lunes, 9 de febrero de 2015

México: Recorte presupuestal y programas sociales

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

La disminución de los ingresos del gobierno federal se debe a la caída en los precios del petróleo y al escenario mundial económico y financiero, “del cual no somos responsables”, afirmó Enrique Peña Nieto, tal y como consignaron los principales diarios capitalinos sobre el acto realizado en Tecomán, Colima, y en donde fue notable “una multitud efusiva” de 6 mil asistentes que lo esperaron tres horas y descubrieron que “Tenemos presidente”. Y lo corearon una y otra vez.

Como en 2008, con la crisis inmobiliaria estadunidense devenida en financiera global, cuando Felipe Calderón casi todos los días pronunciaba discursos en los que mencionaba la “crisis que vino de fuera”, en febrero 6 de 2015 se pronunció la primera pieza oratoria que atribuye “al escenario mundial” el primer recorte presupuestal del sexenio, del que es dable desear sea el último, pero según varios expertos ello dependerá en buena medida del éxito del gobierno de Estados Unidos y de su lacayo de Arabia Saudita para desestabilizar a la economía de Rusia, Irán y Venezuela, inundando el mercado de oro negro, pero también de la capacidad de aquéllos y de la Organización de Países Exportadores de Petróleo para concertar medidas que impulsen hacia la baja la producción.

Y por ningún lado se observan iniciativas de Los Pinos para acercarse a los gobiernos de aquellas naciones y concertar esfuerzos, salvo que se realicen en el mayor de los secretos para que la Casa Blanca no se entere e indigne con los gobernantes del país de la economía más dependiente y subordinada a la estadunidense sin prácticamente gran cosa a cambio.

De tal suerte que responsabilidad política e institucional existe, sobre todo cuando la globalización de los procesos económicos y financieros es reconocida cotidianamente y, en consecuencia, la interdependencia como dato básico siempre debe estar en la mesa del análisis gubernamental a la hora de definir estrategias, políticas y programas.

En tales circunstancias no parece, por desgracia, realista el compromiso del mexiquense de Atlacomulco en cuanto a que se privilegiará el mantenimiento de la actual política social, sobre todo para que quienes más lo necesitan sigan teniendo los beneficios y los apoyos gubernamentales.

Por ejemplo, el titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, ubicó en 7 mil millones de pesos el recorte para esta dependencia, y juró que “se cuidará que no impacte en políticas específicas para pequeños productores”, por supuesto que no explicó cómo. O la secretaria de Desarrollo Social reportó una limitación en el gasto de 3 mil millones de pesos, con repercusión en el programa de ayuda a adultos mayores, conocido como “65 y más” y en el de “zonas prioritarias”.

Una cosa son los compromisos discursivos al calor de la efusividad popular y otra, muy distinta, la cruda y terca realidad para los mexicanos que viven en la pobreza extrema desde hace varias generaciones, y apenas la mitad de ellos son beneficiarios de la Cruzada Nacional contra el Hambre, que la semana pasada motivó dos actos para mostrar los avances de la estrategia, en Ciudad Hidalgo, Michoacán, y en la tierra del virtual candidato a gobernador para Colima, José Francisco Gallardo.

Estrategia que es preciso no sólo mantener sino ampliar, aparte de los ajustes que sea pertinente realizar, pero más allá de la estrechez y la demagogia partidistas que saturan los canales del duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio con anuncios que agravian al elector más común que corriente.

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