lunes, 2 de febrero de 2015

Perú: Una experiencia de lucha

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

La derogatoria de la ley 30288 -la “ley pulpín”- trae diversas lecciones que deben quedar como experiencias para este gobierno y para los que, en el futuro proclamen la voluntad de encarar los problemas del país desde una óptica positiva o progresista.

En ese marco, resulta importante subrayar cuatro de ellas:

1.- Siempre hay que confiar en los jóvenes

Incluso en sociedades como la nuestra, envilecida por la sistemática práctica mafiosa de cúpulas corruptas, y despolitizada al máximo por una clase dominante ensoberbecida y egoísta; los jóvenes expresan una voluntad de renovación y cambio que siempre hay que mirar con esperanza.

Ellos pueden ser -y parecen estar destinados a ello- la “generación del bicentenario”. Y comprometer su porvenir con la lucha emancipadora que toma fuerza en nuestro continente, pero que aún tiene tareas pendientes.

No se trata de idealizar a la juventud. Mucho menos, de rendirle pleitesía o adularla, como suelen hacerlo los politiqueros de oficio que estuvieron antes en el Poder y denigraron a los jóvenes, con ensañamiento y crueldad. Se trata, sólo de mirar con simpatía las banderas que levantan los jóvenes porque ellas responden a una vocación limpia, exenta de egoísmo y ambiciones.

Los jóvenes, como otros segmentos de la sociedad, también pueden equivocarse, y ser ganados por una prédica errónea: pero aún en esos casos, no están guiados por los mismos propósitos de quienes hacen de la demagogia y el engaño, una bandera a su servicio.

Por eso, deben ser tratados incluso con mayor respeto que el que en una democracia, se brinda a todos los ciudadanos. El uso de fuerza policial contra ellos, debe estar proscrito de la vida nacional.

Otros gobiernos, los del pasado, usaron los sables para atacar a los jóvenes, o lanzaron a tropel los caballos por las grandes avenidas, o anegaron las calles con agua de color para castigar, y además, identificar a quienes asumían la protesta. Todo eso, lo vivimos en carne propia. Hoy el “rochabas” y las tanquetas policiales deben ser legadas al Museo de las viejas sociedades, incapaces de entender la vida. .

El manejo de mecanismos de terror destinados a intimidar, o el uso de balas contra manifestaciones juveniles; es propio de gobiernos surgidos a espalda de la voluntad ciudadana, y encargados de proteger los intereses del capital.

En el pasado gobiernos reaccionarios como Fujimori, García o incluso Alejandro Toledo -y su ministro del interior Fernando Rospigliosi- se valieron de estos procedimientos bárbaros para imponer a sangre y fuego, una voluntad que nada tenía en común con los intereses nacionales. El país, lo sabe.

Con los jóvenes, la política debe ser diálogo, intercambio de opiniones, consultas, tolerancia y comprensión. Pedagogía, para decirlo en las palabras del Amauta

La renuncia, por parte de un gobierno decente, al uso de armas contra los muchachos que simbolizan ideales, iniciativas novedosas, propuestas creadoras; constituye una expresión de esperanza. Para eso se requiere una política de Gobierno Interior que se convierta en norma de Estado, y que vaya más allá de las autoridades de turno.

2.- No hay que imponer modelos por encargo.

Esta “Ley Pulpín”, no responde -no respondió nunca- al interés, ni a la voluntad nacional.

Fue percibida desde un inicio como parte del “modelo” neo liberal impuesto al Perú por los organismos financieros internacionales, y que fuera aplicado dócilmente por los gobiernos sirvientes en las últimas décadas.

Por eso no se originó en la sociedad civil. Ni siquiera en los sectores particularmente interesados en la legislación laboral, como podría ser el Ministerio del Trabajo, o la Comisión Parlamentaria encargada del tema. Tuvo como cuna, la sede de CONFIEP; y como incubadora, el despacho del MEF.

En otros países se han intentado disposiciones similares. En Francia, los jóvenes derrotaron en las calles una iniciativa de este tipo orientada precisamente a alentar “el empleo juvenil” - sin derechos- como fuente de “experiencia laboral”.

En España, la movilización de los jóvenes no resultó suficiente. Y una ley muy parecida a esta -bautizada como la de los “mileuristas”- se impuso a rajatabla. .

La disposición partía de la idea de pagar alrededor de mil euros a cada trabajador joven para que “se incorporara a la producción”, sin derecho alguno. Los “beneficiarios” de esa ley no tuvieron -ni tienen- Seguridad Social, ni Cesantía, ni Gratificaciones, ni compensaciones. Ni siquiera -claro- derecho a la organización sindical. Para ellos, simplemente, está vetada.

En los hechos esa “modalidad” se impuso en el Perú con la complicidad desvergonzada de gobiernos que hoy se rasgan las vestiduras adulando servilmente a los jóvenes. Las cajeras –y los chicos de servicio- en Ripley, Vea, Saga, Tottus, Metro, Wong y muchísimas otras empresas, no tienen derecho a nada. Apenas a un exiguo salario. ¿Quién los ampara? ¿Quién lucha por ellos?

3.- No hay que creer en los Partidos y fuerzas de la clase dominante.

El cogollo alanista del Apra, el Fujimorismo en pleno, el PPC, Pedro Pablo Kuczynski y otras expresiones de la clase dominante: dieron, desde un inicio, su respaldo entusiasta a la 30288. Incluso la pusieron como ejemplo de disposiciones laborales “compatibles con el modelo económico imperante”, y que ellos habían alimentado.

Cambiaron de bando cuando vieron que los vientos soplaban en dirección contraria, cuando percibieron que estaban alentando una causa impopular. Y que ello podría traerles catastróficas consecuencias en el plano electoral.

Fueron esos intereses, los que los hicieron variar. Y eso ocurrió también con otros “líderes”, que se sumaron oportunistamente a las acciones buscando réditos del mismo orden. Hoy se sabe que prometieron adhesiones que nunca cumplieron, y buscaron un protagonismo que no les correspondía.

Confiar en esas fuerzas, es peligroso. Hay que apoyarse en quienes lucharon siempre porque no tienen, ni tuvieron nunca, compromiso alguno con la clase dominante.

Como dice la colombiana Nydia Tobón, los personajes sin pasado y sin presente, sólo pueden aspirar a un futuro tan precario e inconsistente, como su pasado y su presente.

4.- Hay que afirmar la unidad, la organización y la conciencia política.

Como en todas las batallas en las que se despliega la fuerza del pueblo, en ésta la victoria debe ser atribuida a la unidad que mostraron los colectivos juveniles, que dieron la cara de modo consecuente. Ellos supieron distanciarse tanto de los politiqueros de oficio como de los núcleos violentistas y provocadores que buscaron ensangrentar la lucha.

Ese espíritu unitario los llevó a aspirar a una organización, legítima garantía de victoria y a mirar el escenario a partir de una óptica política, ajena al veletismo y al oportunismo.

La experiencia acumulada en esta lucha, les será por cierto muy valiosa para las batallas que se avecinan. Les ayudará a convertirse en la fuerza adulta y creadora, de la que nos hablara el Amauta.

Les permitirá, por lo pronto, confiar en sus propias fuerzas, y no prestarse al juego interesado de nadie.

Pero les enseñará, también, a diferenciar los campos y distinguir, aislar y derrotar al enemigo principal de nuestro pueblo.

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