lunes, 2 de febrero de 2015

¡Se venden periódicos!

Carlos Miguélez Monroy (CCS)

Hace unos días, varios de los periódicos de papel más importantes de España abrían con la misma portada: “Generación encontrada”, una publicidad de un banco que dice ofrecer 5.000 becas para jóvenes.

No tardó en llegar el tsunami de críticas en los medios digitales que sobreviven por sus suscriptores y por las redes sociales. Se preguntaban qué credibilidad merece un medio financiado por grandes bancos a la hora de cubrir información, por ejemplo, sobre Syriza y las recientes elecciones en Grecia. Los bancos forman parte del sistema económico que provocó la crisis mundial desde 2008.

Cuesta creer que un medio que ha recibido millones de euros para publicidad en su portada vaya a tener una línea editorial crítica con un sistema que busca perpetuarse a toda costa. Incluso si eso implica mentir a la hora de escribir sobre uno de los líderes de un partido político, como parece que hizo el diario El País. La Universidad de Puebla, en México, desmintió las informaciones contra Juan Carlos Monedero, del partido Podemos, y quedó al descubierto la falta de rigor del “periódico global en español”. Pareciera que éste y otros medios se han dejado presionar de alguna manera por líneas editoriales que presenten a ciertas opciones políticas como “el demonio comunista”.

También se comprende la unanimidad en los grandes medios a la hora de presentar como héroes nacionales sin sombras a figuras como Emilio Botín o Isidoro Álvarez, de El Corte Inglés, cuando murieron hace unos meses. Algunos periódicos dedicaron más de diez páginas de testimonios y artículos que llegaban a provocar sonrojo y vergüenza ajena. Llegaron a decir del banquero que era un “hombre de Estado”, además de “patriota”, como si el patriotismo constituyera una virtud ética.

Para la campaña de publicidad que secuestró las portadas de los principales medios de papel, el Banco Santander creo una página web con un video que recogía testimonios de jóvenes “con ganas de comerse el mundo”. Los periódicos que “se dejaron” han despedido a miles de profesionales en estos años, muchos de ellos jóvenes. El diario El País se deshizo de centenares de profesionales para hacer frente a las deudas contraídas por “inversiones” en bolsa y por un proyecto de expansión “global”. Pasó de ser “el diario independiente de la mañana” a “el periódico global en español”. Su expansión no se dirige sólo a los países de lengua española en toda América, sino también a Brasil, pues ha creado una versión en portugués. Prescindieron del director anterior y trajeron desde Washington a un corresponsal conocido por su línea conservadora. En pocos meses, este emblemático periódico, antes considerado “progresista” y hasta de izquierda, se había alineado con la monarquía y la Casa Real.

Casi todos los medios que han vendido su portada han recortado su plantilla. Llama especial atención el recorte en corresponsales y enviados especiales para cubrir noticias internacionales. Sin esos profesionales aumenta la dependencia en noticias de agencia. Esto explica que cada vez cuenten más las mismas cosas los distintos periódicos. Esto influye en cómo se configura la comprensión de lo que ocurre en el mundo.

La anécdota de las portadas apunta a un fenómeno que empieza a cristalizarse: el auténtico periodismo se sale cada vez más de los medios tradicionales. No sólo porque los periódicos tradicionales pierden lectores a pasos agigantados o porque los grandes profesionales, al menos en España, se mudan a nuevos proyectos, muchos de ellos digitales. Muestran distintos puntos de vista, investigan. Sobre todo no se cansan de preguntar.

Muchas personas han caído en la cuenta de que una información veraz cuesta, y que vale la pena el esfuerzo contribuir al mantenimiento de proyectos serios y lo más independientes que se pueda del gran capital, sobre todo de bancos y de multinacionales. Claro que no puede existir existe la objetividad y la equidistancia, pero sí la honestidad y la profesionalidad de los periodistas a la hora de contrastar informaciones que son fundamentales en cualquier sistema democrático con ciudadanos críticos y participativos.

Carlos Miguélez Monroy es periodista y editor en el Centro de Colaboraciones Solidarias.

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