lunes, 2 de febrero de 2015

Ventajas y desventajas de la lucha armada

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

Nadie duda de las ventajas comparativas que asisten a los revolucionarios que son capaces de hacer avanzar nobles objetivos de progreso para sus pueblos por una vía que excluya las calamidades de la guerra en términos de muertes, discapacitados y sufrimientos de todo tipo.

Pero los revolucionarios lo son precisamente porque no esperan con los brazos cruzados la evolución espontanea de los acontecimientos sino que los enfrentan desatando los nudos que impiden a los pueblos avanzar hacia una situación mejor.

Puede afirmarse que los pueblos de América Latina han comenzado a andar hacia su independencia por democráticos caminos electorales gracias a que hubo una revolución armada que triunfó en Cuba y ha sido capaz de demostrar la factibilidad de resistir y sostener su independencia a base de la unidad nacional patriótica y la solidaridad internacionalista con otros pueblos del continente y del mundo.

La nueva realidad en América Latina y el Caribe, caracterizada por la llegada al poder de gobernantes populares que no son impuestos, ni apoyados, ni necesitados del visto bueno del gobierno de Estados Unidos, carece de antecedentes en la región. Tantos líderes progresistas que proclaman la autodeterminación de sus países y la unidad de la región han estimulado las posibilidades de éxito en otras naciones de candidatos a cargos políticos electivos, incluso presidenciales, con similares ideales libertarios y avanzados proyectos de gobierno.

Los cubanos sufrían violencia extrema por parte de la dictadura de Fulgencio Batista, que había echado por la borda el semicolonial orden “democrático representativo” consentido a los cubanos en virtud de su incontrolable rebeldía, como alternativa a la ocupación militar impuesta por los interventores imperialistas.

Impedidos de denunciar y combatir a los golpistas, muchos revolucionarios asumieron la lucha armada como método principal de lucha y el joven abogado Fidel Castro se convirtió en el líder de una contienda que se probó en el asalto al cuartel Moncada y siguió hasta la victoria en las acciones del Ejército Rebelde y las organizaciones clandestinas en todo el país.

El Movimiento 26 de Julio encabezado por Fidel Castro y el Directorio Revolucionario dirigido por el líder estudiantil de la Universidad de La Habana, José Antonio Echevarría, consideraban la lucha armada inevitable y principal. El Partido Socialista Popular y su Juventud Socialista priorizaban inicialmente la lucha de masas y otras vías incruentas, pero le dieron todo su apoyo a la lucha armada a medida que la confrontación se hizo más violenta e inevitable.

Todas estas organizaciones revolucionarias coincidían en los demás aspectos fundamentales del enfrentamiento revolucionario con la tiranía y reconocieron el liderazgo principal de Fidel Castro.

Cuando la revolución triunfó, fue capaz de enfrentar y derrotar todos los atentados contra su unidad gracias al enorme respaldo popular y el formidable prestigio de Fidel Castro, su líder máximo.

Tras la victoria, objetivos revolucionarios de gran envergadura como la aplicación de justicia a los asesinos y torturadores de la tiranía; la reforma agraria que convirtió en propietarios de la tierra a quienes la trabajaban; la reforma urbana, que hizo dueños de sus viviendas a sus moradores; la alfabetización total del país; la expropiación de los malversadores, la nacionalización de consorcios extranjeros y la consolidación expedita de unas fuerzas armadas populares, se hicieron realidades gracias a la unidad de los revolucionarios forjada en la lucha y el reconocimiento universal de que la revolución es fuente de derecho.

No obstante, los cubanos no han podido ver coronadas sus ansias de verdadera independencia y han necesitado resistir otro largo período de bloqueo político, económico y financiero que solo ahora, medio siglo más tarde, pudiera estar llamado a cesar como premio a su resistencia heroica, sin precedentes en la historia universal.

La voluntad política de sus dirigentes y un impresionante respaldado popular, hicieron posibles los grandes avances sociales y políticos de Cuba que aún hoy no están al alcance de aquellos países donde líderes progresistas han llegado al poder político sin lucha armada pero coexistiendo con grupos oligárquicos en un escenario fatalmente dominado por el poderoso vecino del Norte, el mercado y los mecanismos electorales inherentes al capitalismo.

De tal manera, aún hoy es difícil comparar los resultados para sus pueblos de las revoluciones que tuvieron que acudir a la lucha armada para imponer sus derechos a la independencia y la libertad, y se convirtieron en banderas, con los de revoluciones llegadas al poder sin grandes derramamientos de sangre.

Unos y otros han tenido que enfrentar, en momentos distintos de sus procesos, graves peligros y han tenido que hacer grandes sacrificios que sin dudas han valido la pena en virtud de la felicidad que aportan a las mayorías.

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