viernes, 20 de febrero de 2015

Pagar una universidad estadounidense, toda una aventura

Roberto F. Campos (PL)

Una indagación británica sobre el precio de los estudios en universidades estadounidenses pone una nota sombría a las reales posibilidades de futuros profesionales que dependen de anchos bolsillos para empezar el camino.

Los datos aportados por diferentes encuestan señalan que algunas universidades privadas de ese país pueden llegar a costar por encima de 50 mil dólares por año, solo en cuanto al precio de la matrícula, sin incluir otros elementos como alojamiento, alimentos o libros.

Un reporte de BBC Mundo apunta a que en ninguna parte del mundo cuesta tanto realizar unos buenos estudios superiores. Y la primera pregunta está enfocada hacia qué se compra con esas matriculas tan altas.

Entre las más caras, identifican a la Universidad de George Washington, en la capital estadounidense. En décadas recientes esos precios de dicha casa de estudios se duplicaron, sobre todo bajo el mandato de Stephen Trachtenberg.

El ex cabeza de familia en esa institución docente invirtió en dormitorios sumamente complicados, costosas instalaciones deportivas y salones de clases con la más alta tecnología, lo que se apoyó en una estrategia de la dirección para atraer a los hijos de familias más adineradas.

Y dicha política al parecer funcionó, pues se elevaron las matríulas y muchos pupilos prefirieron acudir a las aulas de la costosa universidad.

Claro que tales expectativas están más bien encaminadas a tener mejores posibilidades una vez graduados, es decir poseer un puesto de mayor nivel, con sus consiguientes emolumentos, al término de los estudios.

Dicha expectativa, sin embargo, es menor en centros de estudios más modestos y por lo tanto se trata de un sistema de enseñanza que no tiene en cuenta propiamente la capacidad y conocimiento de una persona, sino las prerrogativas familiares y financieras, tal y como lo ven ciertas voces.

Una verdad como un templo

El propio Trachtenberg, quien ya no se desempeña al frente de ese colegio, reconoce que si un estudiante puede encontrar trabajo luego de graduarse, entonces se cumplió uno de los objetivos de la universidad de marras.

Por lo tanto, se trata de dilucidar si realmente es un buen negocio ir a la universidad, y en ese caso a qué universidad propiamente; todo ello antes de la elección de la especialidad, cuando muchos educandos escogen la abogacía por los beneficios que esa profesión propone.

El reporte británico, realizado por sus periodistas in situ, refleja que muchos de los alumnos, por tanto, tienen al menos un empleo a tiempo parcial para poder pagar no solo las matrículas, sino una serie de deudas que adquieren durante los años de estudio, si pueden mantenerse hasta el final.

Algunos ejemplos mencionados, tienen en cuenta préstamos por 10 mil dólares al año, pese a recibir ayuda de los padres, muchos de ellos ubicados fuera de los Estados Unidos.

Incluso el reporte simboliza con un caso en el que el estudiante debe 60 mil dólares en préstamos, y piensa que esa cifra será del doble cuando termine su carrera y se gradúe.

Menciona la BBC a la pupila Silvia Zenteno, que tiene apuros por concluir estudios, pues, pese a una ayuda financiera universitaria, debe trabajar 30 horas a la semana y al concluir estudios sumará una deuda de 40 mil dólares en préstamos.

Y menciona el artículo que los préstamos estudiantiles en los Estados Unidos constituyen una especie de trampa.

Para el director del Centro de Educación y Fuerza Laboral de la Universidad de Georgetown, Anthony Carnevale, la inversión universitaria constituye el pago inicial, en materia de la vocación y la carrera, o cuánto dinero ganarás después.

Por lo tanto, se trata de un negocio al margen de la vocación, las capacidades, los gustos, y las aspiraciones de muchos estadounidenses o extranjeros que llegan a ese país para cursar estudios.

Los estudiantes no cuentan con un programa de protección social como ocurre en países europeos, dicen los comentaristas del tema, y por tanto para Carnevale los títulos de Estados Unidos son más valiosos que los de otros países.

Pero llegar al final significa un gran sacrificio, no solo en materia de estudios, que bien podría pensarse como el centro del asunto.

Se trata para el experto en todo un círculo vicioso, y entonces aparecen algunas ideas para universidades gratis, pero de sobra se conoce que los egresados de allí tendrían desventajas sustanciales con sus colegas de los centros que cobran buenas sumas.

La George Washington acaba de publicar sus costos de matrícula para el próximo año, de 50.367 dólares, con un incremento del 3,4 por ciento desde el año pasado.

Ante tanto problema financiero también se encuentran universidades on line, es decir mediante Internet. Una idea que algunos ven como igualitaria, con cursos virtuales.

Ese tipo de estudio elude algunos entretenimientos propios de la edad universitaria estadounidense como es el caso de modernos campus, contacto con otras personas y profesores, pero podría, quizás -según analistas- significar la manera más expedita para la mayoría a la hora de obtener un título.

Sin embargo, estaría siempre el problema de los empleadores, que fijarían sus miradas en quienes salieran de universidades costosas, por aquello de que provienen de familias capaces de costear tales estudios.

De esa suerte, y pese a las nuevas ideas de formarse mediante Internet o en otros centros, las más importantes universidades estadounidenses continúan incrementando los precios de las matriculas, y los alumnos que quieran llegar lejos, al margen de su inteligencia, deben pagarlos.

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