jueves, 26 de febrero de 2015

Paraguay: Mandadero irrespetuoso

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

El Secretario General de Naciones Unidas, el sudcoreano Ban Ki-moon, llegó este miércoles a Asunción, en una misión que, analizada con los escasos elementos de juicio que permite su cuasi secreta y fugaz visita, alimenta la sana presunción que vino a cumplir tres mandados ordenados por las fuerzas imperiales omnipresentes en la organización que administra: 1) legitimar al Gobierno privatista de Horacio Cartes, 2) contactar con los hombres de los grandes negocios y 3) “solicitar” al gobierno que envíe tropas a la República Centroafricana, en un plan similar al aplicado por la ONU en Haití.

Sigiloso el hombre, se movió exclusivamente en las alturas del poder, ajeno totalmente a la población y a sus intereses más elementales, a las organizaciones campesinas, cada día más reprimidas por las fuerzas conjuntas policía-ejército, y a los movimientos sociales que reclaman simple respeto a los derechos auténticos de la ciudadanía. En privado se ha reunido con parte de la jerarquía estatal y de algunos de los cartel’s del empresariado privada, ente ellos la Confederación Sudamericana de Fútbol, donde se prohibió el ingreso a la prensa.

Ironía, sarcasmo e hipocresía se desprenden de sus discursos, a juzgar por las escuetas reseñas de portavoces oficiales, quienes destacan el asombro y elogios que habría proferido Ki-moon al progreso de Paraguay y a su gran democracia, cuyo régimen político encaja a la perfección en el bando regional alistado a Estados Unidos y su agresividad bélica, que en estos días de nuevo se cierne amenazante para todos nuestros países desde Perú, rubricada por su traidor gobernante Humala, autorizando el desembarco de soldados norteamericanos, que ha comenzado y en septiembre sumarían más de 30 mil. ¿Invasión dijo?. ¿Qué dice el MERCOSUR y la UNASUR?. Medio Oriente no está tan lejos.

No quedan muchas dudas de que el temario que trajo Ki-moon a Paraguay no es el ventilado por la prensa aliada, pues la parte más importante del mismo es ignorada por el pueblo e incluso por las mismas cúpulas partidarias, las cuales fueron olímpicamente ignoradas por el funcionario de la ONU, quien privilegió sus contactos con Cartes, hablando de combatir el narcotráfico y las desigualdades sociales, en medio de narcos denunciados por la prensa y en un país agropecuario sin catastro nacional y con el 85 por ciento de las mejores tierras en manos del 2,5 por ciento de la población.

El secretismo de la visita ha sido tal que, en primer momento, se descartó el mínimo contacto con la prensa, horas después un portavoz de la presidencia paraguaya anunció que estaba prevista una corta ronda, en la que a los periodistas se permitiría apenas tres preguntas, una a “un” canal de televisión, otra a “un” órgano escrito y la tercera a “una” emisora, por supuesto, seleccionadas entre las bocas más lisonjeras del país. Rato después, se modificó tan generosa autorización y el roce del aristocrático funcionario se limitaría a responder una sola pregunta, en una decisión de censura imperdonable imitada por el mandatario anfitrión, Horacio Cartes.

¿Qué hablaron ambos?. Tanto mutismo alimenta suspicacias, máxime en una región azotada en el último lustro por una feroz ofensiva desestabilizadora de la sociedad, a partir de los sabotajes que sufren los gobiernos progresistas y desobedientes de los dictados de Washington, en forma muy particular contra Argentina, cuyo gobierno en los dos últimos años ha logrado desbaratar tres intentos de destitución de la Presidenta Cristina Fernández y contra Venezuela, amenazada en estas horas por una invasión militar diseñada por el Pentágono, usando al territorio colombiano de playa de lanzamiento.

Paraguay, después de Honduras, con tres años apenas de diferencia, ha servido para montar las escenas del segundo teatro que ha inaugurado en el subcontinente la estrategia de golpes de estado camuflados de legalidad, operados con el Poder Judicial convertido, junto con los más influyentes medios de prensa, en las dos herramientas nuevas de la política formal, resultado del deterioro de esas instituciones, degeneradas en este y otros países en tiranías alienadas en los privilegios materiales que permite la corrupción, sepulturera de la ética, matriz histórica de la justicia.

Antes de hablar de la República Centroafricana, hay que tener presente la vergüenza universal que representa la situación del invadido, aunque nunca sometido pueblo haitiano, bajo el dominio neocolonial de Estados Unidos, escudado en la actual gerencia de la ONU, cuya decadencia la semeja más a un simple ministerio colonizado.

A Bangui, el plan es llevar a la MINUSTAH, esa fuerza militar internacional que en el 2003 llegó a Haití para resolver problemas urgentes, pero que en más de una década se han agravado por los abusos de los Cascos Azules, autores de toda clase de tropelías contra la gente humilde e impidiendo la llegada de brigadas internacionalistas de personal sanitario, de ayuda alimenticia, y de profesionales decentes solidarios con ese sufrido pueblo, que continúa pagando su osadía de haberse declarado la primera República Independiente de la dominación colonial en América, en 1808.

Difícil hubiera sido para Ki-moon elogiar en público al gobierno paraguayo con su cansino discurso a favor de la paz, al tiempo de buscar soldados para fortalecer las fuerzas de ocupación de países ricos en recursos naturales y rebeldías populares, o de los éxitos de la ONU en el combate del hambre, cuando cada día hay más seres humanos excluidos de la alimentación básica, que en este país suman el cuarto de los siete millones de habitantes.

Imposible reunirse con las organizaciones de trabajadores, con un 83 por ciento de gente malviviendo en la informalidad, con 600 mil alumnos sin aulas, número que sería mayor sin las escuelas argentinas que acogen miles, al igual que sus hospitales, en los que deambulan cientos de paraguayos, mayoría niños campesinos víctimas de los agrotóxicos, expulsados de su país por la impotencia médica y el vaciamiento de los nosocomios.

Imposible para Ki-moon pararse ante la juventud paraguaya, mayoría sin empleo y excluida de los estudios superiores, con apenas 150 ingresados entre mil aspirantes a entrar en la Facultad de Medicina, miles presas de universidades que venden diplomas, donde por unos pocos dólares se compran las pruebas de los exámenes antes de rendir, como ha ocurrido en la muy honorable y privada Universidad Católica de Asunción o estos días con el fraude que se intentó cometer entre mil 200 postulantes a Jueces, tras adquirir los test y las respuestas de los exámenes de calificación para comenzar de inmediato a impartir justicia entre los mortales. Invirtiendo dos mil dólares puedes titularte de enfermero y con 10 mil de médico, sin necesidad de estudiar, sino copiando y pegando.

El elogio de Ki-moon al milagro del despegue paraguayo podría explicarse por lo que vio en sus paseos seleccionados de moderna suntuosidad edilicia, y en los lujosos shopping y supermercados desbordados de mercaderías de contrabando, de gasolineras cada 500 metros, y de las ofertas de vehículos de alta gama, algunos robados en Europa, y en sus roces con parlamentarios, Intendentes, altos jerarcas del Estado y otros que forman parte del mundo delincuencial y confeso de este país, donde la descomposición moral ha penetrado a toda la sociedad.

Debió, si la honestidad lo acompañara, visitar al Instituto de Previsión Social, que se cae a pedazos, sin insumos ni personal suficiente, mientras su director contrata decenas de consejeros y asistentes con salarios mensuales de 15 mil dólares, en un secuestro de votos para las municipales de noviembre, pero cuya campaña ya está lanzada, contagiando incluso hasta a los emblemas progresistas.

Apenas el 25 por ciento de todo el empresariado paraguayo tiene inscriptos a sus empleados en la previsional y buena parte de ellos se apropian de la cuota que le descuentan de su sueldo a los operarios, quienes se enteran de la estafa recién cuando van a buscar atención por algún problema de salud y se encuentran que no figuran en el listado de los usuarios de la institución.

Este país que visitó Ban Ki-moon, pero que no vio, tiene una red bancaria extranjera que cobra tasas del 60 por ciento de interés y en el que altos jerarcas administrativos se auto adjudican licitaciones en las multimillonarias obras del Estado, corrupción que fácilmente constatará en Chile, su próxima escala.

Sin la menor intención de defender a la persona, lo que más nos debería importar en este emocionante y peligroso juego de las relaciones internacionales y del papel de su principal institución, es estudiar a fondo la función de su Secretario General, con mayor razón cuando el actual ya la está terminando con un nuevo fracaso administrativo a causa del reiterado sometimiento a su principal financista y especulador, que es Estados Unidos. No sólo debe importarnos el hombre, sino el sistema mismo y su imparable prostitución.

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