lunes, 23 de febrero de 2015

México: Los destructivos y los que desprestigian

Eduardo Ibarra Aguirre (FÓRUMENLINEA)

Todo indica, por desgracia, que ni el comandante supremo de las fuerzas armadas ni el general secretario asimilan que sus obligaciones institucionales están, de acuerdo a la arquitectura jurídica vigente, por encima de preferencias partidistas, clase sociales, ideologías y proyectos sexenales o transexenales de grupo que, como en otras ocasiones de la historia nacional, buscan perdurar más allá del periodo para el que fueron electos.

Cuando México más necesita de gobernantes que atiendan la diversidad nacional, su pluralidad, el titular del Ejecutivo federal aparece con un discurso de confrontación, que excluye a buena parte del círculo rojo sin el cual es prácticamente imposible gobernar al país, quizá sí al estado de México pero ese capítulo quedó atrás en su trayectoria política.

“No faltarán los que quieran ser destructivos y a todo, ver quizá, un crisol o bajo una óptica negativa. Lo importante es encontrar la conjunción de esfuerzos de aquellos que quieran construir mejores espacios, mejores entornos, un clima de mayor armonía de convivencia social y esto deriva y depende del esfuerzo compartido de sociedad y de gobierno”; aseguró el mexiquense de Atlacomulco, grupo incluido, y por si no fuera suficiente ofendió al más común de los sentidos: “La transformación de México no depende de una sola persona ni de una sola autoridad”.

El mismo día 20, el divisionario de los discursos sobre la lealtad del Ejército al presidente, agredió (¿o amagó?) en forma innecesaria a los que exigen respeto irrestricto de las garantías individuales por parte de las fuerzas armadas -y no me refiero a los encapuchados que en Chilpancingo, Guerrero, provocaron en la sede de la zona militar-, al postular: “En ocasiones se nos ha señalado sin agotar los cauces legales o sin pruebas serias para tratar de desprestigiarnos y, con ello, dañar la confianza en nosotros depositada”.

El general de cuatro estrellas se refiere, acaso, a la veintena de jóvenes asesinados en Tlatlaya, estado de México, y donde ningún mando alto militar está bajo proceso. O bien a los regiomontanos asesinados afuera del Instituto Tecnológico de Monterrey. Acaso a la trabajadoras sexuales violadas multitudinariamente por soldados en Coahuila. O...

Está bien que rindan homenajes al Ejército, Marina y Policía Federal, pero sería mucho más útil que la desgastada fraseología de los discursos (“la honorabilidad de las fuerzas armadas está por encima de cualquier sospecha o duda”), que informen cómo van las deserciones en los 27 meses del gobierno actual, porque en los dos anteriores, el de Felipe Calderón y Vicente Fox, fueron tan masivas que prácticamente se renovó a casi toda la tropa.

Pero además de la ineficacia de este tipo de discurso cuando el horno no está para bollos, polarizan más aún el clima político, la pronunciada pérdida de credibilidad de las autoridades y limitan los espacios de operación en el indispensable tendido de puentes entre gobernantes y gobernados.

Bueno, hasta Fox Quesada lo entiende. Dijo el señor al que Porfirio Muñoz Ledo bautizó como El Alto Vacío: “Al presidente Peña ya nos lo pusieron en jaque, sólo le falta el jaque mate, que esperemos no llegue, pero francamente este gobierno va a estar cañón que se recupere de la tranquiza de los últimos seis meses”.

Mientras tanto, se confirma que con todo y reformas estructurales la economía mexicana creció 2.1 por ciento en 2014, lo que aunado al 1.3 de 2013, arroja 1.7 por ciento en dos años, el promedio más bajo en 33 años de “crecimiento mediocre” (Luis Videgaray dixit).

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