lunes, 9 de febrero de 2015

Una crónica del delito económico

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

¿Por qué se condena en los países del socialismo real a penas horribles de muerte a quienes han cometido delitos económicos, de dinero público? Porque en la ética socialista la sociedad prevalece sobre el individuo; la colmena sobre la obrera, el zángano y por supuesto la reina; porque a diferencia del daño causado a una persona por otra, el llamado delito económico quebranta a toda la sociedad.

En el sistema capitalista de todas sus variantes, el individuo ha de pertenecer a una corporación, a un partido político, a una secta, a un sindicato, a un club o a una banda organizada para protegerse de la depredación y de la propia sociedad. El que no está integrado en ninguno de dichos colectivos está perdido. Pero también el individuo se puede servir, y de hecho se sirve, de ellos para mejor delinquir y a menudo impunemente. Impunemente, porque el delito económico en la práctica acaba siendo un delito de bagatela. Ni siquiera paga el delincuente con la confiscación de su fortuna en la mayoría de los casos amasada gracias a él. Y, lo que lo hace más odioso: la represión policial y la represión penal, directa o indirectamente aplicadas a quienes protestan ruidosamente por ese gravísimo motivo, permiten muchas veces a los infractores vivir indefinidamente en libertad.

Vista desde fuera o desde dentro, España está sufriendo un régimen que de democracia apenas sólo tiene el nombre que se comporta con tintes totalitarios por más que blasone de libertad. Y entre tanto, el delincuente económico se frota las manos pensando que, en el peor de los casos, bien le valdrá la pena el tiempo que pueda pasar en prisión, si al salir de la cárcel pude disponer del fruto de su botín...

Jaime Richart es antropólogo y jurista.

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