonces que Amparo sea una mujer real y no un montaje de la inteligencia militar, nos podríamos preguntar ¿qué tan forzado fue su ingreso? ¿O si, al contrario, como pasa numerosas veces, la organización se vio obligada a recibirla, no obstante su corta edad, antes la disyuntiva de regresarla a su violador?

Sigamos con la vida de Amparito quien ingresó a un curso básico donde el autor nos induce a pensar en el tan difundido “lavado de cerebro”, haciendo referencia a un “entrenamiento físico, sicológico e ideológico” en el que se repite que “dios no existe”... entre otras barbaridades comunistas... afirmaciones hechas todas con un tono de indignación que deja entrever el enraizado obscurantismo en el cual está sumido nuestro anónimo escribano.

Por supuesto que se enseña el Marxismo-Leninismo en las escuelas de las FARC-EP; por supuesto que se enseñan técnicas de combate, balística, como también pensamiento bolivariano, historia, filosofía, economía política... también a leer y a escribir a quienes no saben.

En cuanto a cómo resistir a la tortura, pues el problema no es si se enseña o no, sino el nada sencillo hecho de que la tortura es una realidad inevitable cuando un guerrillero, o guerrillera, cae en manos de los agentes del Estado. ¡Eso es el verdadero escándalo! ¡Y no si dios existe, o no!



Entra entonces nuestro enmascarado cuentero en la descripción de las relaciones afectivas, y sigue la farsa: parejas sistemáticamente separadas, prohibición de la tristeza so pena de muerte, obligaciones a tener relaciones con otros guerrilleros, abusos de poder de los comandantes y escarmiento público para las muchachas... tantos cuentos surrealistas similares a “los comunistas comen niños”, inventados durante la guerra fría para asustar y polarizar a la opinión pública.

La realidad es que en las FARC-EP, si bien respetamos las creencias personales de cada cual, no existe la figura del casamiento sagrado... Cuando nos enamoramos, sencillamente lo formalizamos; como de la misma forma y en cualquier momento somos libres de separarnos, sin ser juzgados por nadie.

Las mujeres podemos entonces gozar de una vida sexual libre de los prejuicios de la sociedad tradicional, pero ojo!, esto no se debe confundir con prostitución o esclavitud sexual. La libertad de elegir con quién se acuestan y cuando es un gran avance para las mujeres, solo se le ocurre tergiversarlo de esta forma a una mente torcida y retrógrada.

El nada objetivo narrador pasa entonces a tocar un tema particularmente delicado en la sociedad colombiana, que es el del aborto y la maternidad. Pero una vez, más la exageración y los clichés a los cuales recurre no muestran la mínima intención de querer llegar al fondo del problema. Castigos por embarazo como cavar 1000 metros de trinchera con una cuchara, guerrilleras desangradas por el ombligo... La hilaridad que provocan estas absurdas y vulgares caricaturas es sofocada por la indignación frente a tanto descaro; ¡hasta la ciencia ficción debe respetar algunas reglas para ser creíble!

Las FARC-EP, ante la cruda realidad de la guerra y la persecución a los familiares de guerrilleros, tuvieron que plantear la imposibilidad de tener familia en medio del conflicto. Esto repercute en la obligación de planificar para evitar los embarazos; y es verdad, no siempre se puede cumplir cabalmente. Tenemos el convencimiento que las mujeres tienen el derecho a disponer de sus cuerpos y decidir por ellas mismas sobre su maternidad, pero también sabemos que más allá de los deseos, están las duras circunstancias y los peligros propios de una vida de rebelde... en este sentido, nos despojamos de la carga moral-religiosa y practicamos el aborto, en medio de la selva, como el recurso último de la combatiente para seguir dueña de su destino... El castigo por ser madre no es el que menciona allí el delirante narrador sino el de tener que vivir lejos de nuestro infante, no poder ofrecerle el cariño, el cuidado y la seguridad que merece, vivir cada día con el miedo de que le pase algo y no poder hacer nada al respecto... Y por esto, culpamos directamente a los responsables de esta guerra: al Estado colombiano, a la burguesía vende patria y sus gobiernos asesinos.

No deja de llamar la atención el escueto episodio de los maltratos policíacos que recibe la supuesta recién desertada, donde el dramaturgo a sueldo se esmera por dejar bien claro que solo se trata de hechos aislados de tropas sin rangos cuando precisa “Dos superiores detuvieron el ataque y la llevaron a un hospital”, y es verdad que los “héroes de la patria” necesitan alguna ayuda para limpiar el buen nombre de tan desprestigiada institución, aun cuando en ella se encuentran todavía hombres y mujeres de honor y verdadero patriotismo.

Resultaría engorroso y aburridor detallar cada falacia y giros de frases mal intencionados, pero es preciso decir algo de las fotos que ilustran la publicación digital: se trata de 2 fotografías tomadas durante los diálogos del Caguán; una a la Camarada Gisela Ruiz, comandante de guerrilla del frente Antonio Nariño, destacada tanto en combate como en tareas políticas y pedagógicas; la otra a Liliana Briceño, comandante de frente, destacada guerrera y conductora de tropas del Bloque Comandante Jorge Briceño. Sus rostros son los de mujeres dignas, a la vez fuertes y tiernas, nada que ver con la descripción de “niñas abusadas y maltratadas” que supuestamente somos todas. Ellas son guerrilleras de carne y hueso, mujeres que eligieron su destino y se han erigido en sujetos políticos respetables y admirables. Eso es lo que somos las guerrilleras: mujeres erguidas, políticas probadas luchando por el futuro de nuestro pueblo.

En fin, no es que una se sorprenda ante semejante amalgama de sofismas prefabricados. Al fin y al cabo, desprestigiar nuestra organización forma parte de la guerra mediática en la cual tanto ha invertido el gobierno. Basta de pormenorizar los estúpidos argumentos del enemigo para desacreditarnos. Que muestren pruebas de sus acusaciones; que dejen de proferir mil mentiras esperando que se vuelvan verdades, según la probada teoría nazi.

Natalie Mistral es guerrillera internacionalista de las FARC-EP.

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