miércoles, 4 de febrero de 2015

Todos somos Ismael: Vencer la fatiga y el aburrimiento frente a la injusticia

Marcos Oviedo (PRENSA RED)

Cuando vi el evento en Facebook mi primera reacción fue de aburrimiento: otra vez lo mismo.

En los últimos tres meses ya fui a tres eventos similares: la Gorra, la proyección del documental Nunca Digas Nunca, y después de un receso en enero (con alguna que otra detención arbitraria en Cuesta Blanca y Córdoba) arrancamos febrero con esto.

Otra vez sopa. Otra vez la sociedad civil reclamando el abuso y represión policial. ¡Qué fatiga!

Entonces, frente a la pantalla de la computadora, hice algo que parecido a un acto de rebeldía contra el aburrimiento: no confirmé asistencia y seguí `scrolleando`.

¡En tu cara aburrimiento, mirá como te esquivo! Desde ahí, una crecida de trivialidades comenzó a llevarse lejos el evento de Ismael, hasta que sentí algo filtrarse en mi cuerpo: algo parecido a la culpa, a la resignación, a una pasión triste, un deseo insatisfecho.

¡Qué boludo! Casi caigo. Rápidamente volví la barra de desplazamiento hacia arriba, entré al evento y tomé nota de la fecha y lugar de encuentro. Voy a ir. Tengo que ir. La fatiga y el aburrimiento frente a la injusticia no puede hacerse hábito. Esto es como salir a correr, no hay que perder el estado físico, se necesita ser constante. Sí.

Antes de salir a correr uno piensa:

- Bueno, salgo mañana, ahora tengo cosas importantes que hacer: ir a la verdulería, lavar los platos, avanzar con la edición de tal cosa. Total si no salgo hoy no cambia nada.

- No. Mal. Caca. Mentira. Sí cambia, cambia nuestra disciplina, cambian nuestros hábitos y con ellos nuestra capacidad de estar sanos.

Hay que salir a correr siempre que se pueda. Puede ser que una corrida no nos haga atletas, ni nos dé significativamente mucho más aire para jugar al fútbol, pero definitivamente se avanza hacia eso.

Hay que domar el hábito y así la cosa se hace cada vez más placentera: se recupera el aire, se está en contacto con gente y organizaciones, el cuerpo se pone en forma y se acostumbra a apropiarse del espacio público.

Frente al miedo y al atropello de la autoridad, frente a la abulia y el aburrimiento, hay que salir a correr y a reclamar. A la vuelta, cuando volvés a casa, hay una sensación en el cuerpo.

El que sale a correr la conoce. Definitivamente algo cambia.

*) Medionegro audiovisuales - https://www.facebook.com/medionegro?fref=ts

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