miércoles, 11 de febrero de 2015

Renovación de la oposición paraguaya

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Una marcha a pie de miles de campesinos, que culminó este martes en Asunción frente al Palacio Legislativo, tras recorrer durante una semana tres grandes departamentos, está instalando una nueva metodología política en el país, que renueva y fortalece todo el abanico opositor, en un hecho que, por su contacto y debate directo con el pueblo, importa quizás más que la natural y justificada condena al gobierno de Horacio Cartes.

La caminata, de cientos de kilómetros, bajo calores de 34 a 40 grados, fue organizada por el Partido Pyahura, brazo político de la Confederación Nacional Campesina (FNC), a los diez meses y medio de protagonizar una memorable Huelga General unitaria, cuya prolongación exitosa se debilitó por la actitud conciliadora de la mayoría de las centrales sindicales, cuyos dirigentes aceptaron, sin condición alguna y en forma inconsulta con las demás fuerzas, sentarse a negociar al día siguiente con el Gobierno, el que había acusado inmediato recibo, preocupado por la dimensión de esa manifestación popular, la más importante en los primeros siete meses de la política privatista y represiva de Cartes.

Esa decisión causó una fuerte decepción entre los sectores que estaban más decididos a elaborar una plataforma común para combatir la política del Partido Colorado y su aliado el Partido Liberal y, cuando se aproxima el primer año de esa fecha, ninguna información ha trascendido aún en el seno del pueblo sobre esas conversaciones, lo cual autoriza a más de un militante a calificar de traición ese apresuramiento de los dirigentes sindicales.

Estos últimos habrían acordado esta semana convocar una asamblea el 26 de marzo para debatir la problemática nacional, “porque todo sigue igual, nada ha cambiado y si el gobierno no rectifica su conducta, se podría llamar a otra huelga general en agosto o septiembre”, dicen ufanos algunos anquilosados dirigentes de la ciudad, entre los cuales hay diversos que soportan fuertes descalificaciones y acusaciones de corrupción, los mismos que se sumaron oportunistamente en los últimos tramos de esta nueva marcha campesina.

Admirable ha sido, para cualquier observador, la disciplina y entereza moral que ha caracterizado esta larga caminata en sandalias, convencidos de que “Paraguay se pone de pie por una Patria Nueva”.

Han bajado cientos de kilómetros en dos columnas desde el norte y el este del país, los departamentos de mayor narcotráfico y represión de los luchadores sociales. Esta vez, y sin duda como señal de que los tiempos están soplando a favor de la justicia social, las conductoras han sido mujeres dirigentes, apoyadas en la firme decisión que se constata en cada conversación con cualquiera de los labriegos que han llegado a la capital del país, mayoría con los pies destrozados, llenos de ampollas.

Sin dudas que con esta marcha, la FNC y su Partido Pyahura, han dado un salto de calidad en la lucha del pueblo paraguayo más consciente de sus derechos y, probablemente, se han posesionado como la expresión más coherente, consecuente y combativa entre todos los miembros de las familias que bregan por construir un país con justicia y equidad social.

En año de elecciones municipales, un juego politiquero con todas las cartas marcadas por el omnipresente Partido Colorado, en el que, de nuevo, el grueso de los partidos, partiditos, movimientos y organizaciones de diferentes conformaciones y opciones de la oposición a Cartes, participan sin el menor rubor, desmemoriados, olvidando todas las trampas que registra la historia electoral de este país, en el que los muertos votan, y hay profesionales en el alquiler de células de identidad por un par de horas a personas que ven en ese acto la ocasión de comer mejor ese día, o la transferencia inconsulta de electores al padrón electoral, en beneficio de los candidatos colorados.

El Pyahura, según su Secretario General Eladio Flecha, no desdeña esa cita electoral, pero está lejos de considerarla como un factor determinante para cambiar la compleja coyuntura de la política nacional y, a diferencia de la mayoría de los emblemas, prioriza continuar “acumulando fuerza popular organizada contra la privatización y construyendo el Congreso Democrático del Pueblo, al calor de las luchas”.

Otra particularidad relevante de esta fuerza campesina es que, caminando despacio y con relativa humildad, en medio de una cultura partidaria autoritaria y soberbia, en el último año ha ganado un espacio determinante en el mapa político nacional, superando un ostracismo en la lucha ideológica, al menos para quienes analizamos desde afuera, permitiendo que la FNC se identificara como otra expresión más interesada únicamente en las reivindicaciones de los intereses sectoriales, es decir precio, mercado y transporte de la producción de sus afiliados.

La prolongación en un partido político, que según su dirigencia se preocupa por la formación de cuadros dirigentes “en el propio terreno laboral y práctica política, con total independencia teórica y hondo sentido de la soberanía popular”, podría convertirse en un factor muy positivo en el necesario remezón que necesita todo el deshilachado abanico democrático y progresista en Paraguay, incapaz hasta ahora de unificarse en torno a las mejores propuestas, y construir una conducción de pueblo capaz de llevar a la práctica el reclamo de cambios de la mayoría de la población, sumándose a la corriente liberadora que gana terreno en Latinoamérica y el Caribe, sepultando centenas de sometimiento.

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