lunes, 9 de febrero de 2015

México. Comentario a tiempo: La Constitución del 17

Teodoro Rentería Arróyave (especial para ARGENPRESS.info)

Como la quieran ver, analizar o juzgar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, nuestra Carta Magna, sus rendidos seguidores, sus analistas, los historiadores verdaderos, e inclusive, sus detractores, es la primera en el mundo verdaderamente socialista.

México en el los albores del Siglo XX, después de la derrota del dictador Porfirio Díaz, el triunfo de la Revolución de 1910, con Francisco Indalecio Madero en el liderazgo indiscutido, y no obstante la despiadada lucha por el poder que inició el traidor Huerta, el presidente Venustiano Carranza tuvo la grandeza de encauzar a los grandes constitucionalistas para que nos legaran el documento fundamental que nos ha regido desde entonces y que el 5 de febrero de 2017 cumplirá su primer Centenario.

El pasado 5 de febrero, la República conmemoró en Querétaro 98 años de la Constitución mexicana de 1917, en el marco del Centenario de la Soberana Convención Revolucionaria celebrada en Aguascalientes y del también Centenario de la Ley Agraria del 6 de enero de 1915.

Con tal motivo el Partido Revolucionario Institucional, PRI, integró una Comisión Nacional para la conmemoración del Centenario de la Constitución de 1917 y nombró para presidirla al político de vieja estirpe, Rodolfo Echeverría Ruiz, a quien le auguramos un gran éxito en su misión, puesto que abogado egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, siempre ha abrevado en los principios sociales, muchos de ellos sin cumplir, pero que nos cohesionan como mexicanos para seguir en la lucha para instalar una patria digna y justa.

En su toma de posesión, Rodolfo Echeverría, hijo del líder sindical de los artistas Rodolfo Landa, por su seudónimo; amigo de muchos años, prefirió recordar citas sobre nuestra Carta Magna de los grandes hombres de la historia y así marginar el protagonismo del breve momento de la ceremonia:

En Querétaro don Jesús Reyes Heroles, entonces líder nacional del PRI, el 5 de febrero de 1975, expresó: “Nuestra Constitución no ha sido ni es un texto congelado y congelante, es una Constitución viva, un cuerpo en desarrollo que prevé realidades y las acoge, que contiene ideales y los persigue, que de unas y de otros se nutre para mantenerse siempre viva. Es una Constitución viviente...”

Y recordó, en 1967, al cumplir 50 años de vigencia nuestra hoy casi centenaria Constitución, Juan de Dios Bojórquez, diputado constituyente por Sonora, publicó una postrera edición de su célebre Crónica del Constituyente. Un compañero suyo, diputado constituyente por Jalisco, Ignacio Ramos Praslow, a la sazón presidente de la Asociación de Diputados Constituyentes, le escribió, a manera de prólogo, una carta fraternal. En uno de sus párrafos se lee:

“Toda ley fundamental que cambia estructuras sociales anquilosadas o modifica las que tienen gruesos sedimentos de feudalismo colonial, para que perdure y tenga validez histórica, debe tener como antecedente una lucha sangrienta y larga. No concibo una redención sin sangre, sacrificios, heroísmos y renunciaciones. De este aserto tienes en México -le dice Ramos Praslow a Bojórquez- la Constitución de Apatzingán, la de 1857 y la de 1917, que tu y yo tuvimos el honor de firmar...”

Y, en el epílogo de la última edición de su Crónica del Constituyente, Bojórquez escribe unos meses antes de su muerte: “Estoy seguro de que, por más reformas que se hagan a la Constitución de 1917, en ella seguirán prevaleciendo los principios fundamentales que la norman. La Constitución de 1917 y la Revolución Mexicana son dos conceptos sólidamente unidos... La Constitución de 1917 seguirá presidiendo la vida institucional de México. Tendrá vigencia durante muchos años más...”

Que así sea, Rodolfo Echeverría, para el bien de la patria y de los mexicanos todos.

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