jueves, 5 de febrero de 2015

Operativo Independencia: Una avanzada del genocidio

Facundo Aguirre (LA IZQUIERDA DIARIO)

El 5 de febrero de 1975, mediante el decreto 256/75, el gobierno encabezado por la presidenta María Estela Martínez de Perón dispuso la participación del ejército argentino en el «aniquilamiento» del accionar «subversivo» del Ejército Revolucionario del Pueblo en la provincia de Tucumán. El 6 de octubre de ese mismo año, con los decretos 2770-71 y 72, el entonces presidente interino Italo Argentino Luder habilitó la participación de las tres fuerzas armadas (Ejército, Marina y Aeronáutica) en la represión interna y su extensión a todo el territorio nacional.

Operativo Independencia: una avanzada del genocidio

Bautizado como Operativo Independencia, el 9 de febrero la provincia de Tucumán fue ocupada militarmente por el Ejército, Gendarmería Nacional, Policía Federal y Policía de la Provincia. Con ellos llegaron centenares de especialistas de "Inteligencia", que jugarían un papel estelar en la represión que se iniciaba. Al frente del Operativo estaba el comandante de la Quinta Brigada, general Acdel Vilas, quien tenía estrechas relaciones con el Ministro de Bienestar Social y jefe de la Triple A, José López Rega.

Un año antes en marzo de 1974, el PRT ERP destinó una veintena de militantes para realizar las tareas de preparación de la que se llamará Compañía del Monte Ramón Rosa Jimenez. El grupo fue detectado por las fuerzas represivas que lanzaron un operativo de búsqueda. En aquella ocasión la presencia de una columna guerrillera en el monte tucumano se dio a conocer a través de la toma del Acheral.

La idea del PRT-ERP era establecer una zona liberada en Tucumán para lograr el reconocimiento de la guerrilla rural como fuerza beligerante que se enfrentaban a una fuerza de ocupación, tal como caracterizaban a las FFAA locales. Según sus propios cálculos la Compañía del Monte sumaba 62 combatientes. La lógica vulgar de la guerra de aparatos que manejaba el PRT-ERP, imaginaba que a Tucumán se iban a lanzar las fuerzas del imperialismo y provocar un levantamiento nacional que llevara a un Frente de Liberación de carácter policlasista al poder.

Las fuerzas de la guerrilla nunca superaron los 150 militantes. Frente a ellos el Ejército desplegó 6000 hombres fuertemente armados que recurrieron a la tortura, el asesinato, la desaparición y las violaciones como método de guerra. Durante todo el Operativo la guerrilla solo pudo oponer a la represión una suerte de escaramuzas defensivas. Tan solo dos combates superaron esta forma de enfrentamiento y se sucedieron en Manchala y San Gabriel.

Acdel Vilas fue el creador de uno de los campos de concentración más siniestros que puso en pie el terrorismo de Estado en Argentina, la llamada escuelita de Famaillá. Por sus mazmorras pasaron cerca de 2.000 secuestrados por las fuerzas de tareas del Operativo, muy pocos fueron sus sobrevivientes. Por iniciativa del cobarde general Luciano Benjamín Menéndez, se realizó un pacto de sangre que consistía en hacer participar de los operativos a todos los que pasaran por él, para comprometerlos en los actos criminales que se cometían. Teniendo en cuenta este antecedente, el actual jefe del Ejército, General Cesár Milani, debería demostrar como fue que él es la excepción que paso con sus manos limpias de sangre por Tucumán en 1976. El caso del conscripto Ledo lo desmiente. En diciembre de 1975, Antonio Domingo Bussi reemplazó a Vilas como jefe del operativo independencia. Como cita un artículo de Marcos Taire, Buzzi le dijo a Vilas “general, usted no me ha dejado nada por hacer”. Cabe recordar que periodistas como Joaquín Morales Solá, que se presentan como defensores de los valores democráticos, hicieron carrera acompañando en silencio y encubriendo el accionar del Ejército genocida en Tucumán.

En febrero de 1975 el Pacto Social que había sido la la llave maestra de la política del peronismo estaba quebrada por la lucha de clases y la crisis económica en curso. El Operativo Independencia habilito a las FF.AA a participar en la represión de la clase obrera, la juventud militante y el pueblo pobre, sumando a las fuerzas duras de la represión estatal a la tarea que llevaban adelante los gangsteres de las Tres A. El objetivo de la guerrilla era una excusa para poner fin a una situación de insurgencia obrera y popular que había trastocado las relaciones de fuerza entre las clases y amenazaba el dominio de la burguesía. Se trataba de aplastar a las organizaciones de lucha y las corrientes políticas que participaban de ellas que habían desarrollado los trabajadores y la juventud a partir del Cordobazo. En marzo de 1975 las FF.AA participaran de la feroz represión de los obreros metalúrgicos de Villa Constitución. En junio y julio de 1975 la clase obrera va a protagonizar una extraordinaria huelga general que va a echar a López Rega y va a quebrar al gobierno de Isabel. La suerte estaba echada. Los radicales con Ricardo Balbín a la cabeza se apresuraron a pedir que además se aplastara a la "guerrilla fabril" y los empresarios se sumaron inmediatamente al frente golpista. Las FF.AA se preparaban para el golpe con el amplio consenso de la burguesía.

Como paradoja queda recordar que el mártir de la burocracia sindical peronista José Ignacio Rucci, solía decir que Perón había regresado a la Argentina para evitar un baño de sangre. Sin embargo, primero él dando vía libre a las Tres A y luego Isabel, incorporando al Ejercito en la represión, abrieron las puertas al partido militar que un año después llevara a cabo un baño de sangre en nombre de la civilización occidental y cristiana.

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